Las comunicaciones entre funcionarios comenzaron en el otoño boreal y se extendieron durante los meses siguientes. A fines de noviembre, los contactos continuaron incluso después de una llamada telefónica clave en la que se reclamó la salida del poder del expresidente de Venezuela, exigencia rechazada.
La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, habría ofrecido cooperación al gobierno de Estados Unidos antes de la captura de Nicolás Maduro, concretada el 3 de enero. Aquel ofrecimiento, según revelaciones periodísticas basadas en múltiples fuentes involucradas, no implicó una participación directa en la operación, pero sí un compromiso previo para facilitar la estabilización del país en un escenario posterior a la caída del mandatario.
A partir de esa reconstrucción, Delcy Rodríguez y su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y uno de los principales operadores políticos del chavismo, activaron canales de comunicación indirectos con funcionarios estadounidenses a través de intermediarios diplomáticos, entre ellos contactos vinculados a Catar. Su mensaje central fue claro: no obstaculizarían una transición y colaborarían para evitar un colapso institucional una vez desplazado.

Las conversaciones habrían comenzado en el otoño de 2025, en un contexto de creciente deterioro político y económico en Venezuela, y se profundizaron después de una llamada telefónica fallida entre Washington y Caracas a fines de noviembre. A través de una de las fuentes citadas, fue directa: “Maduro tiene que irse”.
A partir de ese momento, los intercambios se volvieron más frecuentes y explícitos, con señales de que una parte del oficialismo comenzaba a asumir que el ciclo de Maduro estaba agotado. Un ciudadano estadounidense involucrado en las gestiones relató que Delcy Rodríguez comunicó que estaba lista para el escenario posterior. Otra fuente cercana a los mensajes confirmó la misma idea con una frase clave: “Ella dijo: ‘Trabajaré con lo que sea que surja después’”.
De hecho, en un primer momento, el secretario de Estado y asesor de seguridad nacional estadounidense, Marco Rubio, se mostró escéptico ante la posibilidad de negociar con figuras centrales del oficialismo venezolano. Sin embargo, con el avance de los intercambios, comenzó a considerar que las promesas de Delcy Rodríguez representaban la vía más realista para evitar el caos institucional, una escalada de violencia o un escenario de guerra civil.

Paralelamente, otras figuras del núcleo duro del poder venezolano también exploraron canales de diálogo. Diosdado Cabello, ministro del Interior y hombre fuerte del control policial y de las fuerzas de seguridad, habría mantenido conversaciones con funcionarios meses antes de la captura de Maduro, aunque sin alcanzar acuerdos concretos.
Cómo se tejieron los contactos secretos de Delcy Rodríguez con Estados Unidos
Los asesores clave del gobierno de Estados Unidos mantuvieron conversaciones oficiales y sostenidas con Jorge y Delcy Rodríguez durante meses, en un diálogo que fue ganando densidad política a medida que el escenario venezolano se volvía más inestable. A partir de dos fuentes con conocimiento directo de esos intercambios, los contactos eran frecuentes y abarcaban asuntos concretos de gestión, como la coordinación de los vuelos quincenales de deportación.
Atrás de esos intercambios técnicos se acumulaban temas de alto voltaje político. Las negociaciones incluían la definición de los aeropuertos donde aterrizarían los vuelos, la situación de ciudadanos venezolanos detenidos en El Salvador y la posibilidad de liberar presos políticos como gesto previo a cualquier transición. Cada punto implicaba equilibrios delicados dentro del poder venezolano y exigía garantías cruzadas.
Delcy Rodríguez, mientras esos canales se activaban, fortalecía una red paralela de vínculos personales con Catar. En Doha, miembros de la familia gobernante la consideraban una interlocutora confiable y una aliada personal, según fuentes familiarizadas con esa relación. Catar, socio estratégico de Estados Unidos y mediador habitual en conflictos regionales, se convirtió así en una pieza clave para habilitar conversaciones que no podían darse de manera abierta.

Luego, el emirato donó a Trump un avión de lujo valuado en 400 millones de dólares, un gesto sin antecedentes en la historia diplomática estadounidense reciente. Según dos fuentes, esa demostración de cercanía le permitió a Catar capitalizar su influencia para abrirle a Delcy Rodríguez nuevas puertas en negociaciones reservadas.
Acto seguido, en octubre, como había informado el Miami Herald, Rodríguez dio un paso más audaz. Intentó proponer un esquema de transición política encabezado por ella misma, que se activaría si Nicolás Maduro aceptaba un retiro pactado, incluso con un posible refugio en el exterior. El plan fracasó rápidamente y Rodríguez salió a desmentir la versión.
De esta manera, uno de los elementos que reforzó esa evaluación fue su postura frente al sector energético. Según fuentes cercanas, Rodríguez se mostró abierta a recomponer vínculos con empresas estadounidenses y a facilitar acuerdos en el área petrolera. “Delcy es la más comprometida con trabajar con el petróleo estadounidense”, aseguró un aliado, en un contexto donde la energía aparecía como moneda de negociación central.
Para ese entramado también tuvo peso Mauricio Claver-Carone, ex enviado especial de Trump para América Latina. Aunque ya no ocupaba un cargo formal, conservaba la confianza de Marco Rubio y fue señalado como una figura clave para validar los contactos y reducir resistencias internas en Washington.
Las fuentes coinciden en que, aunque ofreció cooperación para el día después, nunca aceptó traicionar activamente a Maduro: “Le tenía miedo”, reconoció un funcionario con acceso a los intercambios. Cuando helicópteros de ataque estadounidenses sobrevolaron Caracas a comienzos de enero, Delcy Rodríguez desapareció del espacio público. Circularon versiones sobre una supuesta huida a Moscú, pero dos fuentes aseguran que se encontraba en la Isla Margarita, un enclave turístico venezolano, lejos del centro de poder y de las decisiones.
Fuente: Perfil

