La primera batalla ganada fue a la viruela en 1980. La poliomielitis, la difteria y el sarampión son otras patologías casi olvidadas. Especialistas remarcan “control, éxito y erradicación” como las fases-objetivo de la vacunación
Control, éxito y erradicación. Ese tridente es la esencia de una vacuna, más bien sus fases-objetivo. Lejos de representar una solución mágica e inmediata, el impacto de la fórmula en la población supone un tiempo. La viruela, por ejemplo, tuvo su vacuna en 1796, creada por el médico, Edward Jenner, y recién en 1980 la enfermedad fue erradicada.
Palabras como vacuna o inmunización ocupan actualmente el centro de la escena. A casi un año de la pandemia por el nuevo coronavirus, Sars-Cov-2, las miradas de los gobiernos, las sociedades científicas y la comunidad están dirigidas a la vacuna.
Si bien Argentina fue el primer país en Sudamérica en comenzar a vacunar, es poca la población que fue inmunizada y el retraso en la producción de dosis deviene en la lentitud del plan estratégico de vacunación contra el Covid-19.
A la par de los avances científicos para obtener respuestas que permitan bajar la mortalidad y así restaurar -al menos un poco- aquella normalidad previa al 11 de marzo de 2020, crecen las dudas y toman fuerza los movimientos anti-vacunas. Sin embargo, el archivo y la memoria deben presentar batalla: las vacunas salvaron en incontables ocasiones a la humanidad.
Difteria, fiebre tifoidea, cólera, peste, poliomielitis y otras enfermedades infecciosas son algunas de las conquistas. La primera lucha ganada fue la viruela, un par de décadas atrás.
La vacuna y el agua potable representan, en definitiva, las armas de la salud pública para convertir a las infecciones en espectros. Espectros del pasado.
Gustavo Costilla Campero, vicepresidente de la Sociedad Argentina de Infectología (Sadi), explica cómo funcionan las fases de una vacuna: control, éxito y erradicación. Y, justamente, insiste en la necesidad de continuar vacunando para evitar la reaparición de brotes.
“Hay un concepto epidemiológico muy importante que se desprende de ¿cuál es el objetivo de una inmunización? Hay una primera fase que es de control, el control de las enfermedades es lograr la disminución del número de casos con el correr del tiempo, que se mide a través de la vigilancia epidemiológica. La gripe, por ejemplo, tiene un objetivo de control, que todos los años tengamos menos casos. Si logramos el control de casos esperados y vemos que cada vez se disminuye más, de determinada enfermedad, llega el momento en que pasamos a tener muy pocos contagios como sucedió con el sarampión. En el sarampión se logró la no existencia de casos en una población por cierto tiempo o intervalos más amplios entre brotes o epidemias locales. Esa fase es de éxito y decimos que una enfermedad está eliminada”, argumenta.
“Se ha logrado con el tema del sarampión en muchos países, también se logró con la polio y con la difteria. Pero la pregunta que surge es ¿por qué seguimos vacunando? Seguimos vacunando porque no pasamos a la tercera fase que es la erradicación. La erradicación es no tener más casos sino la desaparición de las causas de la enfermedad como es el agente biológico. Mientras tengamos el agente biológico, puede generar un brote o una epidemia”, asevera el infectólogo desde su lugar de trabajo, en la provincia de Tucumán.
Hay patologías que se controlaron e incluso eliminaron gracias al uso de vacunas.
Es el caso del sarampión o la varicela las cuales, a pesar de seguir afectando a la población (sobre todo infantil), están totalmente controladas. Sin embargo, otras están muy extendidas, son mortales y no tienen una vacuna desarrollada. Algunas investigaciones aún siguen sin resultados, el ébola y el VIH llevan quince años de estudio.
Otra conquista que se circunscribe sobre todo para las zonas de frontera es la vacuna contra fiebre amarilla, transmitida por el mosquito Aedes aegypti. Esa peste llegó a Buenos Aires en enero de 1871 y generó un brote que dejó cientos de muertes, recuerdos que aún persisten en los manuales de historia.
Más cerca en el tiempo, hubo brotes en la tierra colorada.
“A partir del 2001 se comenzó, pero en 2011 empezaron las inmunizaciones masivas en Misiones contra la fiebre amarilla. Para nosotros, junto con Chaco, Formosa y Corrientes, es obligatorio, pero en otras provincias es optativo”, señala Jorge Gutiérrez, director de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública de la provincia.
Y agrega: “En el período 2008-2009 tuvimos la peor epidemia que se acercó hasta la zona de La Eugenia, en Garupá, donde se encontraron monos muertos”.
Por el límite con Brasil, donde la fiebre amarilla es endémica, Misiones tiene alto riesgo de contraer la enfermedad.
Disminuir la cantidad de casos y reducir las tasas de mortalidad y morbilidad es la meta y las vacunas siguen siendo el principal escudo ante la emergencia sanitaria.
Por Griselda Acuña- El Territorio

