El retroceso en la producción industrial llevó a la discusión sobre si se trata de una crisis pasajera a si forma parte del nuevo modelo económico
En la "batalla cultural" de Javier Milei no podía faltar un clásico del debate histórico argentino: el de los costos y los beneficios de mantener, subsidiar y proteger una industria sustitutiva de importaciones. En realidad, es una discusión cíclica que no había desaparecido, pero que cobró impulso a raíz del caso Whirlpool.
La noticia de que la multinacional de electrodomésticos cesará la fabricación de lavarropas en su planta de Pilar por el bajón del consumo y la competencia importada tocó una fibra sensible: pueden quedar 220 trabajadores sin empleo, y no como un caso aislado sino como "punta del iceberg" de una industria en crisis.
A este caso se suman otros como el de Electrolux, que viene de aplicar una prórroga al régimen de suspensiones rotativas que activó tras un acuerdo con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). O el de Mabe, firma que acaba de establecer un proceso de reorganización de sus operaciones en la Argentina, el cual comprende retiros voluntarios para parte de su personal y el cierre de su fábrica de Córdoba, que será reconvertida en depósito y hub de distribución.
Incluso, la mítica fábrica de cacerolas y ollas Essen viene de echar a más de 30 operarios por caída del consumo y suba de importaciones.
Este jueves y de manera abrupta, Color Living, una fábrica muebles, comunicó que cierra la producción de su planta de Pacheco. Allí cumplían tareas 40 trabajadores. La empresa argumentó la caída de la industria y el enfriamiento de la economía, como sus principales motivos para dejar de producir. Los operarios sospechan, adicionalmente, que habrá un recambio a importar parte de sus insumos, como colchones
La industria textil es otra de las que más sufre el contexto: la firma Tn Platex, cuyo ex CEO Teddy Karagozian fue el creador de ProTejer, decidió cerrar su línea de confección de prendas deportivas y ropa interior que operaba en la planta de Monte Caseros, provincia de Corrientes. Como consecuencia, la empresa despidió a 20 de los 36 operarios que se desempeñaban en ese sector.
Estas noticias coinciden, además, con la publicación del EMAE de septiembre amplificó el debate, porque dejó en evidencia que la economía argentina puede crecer aun con la industria en retroceso.
Es por eso que lo que se está debatiendo en este momento es si la crisis industrial obedece a una fase pasajera, atribuible a un problema cambiario o a una etapa de salarios bajos o si, por el contrario, constituye el núcleo del modelo económico de Milei.
Y todos, tanto los partidarios del gobierno como los opositores, parecen convencidos de que esta situación llegó para quedarse. Para empezar, porque el propio Toto Caputo da a entender que no piensa cambiar los puntos contra los que los industriales suelen reclamar -un peso menos apreciado y una mayor protección arancelaria-.
Sin mencionar a la industria, pero con sugestivo "timing" en medio del debate, el ministro de Economía publicó un gráfico con serie histórica de exportaciones, para comentar con ironía: "Primer caso en el mundo de un programa económico que aumenta las cantidades exportadas a niveles récord, con tipo de cambio ‘atrasado’".
Y en lo que respecta a la apertura importadora, quedó en claro que no obedece sólo a una postura ideológica liberal, sino que ha sido uno de los puntales en la baja de la inflación. En el último reporte del IPC, el rubro con menor aumento nominal de precios fue, precisamente, el de equipamiento y mantenimiento del hogar, que apenas se encareció un 18,5% interanual frente a una inflación general de 31,3%.
Un modelo importador
En cuanto al consumo de electrodomésticos, la información de INDEC señala que las ventas de este año acumulan un 59% respecto del año pasado, lo que implica una suba real de 21% -descontada la inflación-. Aunque también es cierto que ese ritmo de venta viene frenando y tuvo una caída en el tercer trimestre.
Pero claro, esos datos del INDEC solo refieren a las ventas de las grandes cadenas de electrodomésticos. Además, está el fenómeno que inquieta a muchos políticos ansiosos de establecer regulaciones: las importaciones "hormiga" por la vía de compras online.
En lo que va del año, esas ventas acumularon u$s700 millones y ya representan un 20% del consumo argentino en rubros como productos de electrónica. El volumen que genera esta importación se cuadruplicó este año, por el incentivo de la exoneración arancelaria para productos de costo menor a u$s1.000 -un factor que se potencia, claro, por el atraso del dólar-.
En cuanto al futuro, todo indica que la situación se intensificará. Un reporte de la consultora Analytica indica aunque el volumen se estabilizó en torno a u$s100 millones mensuales, hay indicios de que no se llegó al techo del e-commerce.
