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El avance final de Karina Milei sobre Santiago Caputo

La hermana del Presidente, empoderada, va en busca de las cajas del asesor estrella. El Gabinete y el Congreso, bajo su control.

Algo que siempre detestaron los dos hermanos Milei fue ser subestimados. Es una sensación que conocieron casi toda su vida, prácticamente hasta que el mayor se convirtió en Presidente, por eso los afecta tanto. Hasta se podría decir que la necesidad de confirmarle al mundo entero que no son, para nada, un “fenómeno barrial” es el motor principal que los mueve y los levanta cada día. En estos casi dos años, Karina Milei padeció bastante ese trago amargo, y no sólo de opositores o de supuestos aliados como Mauricio Macri, sino, en especial, desde su propia tropa.

Por eso es que para la secretaria general el triunfo en las elecciones legislativas significó muchas cosas, pero sobre todo una: era el momento que había estado esperando hace mucho tiempo para dar el salto que le faltaba hacia el control total del Gobierno. Y para demostrarles a todos aquellos oficialistas que le bajaban el precio, una lista en la que Santiago Caputo tiene un lugar predilecto, que les había llegado la hora de la verdad. Karina Milei avanzó sobre tres ministerios, sobre los bloques libertarios en el Congreso nacional y en la Legislatura de Buenos Aires, y ahora va por lo que le falta. O, mejor dicho, va por todo.

Laberinto. El mantra del caputismo, desde que las tensiones con la hermanísima y los suyos escalaron antes del cierre de listas en el arranque del año, era uno: “Karina puede ser quien defina todas las candidaturas, pero Santiago tiene el control de las cajas”. Esa escudería estaba integrada por los lugares donde más poder y dinero se maneja en un Estado: ARCA (la ex AFIP), la SIDE, YPF (la única canilla de pauta publicitaria oficial), y Aerolíneas Argentinas, entre otros.
Sin embargo, esa barrera infranqueable se acaba de romper. Pedro Lacour y Alejandro Rebossio revelaron en Diarioar una novedad que, sino fuera trágica al involucrar a uno de los organismos más sensibles de la administración, sería graciosa: una pelea furiosa en la casa de Sergio Neifert, jefe de la SIDE que en el momento de la discusión estaba en paños menores, y su virtual número 2, José Francisco Rodríguez. Este aún sigue respondiendo a Caputo, a diferencia de quien en los papeles es su jefe. Neifert venía juntando broncas con el asesor estrella y luego del cambio de poder interno post elecciones empezó a buscar cobijo en el ala karinista, lo que despertó el enojo del “Mago del Kremlin”. De cualquier manera, los días de Neifert al frente de los espías están contados, pero el episodio es trascendental: prueba que la avanzada final de la hermana hacia las cajas de Caputo, hecho que esta revista venía anticipando desde la guerra por el cierre de listas, ya comenzó. “Santiago ahora va a bajar la cabeza y esperar que cambien las olas”, dicen cerca suyo con resignación.

La pelea por las otras cajas es apenas una cuestión de tiempo. Mientras, Karina ya se anotó otros logros: colocó a Manuel Adorni, de su riñón, en la Jefatura de Gabinete; encolumnó rápido a Diego Santilli, ministro del Interior, bajo su órbita, y anexó a su escudería el ministerio de Defensa, del militar Carlos Presti. Con el de Seguridad se quedó con las ganas: Patricia Bullrich, que por ahora goza de la simpatía presidencial, logró convencer a su hermano de dejar a una persona de su equipo, Alejandra Monteoliva. El vínculo entre las dos mujeres fuertes del Gobierno promete generar chispazos más temprano que tarde: Bullrich se niega a reconocer ninguna jefatura más allá de la propia -lo que le da alas a sus intenciones de ir por un cargo electivo en el 2027- mientras que Karina no se lleva bien con nadie que no le rinda absoluta pleitesía.

Además de la avanzada sobre el Ejecutivo, la hermana movió sus fichas en el Congreso. El aval a Bullrich como jefa de bloque en el Senado significó la remoción de ese lugar de Ezequiel Atauche, que respondía a Santiago Caputo. En Diputados se votará, antes de fin de año, a Martín Menem como presidente de la Cámara hasta el 2027, hecho que hasta las elecciones era puesto en duda incluso por los propios. 

En Buenos Aires también promete haber ruido: Sebastián Pareja, armador de Karina, quiere poner a Juan Osaba, un hombre suyo, al frente del bloque libertario en Diputados. Ese lugar lo ocupa, por ahora, Agustín Romo, íntimo de Caputo. Hay, sin embargo, una subtrama ocurriendo ahí: no todo el parejismo está tan convencido de querer un lugar con tanta exposición política. “Es que entre todos nosotros no juntamos ni un secundario completo”, admiten desde esas filas.

Tiburón. Una manera de contar la historia de La Libertad Avanza y su meteórico ascenso al poder es a través de Karina. Para el 2021, la campaña del debut a la que llegó nada más que con su pasado como tarotista y repostera, ella era una integrante más de la mesa chica. Su poder, en aquel momento, no pasaba de ser la confidente del hermano, quien le llevaba la agenda y lo acompañaba donde iba.

Al año siguiente, con la cabeza puesta en la elección presidencial, eso empezó a cambiar. La menor de la familia entabló una sociedad política con el operador Carlos Kikuchi, y fue a buscar el control total del armado que en aquel momento se extendía por el país. Desplazó a quienes no le respondían, y terminó teniendo el control de gran parte de las listas. Para cuando los Milei desembarcaron en la Casa Rosada, Karina dio otro paso más en su crecimiento político: luego de desprenderse de Kikuchi, entabló una sociedad política -no ya una relación de jefe y empleado- con alguien que sí conocía, a diferencia suya, los entretelones del funcionamiento del Estado. Durante gran parte del primer año del mandato ese “triángulo de hierro” funcionó, pero nació destinado a fracasar: las ambiciones desmedidas de Caputo y de Karina solo podían colisionar.

¿Qué demuestra, abreviada en un párrafo, la carrera de la hermanísima? Que cuando no avanza no es porque está quieta, sino porque está tomando impulso, reconociendo el terreno. Karina, que tiene el monopolio emocional, personal, terapéutico y místico del Presidente, está siempre planeando su siguiente zarpazo. Y hasta ahora sólo acumula victorias y enemigos derrotados.

Por Juan Luis González-Revista Noticias