El Gobierno de Claudia Sheinbaum apuesta por reactivar la fractura hidráulica con nuevas tecnologías menos contaminantes para explotar gas no convencional, en un giro frente a la política anterior y con el objetivo de alcanzar la soberanía energética.
La presidenta izquierdista de México, Claudia Sheinbaum, ha decidido reabrir la puerta al ‘fracking’, en un movimiento que marca un giro estratégico en la política energética del país, que busca niveles de soberanía en esta materia que le permitan alejarse cada vez más de las compras recurrentes de clientes externos.
La Administración federal anunció un plan para explotar gas natural no convencional mediante fractura hidráulica, una técnica que ha sido ampliamente cuestionada por organizaciones ambientalistas. Sin embargo, el Ejecutivo insiste en que su implementación será distinta a la tradicional, incorporando avances tecnológicos para mitigar su impacto ambiental.
Giro energético en busca de soberanía
El cambio responde a una preocupación central: actualmente, cerca del 75% del gas que consume México para la generación eléctrica proviene de proveedores externos, principalmente de Estados Unidos.
Esta dependencia ha expuesto a México a riesgos derivados de fenómenos climáticos extremos y tensiones geopolíticas internacionales, como el conflicto en Irán, pero en general, hace parte de la estrategia de la mandataria izquierdista para buscar la soberanía del país, en todos los sectores.

“México debe garantizar su soberanía y una parte fundamental es la soberanía energética”, afirmó Sheinbaum durante su conferencia matutina de este jueves 9 de abril, subrayando la necesidad de fortalecer la producción interna.
La decisión también rompe con la política impulsada por su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, quien había promovido la prohibición del ‘fracking’ en línea con posturas ambientalistas y de izquierda.
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‘Fracking’ sí, pero no como antes
El Gobierno ha insistido en que el nuevo enfoque no replicará las prácticas tradicionales de fractura hidráulica, que implican la inyección de grandes volúmenes de agua dulce, arena y químicos a alta presión para liberar hidrocarburos atrapados en formaciones rocosas.
Y en cambio, la mandataria mexicana explicó que el país apostará por tecnologías más limpias que permitan reciclar el agua ya utilizada y reducir el uso de químicos agresivos, incluso habló de la posibilidad de usar agua salada o “reutilizada de las minas” para no desperdiciar el recurso hídrico potable.
Para todos estos cambios, Sheinbaum propuso la convocatoria de un panel de expertos que evaluará las mejores prácticas disponibles a nivel internacional.
A pesar de estas garantías, organizaciones ambientalistas mantienen sus reservas, señalando riesgos persistentes como la contaminación de acuíferos y el impacto en ecosistemas locales.
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Potencial energético en el norte del país
Y es que el interés del Gobierno se sustenta en el significativo potencial de recursos no convencionales que tienen bajo su suelo, los cuales no han sido explotados en su máximo nivel.
La estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) estima que México cuenta con reservas de hasta 141 billones de pies cúbicos de gas no convencional, concentradas principalmente en regiones del norte.
Se trata de un volumen que podría transformar el panorama energético nacional en el mediano plazo, aunque su explotación requerirá inversiones, infraestructura y tiempo, todo bajo un plan que complica la relación extracción - medio ambiente, que no quiere quebrar la presidenta mexicana.
Por Juan Pablo Lucumí-France24

