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¿La revancha de "Don Chatarrín"?: acuerdo Trump-Milei puede favorecer a Rocca ante el avance asiático

El líder de Techint argumenta que Milei está desconociendo el acuerdo de libre comercio con Trump, que plantea combatir el dumping

Al final, "Don Chatarrín de los tubitos caros" -como rebautizó Javier Milei al CEO de Techint, Paolo Rocca- demostró por qué ha podido mantenerse en la élite industrial durante gobiernos de distintos signos. Lejos de entrar en la polémica tuitera, contraatacó con un arma que le duele al gobierno: trata de usar en su propio favor el propio acuerdo de libre comercio que Argentina firmó con Estados Unidos.

Tras varios días de silencio, Rocca dio una explicación oficial sobre lo ocurrido en la licitación para el gasoducto de casi 500 kilómetros que conectará Vaca Muerta con la costa atlántica. Y apuntó directamente al argumento preferido del gobierno: el de la sospecha de un sobreprecio en la cotización de la propuesta de Tenaris ante el llamado del consorcio Southern Energy.

Reconoció que, el precio que había presentado -u$s2.090 por tonelada de acero- superaba largamente la de su competidor indio Welspun, pero advirtió que lo raro no era el precio de Tenaris, que está en línea con los precios que se manejan en "las principales economías libres como Estados Unidos o Europa, y consistente con los costos directos e indirectos de nuestra operación en Argentina".

Y agregó que su contrapropuesta de igualar a su competidor mediante la baja de 24% en la cotización no tenía otro objeto que mantener el nivel de actividad y los puestos de trabajo argentinos, dado que con ese precio la operación se realizaría sin rentabilidad.

Pero, lo más importante, Rocca insinuó que la actitud de Milei no solamente convalida la práctica de "dumping" por parte de potencias asiáticas sino que, además, contradice la letra y el espíritu del tratado comercial con Estados Unidos.

En otras palabras, deja en el ambiente la sospecha de que el principal activo político de Milei -su alianza con Donald Trump- podría volverse en su contra, si Rocca decidiera usar la carta de la "competencia desleal" que siempre aparece en el discurso de la Casa Blanca.

Metiendo a EE.UU. en la discusión

La situación podría convertirse en un dolor de cabeza para el embajador estadounidense en Argentina, Peter Lamelas, que asumió su cargo justo en el momento en el que se anunció el tratado de preferencia comercial entre EE.UU. y Argentina.

Milei presentó aquel anuncio como la antesala de una explosión de inversiones en el país, pero sus críticos pusieron la lupa sobre un compromiso que, a primera vista, dejan la sensación de ser la adhesión a temas consensuados a nivel mundial, pero que, entrelínas, podrían implicar en realidad que buena parte de las importaciones que Argentina realiza desde países asiáticos se encarezca o se desvíe hacia otros países. 

El tratado obliga a Argentina a revisar una serie de políticas respecto de patentes, derechos intelectuales, combate a la falsificación industrial, observación de la regulación ambiental y de respeto a normas laborales en el comercio. Y hasta se agregó una mención a la no aplicación de exenciones impositivas a los exportadores de soja -una medida para aplacar la protesta de los farmers estadounidenses, enojados por el tax holiday que recibieron los sojeros argentinos-.

El embajador Lamelas y los funcionarios estadounidenses que conducen la relación entre ambos países quedarían en una situación incómoda si Techint decidiera aplicar su poder de lobby y pedir que Milei cumpliera su compromiso con Estados Unidos.

No por casualidad, en su comunicado de descargo, Rocca recordó las dos secciones del acuerdo que hacen mención explícita a la aplicación de reglas de juego en el comercio internacional.

Y enumeró:

"Alineación en materia de seguridad económica: Argentina reforzará la cooperación con Estados Unidos para combatir políticas y prácticas no orientadas al mercado por parte de otros países. Ambos países también se han comprometido a identificar herramientas para alinear enfoques en control de exportaciones, seguridad de inversiones, evasión de aranceles y otros temas relevantes".

