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Pesce: "No hay país del mundo que tenga una Carta Orgánica del Banco Central como propone Milei"

El expresidente de la autoridad monetaria analizó los cambios que busca impulsar el Ejecutivo en el BCRA. Advirtió que prohibir las operaciones en el mercado de títulos le quitaría herramientas clave para regular la liquidez, una rigidez inédita a nivel internacional que arriesga repetir esquemas de profunda recesión.

Miguel Ángel Pesce ostenta una posición casi inédita en la historia económica reciente de la Argentina: es la persona que más tiempo ocupó la suma de la presidencia y la vicepresidencia del Banco Central en el siglo XXI. A lo largo de su trayectoria en la autoridad monetaria, le tocó gestionar bajo dos marcos regulatorios distintos: la estructura restrictiva heredada de los años noventa y la reforma impulsada en 2012, que amplió las facultades de la entidad para intervenir en el crédito y el desarrollo productivo.

En esta entrevista con Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el economista analiza en retrospectiva los aciertos y límites de cada normativa frente a la propuesta del Poder Ejecutivo. Pesce advierte sobre el peligro de empujar al BCRA hacia un extremo sin precedentes en el mundo —al quitarle la capacidad de realizar operaciones de mercado abierto— y repasa el debate entre la escuela monetarista y el doble mandato de la Reserva Federal, la experiencia de la convertibilidad y la urgencia de lograr consensos políticos de largo plazo para garantizar la estabilidad económica.

Miguel Ángel Pesce es un economista graduado de la Universidad de Buenos Aires. Fue el primer presidente del Banco Central en completar un mandato presidencial de cuatro años desde la recuperación de la democracia, manteniéndose en el cargo durante toda la gestión de Alberto Fernández. Previamente se desempeñó como vicepresidente del organismo entre 2004 y 2015, bajo las presidencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Además, ocupó cargos en la Secretaría de Hacienda de la Ciudad de Buenos Aires y en el Ministerio de Economía de la Nación.

—Miguel Ángel Pesce es, además, la persona que más tiempo ocupó la suma de presidencia más vicepresidencia del Banco Central. Creo que seguro en la historia argentina del siglo XXI, e incluso no sé si en casos anteriores. Le tocó como vicepresidente y luego como presidente estar a cargo de esa entidad con dos estatutos distintos: con el estatuto del 2012 y el anterior, el que ahora se quiere derogar. Así que es la persona que tiene más credenciales para explicarnos ventajas y desventajas que produjo el estatuto de 2012. Miguel Ángel, te escuchamos con mucha atención. Muchas gracias.

—¿Qué tal? Buenas tardes. La modificación de la carta orgánica tiene que ver con que, a partir del año 2011, la economía argentina empieza a presentar dificultades de crecimiento, fundamentalmente debido a la restricción externa —que es una restricción permanente de nuestra economía— y también a la restricción energética. Entonces, se le dan al Banco Central facultades no solo referidas a la regulación monetaria o financiera, sino también para fomentar el desarrollo económico. Se le otorgan atribuciones para regular el crédito, que fue utilizado para fomentar a las pequeñas y medianas empresas y a grandes proyectos de inversión, como así también la tasa de interés, tanto activa como pasiva. Se multiplicaron los objetivos del Banco Central: de establecer solo la estabilidad de precios, se le agregó el crecimiento con equidad, el cuidado del empleo y la estabilidad financiera. Con esta Carta Orgánica se gestionó tanto durante el gobierno de Cristina Kirchner como durante el gobierno de Mauricio Macri, luego el de Alberto Fernández y, hasta ahora, con el gobierno de Milei. Así que es una carta orgánica que no es restrictiva en cuanto a las políticas que pueden desempeñarse desde el Banco Central. La carta orgánica anterior tenía una visión restrictiva de la función que debía tener el Banco Central. Por la nota que apareció en el diario Clarín y las declaraciones que ha hecho el presidente Milei, se buscaría volver no a la carta orgánica anterior, sino a la de la gestión de la convertibilidad, con la diferencia de que en este caso no habría un tipo de cambio fijo; aunque el tipo de cambio no lo determinaría o, por lo menos, no está dicho en el artículo que publicó el presidente.

—Ahora, Miguel Ángel, independientemente de que la propuesta del presidente sería hoy volver no a la anterior de 2012, sino a la de los 90, ¿qué ventajas y desventajas en la explicación encontraste, estando en el Banco Central, en la previa a 2012 y la posterior a 2012, hoy en retrospectiva? ¿Estuvo bien eso que se hizo?

