El presidente publicó su plan para modificar la Carta Orgánica del Banco Central, pero tiene un objetivo: que no pueda financiar nunca al Tesoro y blindarlo ante el poder político.
Javier Milei llegó a la política con una bandera clarísima, tal vez la que más lo identificaba con sus votantes: dolarizar y cerrar el Banco Central. Llamó a la institución “una estafa” y habló de “dinamitarla”. Prometió una dolarización que dejaría al BCRA sin razón de existir al peso (al que se refirió como “excremento”). En el debate presidencial de 2023 lo dijo con todas las letras. Estaba en la plataforma electoral.
Para muchos de los suyos era el corazón del proyecto económico de Milei. Dos años y pico después, ¿qué mandaría al Congreso? Un proyecto de ley para fortalecer el Banco Central. Si se aprueba, la institución que iban a demoler quedará prácticamente blindada. Pero esto es lo que ya venía pasando: el Central está más vivo que nunca, comprando reservas y operando muy activamente todos los días.
Algo parecido a lo que le pasó al Palacio Roccatagliata, una histórica casona que queda en avenida Balbín y Roosevelt en el barrio porteño de Coghlan. Mirá la foto porque es toda una definición de la reforma que quiere hacer aprobar Milei.

¿Qué ocurrió? Que la dolarización no se pudo hacer. Nunca aparecieron unos famosos 20.000-30.000 millones de dólares que decían tener apalabrado de un gran fondo de inversión, con los que iba a rescatar los pasivos de la institución y cerrarlo, para luego reemplazar al peso por el dólar. Como cerrar el Banco Central sin dolarizar es imposible, la promesa cayó en saco roto.
Entonces, ¿qué hacemos con esta institución que tiene 91 años de antigüedad? Le armamos una torre de departamentos que la rodee. Dicho de otra forma, hagamos lo que nuestros vecinos: torres de departamento modernas. Miremos en serio con qué amenities viene la cosa, porque en el trazo grueso de la obra en construcción se define el futuro del edificio. Siguiendo las afirmaciones de Milei, el proyecto se pueden resumir en tres grandes ideas (te dejo el link de X porque porque el presidente hizo público algo muy importante, pero que sólo se puede leer si tenés subscripción al medio en cuestión).
1- Modificar el mandato: cómo le digo al BCRA, que ya no lo quiero más
Hoy, la Carta Orgánica (reformada en 2012) dice que el Banco Central tiene que promover cuatro cosas: la estabilidad monetaria (que no haya inflación), la estabilidad financiera (que no explote el sistema bancario), el empleo y el desarrollo económico con equidad. Es lo que se llama un mandato múltiple.
Milei quiere borrar todo eso y dejar un solo objetivo: preservar el valor de la moneda. Es decir, que el Banco Central tenga la obligación de ocuparse exclusivamente de la inflación y de nada más. El argumento es atendible, porque cuando le pedís a la institución que persiga mil objetivos a la vez, termina sin cumplir bien ninguno.
Es cierto que el Banco Central más importante del planeta —la Reserva Federal de Estados Unidos— tiene mandato múltiple. La Fed persigue explícitamente una inflación baja y el pleno empleo. Pero hay millones de contraejemplos. Tenemos al Banco Central Europeo y a las instituciones de nuestros vecinos, todas obsesionadas sólo con la inflación.
Un banco central que sólo mira la inflación puede terminar provocando una recesión con tal de bajar un punto de precios, y esa recesión la pagás vos con tu laburo. Pero uno hiperenfocado en preservar el empleo a toda costa puede generar mucha inflación, sin necesariamente ayudar a que haya laburos de calidad.
Hoy la Argentina tiene una situación muy diferente a la de casi cualquier otro caso actual con el que nos queramos comparar (porque tenemos mucha más inflación por mucho más tiempo). En el actual contexto priorizar estabilidad de precios es una señal necesaria. Lo que hay que hacer es diseñar una política macroeconómica integral que complemente la política monetaria con una política cambiaria y fiscal que no genere efectos tan bruscos sobre la actividad (nuevamente, como hacen nuestros vecinos con Bancos Centrales independientes).
