Misiones Para Todos

El mundo según Hartfield

Diego Hartfield construye su política desde la distancia, entre contradicciones y discursos financieros que ignoran la realidad misionera. Hugo Passalacqua, en cambio, encara la segunda etapa de su mandato desde el territorio, reorganiza su equipo y refuerza la gestión para sostener servicios y obras en tiempos adversos. Dos estilos, dos miradas y una diferencia central: uno interpreta la provincia desde una pantalla; el otro la gobierna caminándola.

En 1992, El mundo según Wayne parodiaba el universo de un conductor amateur que creía dominar la escena desde un sótano, convencido de que su mirada era la única auténtica. Tres décadas después, Misiones tiene su propia versión: El mundo según Hartfield. Solo que esta vez no es comedia, sino política real.

Diego Hartfield, ex tenista profesional devenido en diputado nacional por La Libertad Avanza, construyó un personaje que encaja a la perfección en el molde libertario: ego elevado, certezas absolutas, discursos de
eficiencia financiera y una distancia geográfica —y emocional— con la provincia que representa. Opina sobre Misiones desde Buenos Aires. No es un detalle menor. La política territorial no se interpreta por streaming.

El problema no es que hable. El problema es que habla como quien no pisa. Como quien mira la provincia desde una planilla de Excel y no desde una guardia hospitalaria, una parada de colectivos o un comercio que pelea por sostener ventas.

En plena campaña electoral para los comicios provinciales, donde fue electo diputado provincial, días antes de aceptar encabezar la boleta del mismo espacio, pero para las nacionales, Hartfield cuestionó los programas Ahora. Dijo que distorsionaban el mercado. Pero reconoció que los utilizaba. Criticó el sistema de salud pública. Pero se atendió en él sin inconvenientes. Denunció subsidios. Pero operó dentro de un esquema donde el Estado amortiguó costos que su propio espacio político demoniza. Contradicciones que no se explican: se exponen solas.

Esta semana volvió a hacerlo. Usó noticias locales para intervenir desde redes sociales y marcar agenda sin pisar el territorio. Celebró el crédito de la CAF para la línea de alta tensión que unirá Posadas con el centro provincial —obra estratégica para más de 30 localidades—, pero atacó al ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, por explicar sus condiciones. Aplaudió el préstamo y, al mismo tiempo, dijo que Misiones estaba en default. Reconoció que el crédito era necesario y, en la misma frase, describió una provincia quebrada. El mundo según Hartfield: todo puede
ser cierto a la vez, incluso lo contradictorio.

Acusó al gobierno provincial de tomar deuda mediante retenciones y anticipos impositivos. Pero omitió un detalle central: Misiones no tomó deuda financiera durante dos décadas. Sostuvo equilibrio fiscal, pagó sueldos y sostuvo servicios cuando Nación se retiró. Esa parte no encajó en su relato.

Hay una lógica detrás. Para cierto libertarismo, ese espejo donde Hartfield encaja perfecto, hablar de yerba, tabaco, energía o salud pública, temas centrales para la economía de Misiones, baja el precio. Prefieren hablar de mercados, bonos y tasas. El problema es que las provincias no se administran como fondos de inversión. Se gobiernan para gente de carne y hueso.

Hartfield representa una política que descree del Estado, pero se beneficia de él. Que critica lo público, pero lo utiliza. Que habla de libertad, pero desconoce las condiciones materiales de quienes no tienen margen para
elegir. Ese es su mundo. Un mundo donde la contradicción no incomoda, porque el relato siempre encuentra la forma de justificarse.

Misiones, mientras tanto, sigue en otro lugar. En el de sostener servicios, administrar escasez y evitar que el ajuste nacional se convierta en colapso social. Es menos épico. Mucho más real. Dos mundos. El de Hartfield, diseñado para redes. Y el de una provincia que no se gobierna desde un video.

La dinámica de Hugo

El inicio del año encontró a Hugo Passalacqua en movimiento. No solo en la agenda, sino en la concepción misma de su gobierno. Comenzó así la segunda parte de su mandato, con una dinámica de trabajo que volvió a poner en primer plano una marca personal de su gestión: la presencia territorial como método y como mensaje.

Mientras la política nacional se consume en discusiones de redes y declaraciones a distancia, en Misiones el gobernador eligió otra lógica. Recorrer, escuchar, estar. En municipios grandes y pequeños, con intendentes, instituciones intermedias y vecinos comunes. La decisión no es estética: en un contexto económico restrictivo, gobernar exige conocer de primera mano dónde aprieta el zapato. Y Passalacqua parece decidido a sostener ese pulso directo con la realidad provincial.

A esa dinámica se sumó un relanzamiento del gobierno. Impulso político y de gestión. Obras en marcha, planificación de nuevas inversiones y una reorganización interna que, aunque medida, marcó una señal clara: la
segunda etapa no será de administración automática, sino de reactivación del músculo estatal.

El único cambio sustancial hasta ahora fue el ingreso de Carlos “Kako” Sartori como ministro Coordinador de Gabinete. No es un movimiento menor. Sartori llegó con una consigna explícita: reforzar el trabajo territorial, regionalizar la gestión y ordenar la relación entre ministerios, municipios y demandas concretas. Una pieza clave para aceitar un gabinete que necesita responder rápido en tiempos de recursos escasos.

El resto de las modificaciones ocurrió en las segundas líneas. Para el ojo desprevenido, puede parecer menor. En la administración pública, no lo es. Las segundas líneas son las que convierten las decisiones políticas en acción concreta. Son los equipos técnicos que pisan territorio, ejecutan programas, ordenan expedientes y traducen ideas en soluciones prácticas. Mover esas piezas significa aceitar la maquinaria donde realmente se juega la eficacia del Estado.

El mensaje es claro. Passalacqua no se refugia en el despacho ni administra desde la distancia. Reordena, ajusta, refuerza equipos y vuelve al territorio como centro de gravedad de la gestión. En tiempos donde muchos gobiernos optan por la excusa o la confrontación estéril, en Misiones se eligió insistir con una lógica distinta: cercanía, organización y presencia.

Comenzó el segundo tiempo. Y el gobernador decidió jugarlo donde siempre se sintió más cómodo: en la cancha, no en la tribuna.

Por Sergio Fernández