La educación moviliza destinos. Yo soy docente por eso no es lo mismo trabajar de docente, ser docente es una profesión no es una vocación, tener vocación tiene un fuerte peso simbólico y parece legitimar lo mal que nos pagan.
El exceso de vocación no paga las cuentas. La profesionalización de los docentes no ocupa un lugar destacado en la agenda de la política educativa en Argentina.
¿Vale la pena ser docente?
Sembrar árboles bajo cuya sombra no nos sentaremos, eso es la misión del educador. La vocación clásica es la que responde a un ideario religioso. Los profesores no son respetados por muchos al mismo nivel que otros profesionales. Cada docente llegó a esta increíble profesión con un deseo… y casi todos coincidimos en que anhelábamos mejorar el mundo. Es innegable que aquellos docentes que sentimos una verdadera pasión por enseñar pueden crear un ambiente de aprendizaje más enriquecedor. Sin embargo, reducir la calidad de la enseñanza a una cuestión de vocación puede ser problemático porque se ve a la vocación como un sacerdocio y no como una profesión y lo hace precario a la misma profesión. La vocación moderna tiene una doble acepción: una de corte social y otra individual. La vocación moderna de corte social revela una conexión con una necesidad social (Sullivan, 2005; 2016).
Hoy ser docentes es ser considerado como un viacrucis que te llevará a ‘recibir golpes por el vacío de autoridad impuesto por los propios gobiernos’ actualmente los docentes no somos respetados al mismo nivel que lo harían con un ejecutivo o un abogado. La vocación facilita la tarea, porque gusta y la elegimos, pero esa preeminencia no contraría para que esta se realice con profesionalidad, con rigor, con seriedad. Profesión y vocación deben ser complementarias, no solo vocación, pero como quiero que las cosas cambien digo en educación sostengo también "Quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo" (Frankl, 1946).
Por Daniela Seisdedos - Revista El Arcón de Clio