—En mi opinión estuvo bien. De todas formas, sobre lo que está planteando, por lo menos en el artículo que se publicó en el diario Clarín —hay que ver cuál es el texto definitivo del que nos enteraremos hoy a la noche o mañana—, se está estableciendo una restricción adicional: impedir que el Banco Central pueda hacer operaciones de mercado abierto con títulos públicos en el mercado de capitales. Esto quiere decir que el Banco Central no va a tener absolutamente ningún instrumento para regular la cantidad de dinero. Esta es una cláusula novedosa; no estaba en la modificación que se hizo cuando se puso en práctica la convertibilidad, aunque durante la convertibilidad tampoco se hicieron operaciones de mercado abierto. Esto le ata las manos al Banco Central en su capacidad de gestionar la política monetaria y la tasa de interés. La experiencia que tenemos con este tipo de limitaciones del Banco Central es la recesión más larga de la historia durante la convertibilidad, que comenzó en el segundo semestre del año 98 y terminó en el año 2003, cuando se derogó. En el medio hubo un fenómeno que menciona el presidente en su nota, que es la deflación; pero esa deflación, que duró tres años —con muy baja inflación en otros tres años, de menos del 2%—, terminó en un cuadro recesivo donde la desocupación primero saltó al 10%, después saltó al 17% y, sobre el final de la convertibilidad, al 22%, sin que el Banco Central tuviera ni la obligación ni la capacidad para poder contrarrestar un proceso recesivo tan severo. También, una norma tan restrictiva demostró limitaciones para afrontar shocks externos, como fue la crisis mexicana del 94, la crisis rusa del 98 y la devaluación brasileña del año 99. Así que creo que la experiencia con este tipo de restricciones demuestra sus falencias. Una cosa es la política económica y otra es tener o no las facultades en un contexto internacional tan cambiante. Yo creo que hay que darle herramientas al Banco Central para que pueda atender incluso los cisnes negros que pudieran aparecer. Si no, vamos a tener una norma que no va a durar en el tiempo porque, ante cualquiera de estos eventos, va a necesitar ser modificada para poder enfrentarlos.

—A ver, tratando de ser didácticos, voy a hacer una simplificación muy burda. Podríamos decir que hubo una carta orgánica muy restrictiva en los 90, una muy permisiva después del 2012 y una intermedia entre la salida de la convertibilidad y la de 2012. Lo estoy planteando de manera simplista, pero ¿es correcto? Y ahora habría una cuarta, muy restrictiva.

—Muy bien, así es.

—¿Creés que los dos extremos están mal y lo ideal sería volver a la anterior a la del 2012? ¿Creés que hubo excesos en darle al Banco Central responsabilidades que normalmente o en otros países no son del Banco Central? De paso te pido, Miguel Ángel, si pudieras plantear qué esquema entre estas tres alternativas —muy restrictiva, muy permisiva y medianamente permisiva o restrictiva— tienen, por ejemplo, la Reserva Federal, el Banco Central Europeo o el Banco Central de Brasil.

—Bueno, al extremo de no permitir al Banco Central hacer operaciones de mercado abierto con títulos públicos, yo no conozco ningún caso.

—O sea que sería la más restrictiva del mundo.

—No conozco ningún caso donde los bancos centrales ni siquiera puedan hacer operaciones de mercado abierto con títulos para otorgar liquidez, controlar el precio de los bonos del Tesoro y manejar la tasa de interés. Muchos bancos centrales tienen la doble función de preservar el valor de la moneda y cuidar el empleo, como lo establece la carta orgánica de la Reserva Federal de Estados Unidos. Indirectamente, la carta orgánica del Banco Central Europeo establece lo mismo, porque dice que la misión fundamental es preservar el valor de la moneda, pero a su vez señala que tiene que atender el artículo tercero de la Constitución de la Unión Europea, que habla del empleo y demás. Entonces, dentro de los objetivos, lo propuesto es extremadamente restrictivo. El Banco Central Europeo, aun teniendo la facultad de intervenir en el mercado de títulos, cometió el error cuando fue la crisis griega de no hacerlo, y casi arrastra a varios Estados europeos a una situación de insolvencia y crisis de deuda. Cuando llega Mario Draghi a la conducción del Banco Central Europeo, dice esa famosa frase de que "haremos todo lo que sea necesario" y salva a Europa de una crisis financiera y macroeconómica que seguramente iba a ser muy profunda y arrastrar incluso a países de mediano tamaño dentro de la Unión. Así que esta función es esencial para el ejercicio de las tareas del Banco Central, como así también el doble mandato, especialmente si le vas a dar autonomía. Si la única función que le establecés al Banco Central es controlar la inflación, los instrumentos que tiene para llevar adelante estas operaciones tienen carácter recesivo. El Banco Central, en búsqueda de controlar la inflación, puede llevar a situaciones recesivas profundas como las que se vivieron a partir del año 98 en la Argentina, que significaron una caída del producto del 20%, del consumo del 30% y de la inversión de más del 50%. Dado que los instrumentos que tiene el Banco Central para controlar la inflación pueden tener efectos excesivos, y sabemos lo dañinos que son los efectos recesivos en una economía; si es autónomo y solo tiene una función en la persecución de ese objetivo, se debe incluir el doble mandato para no caer en situaciones recesivas profundas, con el daño que esto le provoca a la economía, a la sociedad, a la distribución del ingreso y a la equidad.

