Para el académico, “el mesianismo de Milei se apoya en una lectura extraordinariamente dogmática de algunos textos de la escuela austríaca" y en esa narrativa dogmática, “la corrupción vino con Yrigoyen antes que con Perón”.
“En la figura misma de Milei el mesianismo tiene un gran espacio”, afirma el historiador italiano Loris Zanatta, quien describe que “el relato político de Milei es esencialmente un relato de tipo religioso, escatológico” con una “edad de oro” ubicada en “la Argentina liberal del siglo XIX”. Para el académico, en esa narrativa “la corrupción vino con (Hipólito) Yrigoyen antes que con (Juan Domingo) Perón” y “según su relato mesiánico, esta fue la decadencia”. "Milei se asigna el rol de devolver a los argentinos a esa edad de oro”, sostiene Zanatta. explicó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).
Loris Zanatta es historiador, ensayista, docente italiano, catedrático de Historia de América Latina en la Universidad de Bolonia. Ha sido profesor invitado y ponente en numerosas universidades de América Latina, incluyendo la Universidad de San Andrés y la UCA en Argentina.Ha escrito diversos libros sobre América Latina. Recientemente publicó la biografía de Jorge Bergoglio, en donde examina el papado de Francisco a la luz de su trayectoria en la Argentina, destacando su formación en los años 60 y 70 y su identificación con el peronismo en el campo nacional y popular.
¿Qué espacio ocupa el mesianismo en la narrativa política de nuestro presidente argentino, Milei?
Creo que en la figura misma de Milei el mesianismo tiene un gran espacio. El relato político de Milei es esencialmente un relato de tipo religioso, escatológico. Tiene un finalismo escatológico muy evidente y es un relato que, como buen relato escatológico y mesiánico, tiene una edad de oro. La edad de oro es, en su caso, la Argentina liberal del siglo XIX. Una Argentina preliberal, entre otras cosas, anterior al ingreso de las masas en la vida política. Esa sería la edad de oro. ¿Cuántas veces la recordó como la Argentina potencia? Hasta dijo que era la primera potencia del mundo. Por supuesto, es una forma idealizada del pasado, típico de todos los relatos de tipo mesiánico. Después esta edad de oro se corrompió. La corrupción para él vino con Yrigoyen antes que con Perón.
No suele mencionar a Perón.
Es llamativo. Pero vino con la democracia: la corrupción y la democracia. La edad liberal terminó en todo el mundo, no solamente en la Argentina, pero a pesar de esto, en otros lugares la democracia no implicó una caída. En la Argentina, aparentemente, según su relato mesiánico, sí. Esta fue la decadencia. Y el relato mesiánico termina con la idea de que el futuro está en reunificarse con ese pasado mítico. Y su rol en la historia, el rol que se asigna a sí mismo, es este: o sea, tomar de la mano a los argentinos, no todos los argentinos, sino el pueblo elegido, y el pueblo elegido para él son los argentinos de bien, la gente decente.
Él los lleva de la mano y los devuelve a la edad de oro. En cierto sentido, todos los relatos mesiánicos, y Milei no hace excepción, son relatos reaccionarios, en el sentido etimológico de la palabra, sin evaluarlo en términos positivos o negativos. Pero son fantasías de volver a un pasado mítico que se ha corrompido a lo largo de la historia. En ese sentido, Milei cabe totalmente dentro de la historia del mesianismo.
Usted menciona que Milei critica a Yrigoyen, critica la llegada del voto universal, la democracia, pero no critica a Perón. Y, al mismo tiempo, critica mucho al kirchnerismo. ¿Podríamos decir que hay una estrategia electoral de no criticar a Perón y criticar al kirchnerismo, tratando de separar un significante del otro para, al mismo tiempo, poder ser receptor de voto peronista?
Sí, me parece muy evidente. Y además no sé si es solamente una estrategia política. En realidad, yo creo que siempre fue en cierto sentido, desde el menemismo para acá, una estrategia política del peronismo, llamémoslo ortodoxo, tradicional, de derecha. O sea, desde cuando el kirchnerismo se adueñó del peronismo, yo diría que una buena parte, pero del que en el pasado se llamaba el peronismo ortodoxo o tradicional, o de derecha si queremos llamarlo así, empezó a pensar que para ser peronista tenía que encontrar otra casa. O sea, que la casa del peronismo estaba tomada por el peronismo de izquierda, que era su enemigo histórico. Un peronismo que estaba mezclado con la izquierda política, con el marxismo, con el posmodernismo.
Y por tanto, era fisiológico que el peronismo de derecha, así como en su momento se casó con el menemismo, ahora se casara con el mileísmo. La historia argentina de los últimos 30 años está llena de episodios como este: en el sentido de que, para ser verdaderos peronistas, muchos peronistas han pensado que tendrían que votar por partidos no peronistas. Una de las tantas paradojas argentinas.
¿Podemos decir que todos los dogmatismos, sean de izquierda o de derecha, son religiones civiles y que, de alguna manera, las ideologías son religiones civiles?
Las ideologías pueden ser más o menos pragmáticas. O sea, son visiones del mundo. En cierto sentido, todos tenemos cierta forma de ideología, si la entendemos así, como un sistema de valores y una visión del mundo, no está mal tener una ideología. Ahora, cuando la ideología se vuelve un sistema dogmático, cerrado, autárquico, autosuficiente, entonces sí. Diría más que religión civil: diría religión política. Una especie de nueva ortodoxia. Y todas las ortodoxias son intolerantes generalmente. O sea, son difícilmente compatibles las ortodoxias con los sistemas democráticos, porque los sistemas democráticos están basados sobre una idea de pluralismo.
