Misiones Para Todos

¿La hiperpersonalización de la política es un síntoma o una causa de la crisis democrática?

Capítulo 4 de "En el Nombre del Pueblo", ya disponible.

Las dos cosas. Y esa es precisamente la trampa.

El capítulo que se reestrena hoy se titula "Personalización de la Política", pero la tesis que sostengo exige ir más lejos. Hablar solo de personalización ya no alcanza. El fenómeno que atraviesa la política latinoamericana es más profundo y merece otro nombre: hiperpersonalización.

La distinción importa. La personalización refiere a la centralidad del candidato en la comunicación política. La hiperpersonalización, en cambio, va más allá: subordina las ideas, las instituciones y las políticas públicas a la figura del líder. En lo electoral, los datos son elocuentes: la gran mayoría de los contenidos de una campaña ganadora no hablan de propuestas sino del candidato, de sus rasgos y de su historia. El mito del héroe y del salvador, con toda su carga mesiánica, se convierte en el recurso central. 

En lo gubernamental, el fenómeno se vuelve estructural. Cuando el líder hiperpersonalista llega al poder, las instituciones empiezan a ordenarse a su medida. Lo que en campaña era seducción, en el gobierno se convierte en arquitectura institucional.

Ahí aparece el dilema. Cuanto más se erosionan las instituciones, más busca la ciudadanía certidumbre en esos mismos líderes. Entonces, ¿la hiperpersonalización debilita la democracia, o es la democracia debilitada la que genera estos líderes? El huevo o la gallina. Un círculo vicioso que se retroalimenta y que hoy define —y pone en riesgo— lo que entendemos por democracia liberal.

Este cuarto capítulo de "En el Nombre del Pueblo", filmado en 2018, recorre estas ideas a través de casos concretos y definiciones diversas en Bolivia, Colombia, Ecuador, Argentina, México y Uruguay. Y culmina con algo único: una charla con Pepe Mujica, dentro de su casa. Un registro que hoy, a un año de su partida, adquiere una dimensión histórica.