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Abusó de su hijastra, quiso obligarla a abortar y escapó: está prófugo hace casi 15 años

Alberto Martín Del Valle (56) es buscado por la Justicia desde 2012. Para evitar ser capturado se movió por el país y adoptó distintas identidades. El pedido desesperado de la hermana de la víctima

Puan es una pequeña ciudad ubicada en el suroeste de la provincia de Buenos Aires que, según el último censo, tiene 5.383 habitantes. Allí, en 2009, una nena de 11 años fue violada por su padrastro y quedó embarazada. El hombre intentó someterla a un aborto clandestino, pero fracasó. Un análisis de ADN confirmó su paternidad con un índice de 99,9%. Su nombre es Alberto Martín Del Valle y tiene 56 años. Hoy, casi 15 años después, sigue prófugo con pedido de captura activo.

Hasta hace menos de dos meses, Del Valle vivía en Mar de Ajó bajo una identidad falsa y frecuentaba merenderos y comedores donde concurren niños vulnerables. Pese a la contundencia de las pruebas que pesan en su contra, nadie, jamás, logró arrestarlo.

La causa fue calificada como abuso sexual agravado en concurso real con tentativa de aborto y tramita en la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio N°12 del Departamento Judicial de Bahía Blanca, a cargo de la fiscal Leila Scavarda, con la ayudantía fiscal de Ana Clara Cafasso.

La resolución judicial que ordenó la captura de Del Valle data de marzo de 2012. A pesar de esa orden, el expediente permaneció estancado durante años. “Se durmió en el pedido de captura”, explica Yamila Segovia (30), hermana mayor de la víctima, a Infobae. Fue justamente esa inacción la que la llevó a tomar una decisión que cambió su vida: estudiar Derecho y constituirse como abogada querellante en la causa. “Cada vez que rendía una materia, me imaginaba a Del Valle sentado frente a un tribunal. Ese siempre fue mi norte. Tiene que estar preso, tiene que pagar por todo el daño que generó. Crecí con mi familia destrozada”, dice en comunicación con este medio.

Desde ese rol, Yamila además inició una campaña pública para difundir la imagen del acusado y solicitar colaboración de la comunidad: “¿Podemos dejar a un tipo impune que le arruinó la vida a una criatura? ¿Podemos dejar a un tipo degenerado suelto por ahí? ¿Le vamos a perdonar la vida cuando no le importó nada, cuando se burló, cuando hizo su vida como si nada? No sé qué le inventará su familia, porque más de uno lo ayuda a esconderse. Quzás sean tan víctimas como todos nosotros. Lo lamento por ellos, pero este tipo tiene que caer y va a caer”.

"¿Podemos dejar a un tipo degenerado suelto por ahí? ¿Le vamos a perdonar la vida cuando no le importó nada, cuando se burló, cuando hizo su vida como si nada?", el descargo de Yamila Segovia, hermana de la víctima

El caso

Alberto Martín Del Valle nació el 16 de noviembre de 1969. Trabajaba como albañil y se presentaba como un hombre de fe: era feligrés de una iglesia evangélica y se mostraba hacia afuera como un trabajador. Pero en el hogar que compartía con la madre de las menores era, según el relato de Yamila, “el mismo diablo”. La golpeaba a ella, golpeaba a su madre. “Siempre fue un violento. Un lobo con piel de cordero”, lo definió.

Según consta en el expediente, al que accedió Infobae, los abusos ocurrieron entre marzo y octubre de 2009 en un domicilio ubicado en la zona céntrica de Puan. En ese momento, Del Valle era el concubino de la madre de la víctima y desde esa posición de autoridad dentro del grupo familiar abusó de la niña en reiteradas oportunidades, con acceso carnal y bajo amenaza de muerte.

El mecanismo de intimidación fue sistemático. Del Valle le apuntaba a la menor con un arma en la cabeza (NdR.: una pistola 9mm que robó y luego secuestró la justicia) y le imponía una historia que debía repetir si alguien le preguntaba qué había ocurrido: tenía que decir que un hombre la había atacado a la salida del colegio.

