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El dueño del Concejo Deliberante de Posadas dice que el boleto debería costar 4 o 5 mil pesos

El empresario del transporte Marcelo Zbikoski, titular del grupo Don Casimiro, afirmó que el costo real del transporte urbano en Posadas hoy oscila entre los 4.000 y 5.000 pesos por pasajero. La declaración la realizó en una entrevista radial en Radio República, donde analizó el deterioro del sistema, cuestionó el esquema de subsidios vigente desde 2002 y advirtió que, sin compensaciones adecuadas, el servicio “se degrada y no tiene garantía de supervivencia”.

“Hoy por hoy cuesta entre 4 y 5 mil pesos transportarse. Al pasajero le debería o le podría costar entre 4 y 5 mil pesos, depende del tipo de servicio que se elija”, sostuvo Zbikoski al detallar la estructura de costos del boleto en la capital misionera. Según explicó, entre el 51 y el 53% del valor corresponde a los salarios de los trabajadores, alrededor del 19 o 20% al combustible y el resto a impuestos, mantenimiento, amortizaciones y otros gastos operativos.

A nivel nacional, el boleto más caro se encuentra en $2800. Zbikoski no explicó de qué tipo de cálculo salen sus números.

El empresario planteó que el problema de fondo del transporte público argentino se arrastra desde hace más de dos décadas. Recordó que hasta diciembre de 2002 el sistema era autosustentable y se financiaba exclusivamente con la tarifa. “Los empresarios debían mantener sus inversiones y sobrevivir con la cantidad de pasajeros que podían transportar. Eso funcionaba muy bien”, afirmó.

En paralelo, señaló que en el mundo —especialmente en Europa— comenzó a consolidarse una cultura de subsidios al transporte público, que luego derivó en fuertes desequilibrios fiscales. “Coincidentemente, antes del año 2000 se empezó a imponer esta idea de subsidiar el transporte. Son los gobiernos que hoy, principalmente en Europa, están bastante comprometidos con sus finanzas. En varias ciudades el servicio directamente desapareció”, advirtió.

El escenario, sostuvo, se agravó con fuerza en los últimos años. “Hasta hace dos años todo cambió. El Estado no compensa lo suficiente y cuando compensa lo hace con cinco meses de atraso. Con una inflación del 211%, es muy difícil sostener el servicio. Se va degradando, se va resquebrajando”, describió. Ese atraso, agregó, se traduce en recortes de frecuencias, envejecimiento de la flota y malestar creciente entre los usuarios.

Como ejemplo del deterioro, mencionó la situación del Área Metropolitana de Buenos Aires, donde la antigüedad promedio de los colectivos ronda los nueve años. “Eso significa que hay ómnibus de 18 años de antigüedad y otros 0 kilómetro. Los nuevos son los menos. El impacto es muy fuerte y el sistema está decayendo”, alertó. En ese contexto, interpretó que la política nacional apunta a que “sobreviva quien deba sobrevivir, que sobreviva el mejor”.

Finalmente, se refirió al servicio ferroviario Posadas–Garupá, cuya reactivación sigue pendiente pese a contar con material rodante y obras realizadas. “Quedó demostrado que funcionaba. Los trenes están, las vías estaban reparadas y la estación de Garupá estaba nueva, pero nunca llegó el permiso. Era solo un papel de la secretaría de transporte ferroviario”, aseguró. A su entender, el tren podría ser una alternativa más económica y complementaria, aunque todo dependerá de la decisión nacional y de la tarifa que se fije.

Fuente: Indignación