Y, en el mismo informe de balanza comercial que citó Caputo, queda en evidencia cómo los productos de consumo final van ocupando una porción cada vez mayor en el total importado. Sumando el rubro automóviles, ya superan el 24%, mientras hace un año esas importaciones eran un 18% del total.
Hablando en plata, esas importaciones representan unos u$s1.740 millones al mes, y su ritmo de aumento es de 40% interanual, mientras que la compra de bienes de capital para la industria nacional sube a una velocidad de 18%.
¿De quién es la culpa?
En contraste, la industria nacional sigue penando. El relevamiento de la fundación FIEL marcó que en octubre se produjo una nueva caída interanual de la producción manufacturera, y es la cuarta consecutiva. La merma respecto del año pasado -que ya de por sí había sido malo- es de un 5,3%.
Las ramas que lideran las bajas son las de automóviles, metalmecánica, autopartes y química, todas con varios meses de retroceso en la producción.
Otro índice deprimente es el uso de capacidad instalada de las fábricas, que en el tercer trimestre promedió 59%, un nivel por debajo del promedio histórico. Y, en algunos casos, como el de la rama textil, las cifras son alarmantes: apenas un 37% de la capacidad.
Es ante esta situación que se replantea la pregunta cíclica: ¿qué hacer con la industria nacional? Y hay opiniones para todos los gustos: desde la aplicación de impuestos y aranceles hasta la reimplantación de cupos, pasando por rebajas y exenciones impositivas, todo condimentado por el debate sobre el retraso en la cotización del dólar.
Lo raro es que entre quienes critican al gobierno no sólo figuran los economistas afines al peronismo, sino también muchos de extensa trayectoria liberal.
Por caso, Carlos Rodríguez, ex rector de Ucema y ex viceministro de economía, plantea que "se profundiza el modelo erróneo de Milei". Y tras analizar el último EMAE dijo una frase que perfectamente podrían suscribir los economistas del kirchnerismo: "No hace falta saber estadística para darse cuenta que la Argentina productiva corre muy por debajo de la Argentina financiera".
También Diego Giacomini, ex socio de Milei, se mostró crítico: aunque aclaró que no está en contra de la apertura comercial, objetó que se hiciera en simultáneo con "un dólar por debajo del equilibrio", además de altas tasas de interés y un aumento de la presión tributaria.
"Todos estos errores de programación de política macro terminan siendo una motosierra para los privados en el corto plazo, que producen menos, invirtiendo menos, cierran y despiden más", agrega.
El eterno debate proteccionista
En curiosa coincidencia, el mismo argumento es esgrimido por Gabriel Rubinstein, ex viceministro de Sergio Massa. Indica que los altos costos en dólares afectan a la construcción mientras que la industria se ve afectada por el bajo consumo y que, además, "enfrenta un mix de relación dólar/apertura externa desestimulante".
Entre los políticos, se destacó la propuesta de Miguel Pichetto, quien quiere gravar las compras de Shein y Temu. "Hay que frenar ya la libre importación indiscriminada y el ingreso descontrolado de productos chinos a través de las plataformas", planteó el diputado peronista.
Un planteo que levantó polémica. Así, el economista Jorge Avila, de la Ucema, le contestó: "¿Qué propone, diputado, mantener la grosera protección industrial y el consiguiente aislamiento internacional de los últimos 80 años?".
En el otro extremo, la diputada Daiana Fernández Molero, del bloque PRO, en un debate en el que también participaron Martín Lousteau y Matías Kulfas criticó que las propuestas de "articulación público-privada" terminan en regímenes como los permisos SIRA de importación, que daba a algunos sectores el acceso a un tipo de cambio preferencial.
"Si no hay macro, no hay micro. Y la política industrial en una macro que no funciona son parches caros", argumentó la diputada.
Trump: ¿un freno impensado?
Pero la voz más potente respecto de la situación de la industria fue la de Paolo Rocca, CEO del conglomerado Techint, quien en la conferencia anual de la UIA acusó al Milei de no entender el nuevo juego geopolítico global.
"Hace unos años la política industrial era sólo reforma laboral y tributaria. Hoy el mundo la discute seriamente, desde Estados Unidos hasta la Unión Europea", planteó el dirigente industrial, quien criticó a Milei por el hecho de que, mientras los demás países plantean defensas de sectores estratégicos, "Argentina sigue con un discurso de neutralidad total".
Curiosamente, algunos analistas creen que el acuerdo comercial que se está negociando con Estados Unidos podría tener el efecto de un cierre importador para varios rubros, dado que Argentina se comprometió a apoyar "la protección de los derechos laborales reconocidos internacionalmente". Y uno de los mantras de la administración Trump es que China y otras naciones asiáticas incurren en competencia desleal al utilizar mano de obra infantil o sin protección legal.

Por Fernando Gutiérrez-IProfesional

