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La morosidad en empresas se quintuplicó, golpea los balances y advierten por el impacto

La cadena de pagos empieza a mostrar señales de estrés: construcción y comercio lideran los incumplimientos, mientras los bancos endurecen el crédito

La realidad de la economía es muy dinámica. Hoy en día, la foto más incómoda para la administración Milei ya no aparece en la inflación ni en el dólar. Empieza a verse en los balances de las empresas.

Después de casi tres años de fuerte ajuste y de una recuperación muy desigual entre sectores, la morosidad del crédito corporativo se multiplicó por cinco y encendió una luz amarilla sobre la salud financiera de miles de firmas, especialmente de las pequeñas y medianas empresas.

La mora en las empresas

Hoy existe un cambio de clima en distintos sectores en relación a la salud crediticia de las compañías.

El 3,7% de los préstamos otorgados a empresas ya presentaba retrasos superiores a 90 días, cuando ese ratio era de apenas 0,7% a fines de 2024.

Un informe a clientes de la consultora Equilibra destacó que si bien todavía está lejos del récord del 8,1% alcanzado durante la crisis de 2020 —con el default de Vicentin, el cepo duro y la cuarentena—, existe un alerta por la velocidad del deterioro crediticio.

Este salto se dio luego de una expansión del financiamiento bancario a las empresas.

Desde la llegada de Milei, el crédito a las empresas pasó del 5,7% al 9,8% del PBI, impulsado principalmente por los préstamos en dólares, que ya representan más de un tercio del total.

Los sectores que quedaron atrás

La mora no golpea a todos por igual. Tal como viene ocurriendo con la propia economía real, aparecen con claridad dos Argentinas productivas. Y eso queda claro en el reporte de Equilibra.

De un lado, los sectores ganadores del nuevo modelo —minería, energía y servicios financieros— muestran niveles casi insignificantes de incumplimiento, inferiores al 0,5%.

Del otro, construcción y comercio encabezan el ranking de dificultades para pagar sus créditos, con tasas de mora del 7,7% y 6,5%, respectivamente. La industria manufacturera se ubica en torno al promedio, aunque con enormes diferencias entre ramas.

El caso industrial resulta ilustrativo. Mientras terminales automotrices y fabricantes de transporte exhiben una mora de apenas 0,4%, el sector textil y del cuero alcanza un preocupante 14,6%, convirtiéndose en el rubro más comprometido del entramado fabril.

Son precisamente las actividades más expuestas al consumo interno las que todavía no lograron recuperar los niveles de producción previos al cambio de gobierno, una tendencia que ya había quedado reflejada en los últimos informes sobre industria, construcción y comercio.

El problema acecha a las PyMEs

El mayor foco de preocupación está lejos de las grandes compañías. La irregularidad de pagos se concentra casi exclusivamente en las PyMEs.

La mora varía drásticamente según el tamaño del crédito:

  • Entre las empresas que tomaron créditos inferiores a $5 millones, la mora alcanza el 9,3%
  • En los préstamos de entre $5 y $200 millones baja al 7,6%
  • Las firmas de mayor tamaño muestran un ratio mucho más bajo, de apenas 1,8%

En otras palabras: cuanto más chica es la empresa, mayor es la probabilidad de incumplimiento.

El deterioro también se observa en la cantidad de compañías afectadas.

En apenas dos años, las empresas con deudas en situación irregular pasaron de 16.200 a casi 37.500 CUITs, lo que equivale al 13,4% del universo de firmas endeudadas. Entre las PyMEs que operan con avales de Sociedades de Garantía Recíproca, los casos en mora prácticamente se triplicaron.

La cadena de pagos empieza a tensionarse

El dato más revelador quizás no sea el bancario, sino el que surge del funcionamiento cotidiano de las empresas.

Según el Observatorio PyME, los atrasos en pagos a proveedores, impuestos y bancos se duplicaron entre el tercer trimestre de 2025 y el segundo de 2026. Paradójicamente, dejar de pagar al banco sigue siendo la última opción: el 8,6% reconoce atrasos financieros, contra el 15,3% que demora pagos a proveedores y el 17,3% que posterga obligaciones impositivas.

Esa secuencia describe con bastante precisión cómo funciona el estrés financiero: primero se estira el plazo con proveedores, luego se difieren impuestos y recién al final aparece el incumplimiento bancario, porque perder el acceso al crédito puede dejar a una empresa fuera del sistema.

A eso se suma otro elemento inquietante: las propias entidades financieras comenzaron a endurecer las condiciones para otorgar nuevos préstamos, lo que seguramente tendrá implicancias negativas en la actividad económica.

Por Claudio Zlotnik - IP