La ortodoxia es un concepto que está en las antípodas del pluralismo. Y lamentablemente, en la historia argentina, los movimientos o los partidos que logran ser durante cierto tiempo hegemónicos, en cierto momento llegan a vivir esa hegemonía como si fuera definitiva, como una nueva ortodoxia a la que todos deberían sumarse. Esto es peligroso para la democracia.
Déjeme provocar una hipótesis: en realidad, Milei no tiene una ideología, ni mucho menos una ideología dogmática. Y que, en líneas generales, tampoco el kirchnerismo tenía una ideología dogmática, sino que son construcciones electorales. Y déjeme ponerlo en estos términos: la estrategia electoral se basa en lo opuesto. Para Milei, tomando el kirchnerismo como componente, hace todo aquello que sea contrario a lo que hacía el kirchnerismo. Y eso le da resultado porque la gente estaba enojada con el kirchnerismo. Hasta nombra comandante a un comandante en jefe del Ejército, lo nombra ministro de Defensa. O sea, cualquier elemento que signifique provocar el orden anterior, demostrando que está en las antípodas.
O, por ejemplo, se convierte al judaísmo porque había un Papa que se suponía era afín a las ideas cercanas al kirchnerismo. Y el kirchnerismo se hizo de izquierda cuando no lo era. No lo era Néstor Kirchner en la provincia de Santa Cruz cuando era gobernante, porque de hecho estaba a favor de las políticas económicas ortodoxas de Cavallo. Pero como Menem se convirtió en el significante negativo, hacía todo en contra de Menem. El peronismo había en los 90 corrido hacia la derecha, entonces él sobreactuaba el corrimiento a la izquierda, que tampoco era preexistente esa idea. ¿Le parece plausible una hipótesis de que en realidad lo que tenemos son cáscaras de mesianismo?
Entiendo el razonamiento. Ahora, cuando hablo de mesianismo no estoy tratando de entender la intimidad de las convicciones de estos personajes. No tengo menor idea si son o se hacen mesiánicos. Esto pertenece a su fuero íntimo. Es cierto: Menem se dio vuelta de un día para otro. Kirchner se dio vuelta de un día para otro. Milei no sé tanto. Creo que el mesianismo de Milei está basado en una lectura extraordinariamente dogmática de algunos textos de la escuela austríaca, que no deberían dar pie para una lectura tan dogmática, pero en su caso sí lo dan. Y me parece que es un dogmatismo muy limitado intelectualmente a pocas fuentes, digamos.
Pero ahora, aunque sus convicciones no fueran tan dogmáticas, y en realidad los tres que usted nombró fueran, en realidad, unos oportunistas que se adaptan, también de forma inteligente, y astuta a las circunstancias… Igual lo que tienen en común es transformar sus nuevas convicciones, verdaderas o falsas, en una nueva ortodoxia. Es eso lo que hace al mesianismo. En el momento en que adoptan una nueva verdad, un nuevo dogma, crean o no crean de verdad en él, lo transforman en una nueva ortodoxia, en una especie de nueva religión nacional. Y tratan de construir un esquema político de amigo-enemigo, de lucha del bien contra el mal, a partir de esta nueva ortodoxia. En este sentido, que crean o no en lo que dicen y hacen se vuelve secundario.
Lo aprovecho para preguntarle del Papa actual y su declaración en Turquía respecto de que, siguiendo la línea de Bergoglio, menciona que estamos en una Tercera Guerra Mundial “en cuotas”. ¿Cuál es su visión respecto de esta declaración del Papa justo en Turquía, diciendo que hay un peligro de guerra mundial?
En ese sentido hay una continuidad, sin duda. Por otra parte, leyendo los discursos o los documentos más doctrinales del nuevo Papa, la diferencia con Bergoglio no es sobre los contenidos pastorales o doctrinarios tampoco. De manera que la idea de que estamos en una guerra no sé… A mí esta fórmula de la “guerra en pedazos” nunca me convenció mucho. Sí, el mundo está en peligro, el mundo está en guerras…Yo soy profesor de Historia y de Historia Internacional, y la verdad, no conozco un momento en que no hubiera tantas guerras al mismo tiempo. Muchas veces se tiene nostalgia por la Guerra Fría porque era un sistema más estable.
Yo me acuerdo que en la plena época de la distensión, en los años 70, había guerra en Angola, había guerra en el Cuerno de África, había guerra en Indochina, había guerra entre India y China, había guerras por todos lados. Me parece más una fórmula. Es una fórmula que corresponde a un peligro que todos sentimos: el de un orden internacional que es un desorden internacional. Y donde la potencia, Estados Unidos, que había basado el orden liberal, no solamente no está más en condición de ejercer la hegemonía, sino que la rechaza abiertamente.
En ese sentido, el Papa tiene razón. Pero yo vuelvo a repetir: más allá de las continuidades de contenidos con Bergoglio, es diferente el tipo de pontificado. O sea, no tiene una visión de conjunto como la que tendría Bergoglio: una especie de metafísica, y la idea de un Sur del mundo que encarnaría el pueblo puro, el pueblo mítico, como le gustaba llamarlo a Bergoglio, porque al ser más pobre conservaría una religiosidad innata en contra de un Occidente secularizado y, por tanto, perdido.
Esta visión maniquea del mundo no la veo en este Papa. Y, repito, tiene que ver con su formación: un sacerdote que se ha formado en una democracia liberal, donde, por tanto, la religión era importante, pero no pretendía ser el elemento organizador de toda la vida de todas las personas.
Fuente: Perfil