—Permíteme ver si, de manera nuevamente para legos —y vos corregime si no lo hago bien—, vuelvo a simplificar lo que acabas de explicar. Había dos corrientes, dos países que habían pasado por dos situaciones distintas: Alemania con hiperinflación y Estados Unidos con hiperrecesión. Estados Unidos en los años 30 del siglo pasado y Alemania en una época parecida, previa a Hitler, siempre a comienzos del siglo pasado. En el caso del Banco Central de Estados Unidos, es decir, la Reserva Federal, se puso entonces el objetivo de que no haya desempleo; que el Banco Central tenga que cuidar no solamente el valor de la moneda, sino que persiga la baja del desempleo, que fue el gran problema que tuvieron en la crisis del 29. En el caso del Bundesbank, el banco alemán, por el contrario, lo único que importaba era que no hubiera inflación, porque la crisis que habían pasado y que les había dejado una marca en su historia era la inflación. El Banco Central Europeo inicialmente tiene una tradición que la toma del banco alemán, en la que era más restrictivo y no estaba tan preocupado por el tema del empleo; luego de la crisis griega y con la llegada de Mario Draghi se hace menos "alemán", por decirlo de alguna manera, y más parecido al norteamericano. Estas serían las dos escuelas de bancos centrales, y en ningún caso hay un banco central como el que propone el presidente Milei. ¿Lo estoy resumiendo bien?

—Sí, lo estás resumiendo bien. Yo creo que hacés bien en nombrar la crisis alemana de la primera posguerra y lo que ocurrió en la segunda posguerra, porque ahí en Alemania también el debate era si el problema macroeconómico que tenía Alemania se debía al déficit fiscal o al sector externo, porque Alemania era deficitaria en su sector externo. Una corriente decía: "Esto se debe a que somos deficitarios en el sector externo", y la otra decía: "Al déficit fiscal", que es un debate muy parecido al que se está dando en la Argentina. Por un lado, estamos hablando de los problemas de una economía dolarizada y que exporta poco, y del otro lado dicen: "No, no, el problema es el déficit fiscal". El acuerdo al que llegó Alemania en la segunda posguerra es un acuerdo donde nadie renunció a sus convicciones, es decir: "Bueno, tenemos que tener cierto equilibrio fiscal y también tenemos que tener una política activa fomentando las exportaciones". Con eso se logró el resurgimiento y la estabilidad que ha tenido Alemania a partir de la segunda posguerra.

—Finalmente las dos posturas convergen, en un proceso de prueba y error, en que son importantes ambas cosas. La famosa frase de Keynes: "En el largo plazo todos vamos a estar muertos". Ahora, mi pregunta siguiente es: si se puede modificar con una ley, ¿qué valor tiene desde el punto de vista de garantizar hacia futuro la estabilidad la modificación de la carta orgánica, si mañana se puede modificar con otra ley, como ya se demostró en el caso de la convertibilidad? Finalmente, si las leyes pueden ser cambiadas por un gobierno siguiente, ¿qué significancia trascendental tiene?

—Por eso creo que lo fundamental es llegar a un acuerdo.

—Exacto.

—Y lo que está ocurriendo en la Argentina es que tenemos dos fuerzas políticas que tienen alrededor del 40% del electorado, y en cada proceso electoral se pelea por una diferencia que les permita ganar la Presidencia de la Nación. Entonces, cuando llega uno va por un camino, y cuando llega el otro va por el otro camino. Me parece que habría que intentar un camino de acuerdo, especialmente en estas normas que tienen que ser trascendentes. Entonces, me parece que para los inversores, para el que mira la macroeconomía argentina, sería muy importante que, si se va a modificar la Carta Orgánica del Banco Central, se hiciera bajo un acuerdo político que contara no con una mayoría ajustada en el Congreso, sino que surgiera de un acuerdo más amplio, que es lo que no estamos viendo,

—Miguel Ángel Pesce, muchísimas gracias. Fue muy útil, muy didáctico y te mandamos un abrazo con el respeto y el cariño de siempre. Muy gentil.

—Muchas gracias a ustedes.

Fuente: Perfil