Cuando la nena quedó embarazada, Del Valle usó un viaje familiar como excusa para trasladarla al conurbano bonaerense. En una vivienda ubicada en la localidad de Quilmes, intentó someterla a un aborto mediante la colocación de una sonda. “Ella estaba muy angustiada y asustada. Le decían que se quedara tranquila, que cuando terminara le iban a regalar un libro para pintar”, contó su hermana.

Pero el procedimiento no prosperó. El embarazo continuó su curso y la niña, con apenas 11 años, dio a luz. “De una criatura nació otra criatura”, resume Yamila, sin dar precisiones sobre el género del bebé para resguardar su identidad. “No hablo de la vida actual de mi hermana, mucho menos de la criatura que nació. No la dimos en adopción. Se crio con nosotros, con mucho amor, y hoy es una gran persona”, afirmó.

Para ese momento, Del Valle escapó. Dos años y medio después, en marzo de 2012, después se hizo efectivo su pedido de captura.

El acusado adoptó identidades falsas para pasar inadvertido

Casi 15 años prófugo

Según constató la Justicia, Del Valle se movió por distintos puntos del país tras fugarse. Recorrió la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense hasta instalarse en Mar de Ajó, en la Costa Atlántica, donde adoptó identidades falsas. “Se hacía llamar Martín Morales o Lescano, y era conocido por el apodo ‘Jaba’ o ‘Jabalí’. Además, frecuentaba iglesias evangélicas como estrategia de inserción social”, cuenta Yamila.

La investigación también determinó que se infiltraba como colaborador en merenderos y comedores donde concurrían niños en situación de vulnerabilidad. Ese patrón de comportamiento —acercarse a espacios frecuentados por menores bajo la apariencia de voluntario— fue uno de los elementos que llevó a la familia y a la fiscalía a sostener que el acusado representa un riesgo activo para las infancias.

“Es un pedófilo que está suelto y podría quedar impune”, advierte la hermana de la víctima.

En 2015, una búsqueda impulsada por Yamila permitió ubicarlo en el barrio porteño de La Boca, en Olavarría 600, en la casa de una mujer, donde además funcionaba un comedor para niños. La policía llegó al lugar, pero ya se había ido. “Siempre me decían: ‘Ya va a caer. En algun momento va a ir a votar’. Así que cada cuatro renovábamos la esperanza”, dice.

Casi una década después, Yamila volvió a localizarlo en Mar de Ajó. Según dice, el papel de Celeste Peralta,de las Oficinas Técnicas de Identificación de Personas (OTIP), fue clave. “Volví a encontrarlo, pero casualmente siempre encuentra la forma de evadir la justicia”, afirma.

Según pudo saber Infobae, la persistencia del prófugo para mantenerse oculto podría no ser casual: el hermano de Del Valle es ex policía de la Policía Federal y actualmente presta funciones en la Policía de la Ciudad de Buenos Aires.

La cuenta de instagram que creó la hermana de la víctima es @alerta_busqueda_activa

Un debate pendiente

La fuga prolongada del acusado abre interrogantes sobre la prescripción de la acción penal. Ante ese vacío normativo, el Juzgado de Garantías N°1 de Bahía Blanca solicitó elevar el expediente a la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires para debatir una posible modificación del artículo 67 del Código Penal, que actualmente no contempla la fuga como causal de interrupción de la prescripción.

Los delitos de abuso sexual infantil no deberían prescribir. Porque las secuelas no prescriben. El dolor no prescribe. La lucha de las víctimas por reconstruir sus vidas no prescribe. Y la obligación de la sociedad de buscar verdad, justicia y reparación tampoco debería hacerlo. Una ley que protege a la infancia no puede permitir que el tiempo sea el mejor aliado de los abusadores. La verdadera justicia es aquella que permanece disponible hasta que la víctima pueda alzar su voz y el responsable responda por sus actos”, sostiene Yamila.

El Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires y el Nacional tienen activos pedidos de captura sobre Del Valle. Al cierre de esta nota, el acusado no había sido localizado. “Lo que más necesitamos es que se difunda su imagen. Cualquier persona que tenga información sobre su paradero puede comunicarse con el 911 o a través de la cuenta de Instagram @alerta_busqueda_activa”, se despide.

Por Florencia Illbele- infobae