* "Empresas estatales y subsidios: Argentina se ha comprometido a abordar posibles acciones distorsivas de empresas estatales y a revisar los subsidios industriales que puedan afectar la relación comercial bilateral".

¿Un efecto boomerang para Milei?

El mensaje es claro: al convalidar la contratación de la empresa india que trabaja con precios inferiores al promedio del mercado siderúrgico global, Milei no está combatiendo los sobreprecios de un industrial que pide prebendas, sino que está contradiciendo la propia letra del acuerdo firmado con Donald Trump.

Rocca, que habitualmente cultiva el bajo perfil y prefiere delegar en otros ejecutivos la defensa pública de la industria argentina, sorprendió al tomar la palabra en la conferencia anual de la UIA y acusar a Milei de no entender los cambios que están ocurriendo en el juego geopolítico global.

"Hace unos años la política industrial era sólo reforma laboral y tributaria. Hoy el mundo la discute seriamente, desde Estados Unidos hasta la Unión Europea", planteó el dirigente de Techint, quien criticó a Milei por el hecho de que, mientras los demás países plantean defensas de sectores estratégicos, "Argentina sigue con un discurso de neutralidad total".

Curiosamente, mientras el gobierno se jacta de su apertura comercial -incluyendo el alegato teórico de Federico Sturzenegger que toma prestados los argumentos clásicos de David Ricardo de hace dos siglos-, hay analistas que creen que Trump terminará forzando a Argentina a un mayor cierre. O, en todo caso, a un desvío de comercio, desde las potencias asiáticas hacia Estados Unidos, dado que Argentina se comprometió a apoyar "la protección de los derechos laborales reconocidos internacionalmente". Y uno de los mantras de la administración Trump es que China y otras naciones asiáticas incurren en competencia desleal al utilizar mano de obra infantil o sin protección legal.

Experiencia en peleas políticas

No es la primera vez que Rocca se enfrenta a un gobierno y que, ante la acusación de ser un exponente de la "patria contratista", usa en su defensa el argumento de la creación de empleo con capacidad de competencia a nivel mundial. Ya con Cristina Kirchner había tenido diversos conflictos. El más resonante fue, en 2012, la campaña publicitaria "Made in Argentina", donde mostraba la presencia internacional de la multinacional fundada por la familia Rocca.

Y esa campaña tenía, como contrapartida, la participación hostil de Axel Kicillof en el directorio de la empresa -una consecuencia de la reestatización del fondo de las AFJP, donde había acciones bursátiles que, súbitamente, le dieron al Estado el derecho de nombrar directores-. Kicillof forzó a cambiar planes de expansión internacional de la compañía, de manera de redireccionar recursos dolarizados al mercado argentino.

También en esa época, Rocca había quedado en deuda con los Kirchner, por su favor de haber intercedido ante Hugo Chávez por la deuda de casi u$s2.000 millones del gobierno venezolano tras la nacionalización de Sidor, una subsidiaria de Techint.

Mucho más cerca en la historia, durante el gobierno de Alberto Fernández, la propia Cristina reforzó su fisura con el ex presidente al reprochar públicamente a Techint que trajera desde Brasil la chapa laminada para el gasoducto Néstor Kirchner en vez de mudar la línea de producción a Argentina.

Aquel reproche derivó en un escándalo político, cuando el entonces ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, dijo que si se traía el acero de Brasil era por culpa del pliego de licitación realizado por Ieasa (Integración Energética Argentina SA), cuya dirección respondía políticamente a Cristina.

Esa discusión le costó el cargo a Kulfas, pero no impidió que Techint siguiera adelante como proveedor y ejecutor del gasoducto, ajeno a la pelea política por atribuirse el mérito de la obra, que ya no se llama Néstor Kirchner, sino Perito Moreno.

Por Fernando Gutiérrez-IProfesional