2- Limitar el financiamiento al Tesoro: por no prestarle jamás al Ejecutivo enfrentó
Este es uno de los componentes centrales del proyecto. Milei propone la “prohibición total y absoluta” de que el Banco Central financie directamente al Tesoro. Nada de adelantos transitorios, nada de Letras Intransferibles, nada de girar utilidades. Cero. Afuera.
Licuar los ahorros con la inflación destruyó nuestro mercado de capitales, y le dejó al Tesoro una única vía para financiar sus déficits: la asistencia del Banco Central. Ese instrumento se puede utilizar si se lo hace de forma esporádica y responsablemente. No es nuestro caso.
Cabe una aclaración. La historia argentina tiene un antecedente incómodo para los partidarios de la prohibición total: durante la Convertibilidad, la imposibilidad de emitir terminó con las provincias fabricando cuasimonedas (patacones, lecops y demás) porque no había liquidez. Cuando el corsé es demasiado rígido, la política se lo puede querer sacar a la fuerza.
Pero este inconveniente se resuelve evitando que la economía quede entrampada en las reglas de la Convertibilidad (o la dolarización que proponía Milei). Los países con economías más estables, como nuestros vecinos, cuentan con otros instrumentos de política para evitar llegar a tal extremo.
3- Establecer la independencia de la institución: terminar la secundaria con un promedio de diez
El tercer eje busca blindar al Banco Central del poder político, para que sea más difícil remover al presidente y a los directores, estableciendo mandatos protegidos. El objetivo es que la entidad esté aislada de las necesidades cortoplacistas del gobierno de turno, para que las decisiones monetarias no dependan del humor electoral. Porque un Banco Central que baila al ritmo de las urgencias del Ejecutivo termina haciendo políticas con costos que a la larga pagamos todos.
La independencia técnica es un valor y lo ideal es que la institución quede en manos de funcionarios probos con solvencia técnica.
Al combinar las tres cosas a la vez (independencia + mandato único + prohibición absoluta de emitir), hay un riesgo de transformar al Banco Central en un ente demasiado autónomo.
“Independencia” no puede equivaler a no rendirle cuentas a nadie. Los buenos diseños institucionales combinan autonomía con contrapesos. Esto incluye metas que se discuten con el Ejecutivo, informes al Congreso y mecanismos de control.
Y mira qué ironíaaaa
La reforma es correcta, pero me falta la frutilla del postre. En julio de 2026, mientras el Gobierno promocionaba esta reforma que promete prohibir para siempre el financiamiento al Tesoro, se publicó en el Boletín Oficial una nueva emisión de una Letra Intransferible en dólares. Exactamente el tipo de instrumento que la reforma quiere erradicar, porque el fisco básicamente fuerza a la institución a facilitarle los dólares para cumplir con su programa financiero. Un Banco Central independiente no debería realizar este tipo de operaciones.
Este pequeño incidente ilustra un punto clave. Incluso el gobierno más obsesionado con la disciplina monetaria usa, cuando lo necesita, las herramientas que dice querer prohibir.
El proyecto es muy rescatable. Ponerle límites serios al financiamiento del déficit es necesario. Darle independencia técnica al Banco Central es deseable. Sacarle la ambigüedad que sirvió de excusa para emitir, también. En eso, el diagnóstico de Milei tiene razón, y sería tonto negarlo.
La ironía final es que el proyecto termina admitiendo, sin decirlo, algo que la campaña negaba. Que un país necesita un Banco Central para hacer política macroeconómica. Ojalá que el oficialismo se despida de algunas prácticas erróneas de nuestro pasado y construya una institución verdaderamente independiente.

Por Emiliano Libman - Cenital

