Misiones Para Todos

Mercenarios, una industria gris en el punto de mira

La existencia de soldados mercenarios es tan antigua como la propia guerra, pero el conflicto en Ucrania les ha dado una nueva visibilidad, y cierta relevancia para América Latina.

A lo largo de la historia han sido habituales los ejércitos de mercenarios: los usaron Aníbal en su guerra contra Roma y la Monarquía Hispánica en el saqueo de la Ciudad Eterna más de mil años después. Las guerras de Afganistán e Irak, con la polémica participación de los soldados de Blackwater y otras compañías militares privadas, sacaron de nuevo a la luz esta realidad hace dos décadas. Tras unos años en segundo plano, el tema vuelve a ganar relevancia.

"Viene desde hace mucho tiempo; las dinámicas han cambiado, el fenómeno ha evolucionado y, recientemente, la guerra entre Rusia y Ucrania le ha dado más visibilidad, pero no es nuevo", explica Andrés Macías, investigador de la Universidad Externado de Colombia. Desde hace tiempo hay una "privatización de los servicios militares y de seguridad a nivel global", un proceso que ha llevado a la formación de grandes corporaciones privadas de servicios militares.

Ofrecen ventajas operativas como disponer de personal adiestrado y bien equipado de forma inmediata, a un coste menor que el despliegue de fuerzas convencionales. Y, además, permiten a un país actuar sin involucrarse oficialmente en un conflicto o minimizando el número de bajas del Ejército, ya que no se contabilizan como tales. Esto ha hecho que sean ya una parte importante del mapa de las relaciones internacionales globales.

Un negocio difícilmente cuantificable

Sin embargo, resulta imposible cuantificar el tamaño de este negocio. "No hay un dato cien por cien confiable sobre eso, porque estamos hablando de una industria que no está regulada y que nadie supervisa", afirma Macías. "Lograr caracterizar ese mercado es muy difícil y no existe en este momento una forma de hacerlo de manera objetiva, cualquier aproximación sería incompleta y podría llevar a percepciones que no son reales", añade.

Solo en Rusia, donde la constitución prohíbe su creación, el ucraniano Instituto de Inteligencia Molfar calculaba en 2023 la existencia de 37 de este tipo de ejércitos privados, que operaban en 34 países, siempre con el beneplácito del Kremlin. Su aparición en Crimea en 2014 fue su salida al escenario contemporáneo mundial. El más conocido es el Grupo Wagner, ahora rebautizado como Africa Corps después de la muerte de Yevgueni Prigozhin, pero hay muchos otros, como los creados por la empresa Gazprom para la seguridad de sus instalaciones fuera de Rusia.

Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China o incluso Turquía (con SADAT), entre otros, cuentan también con grandes compañías militares privadas más o menos vinculadas al Gobierno. "Pero hay muchas más empresas en todo el mundo que realizan diferentes actividades militares y de seguridad privada, lo que hace que sea muy difícil lograr establecer esa caracterización del panorama del mercado mundial", explica Macías, quien recuerda que muchas también operan dentro de una completa legalidad y no atentan contra los derechos humanos.

Entre la completa legalidad y "una enorme zona gris"

Un ejemplo de operación legal lo aporta la compañía española Delta13Sec, especializada en servicios de inteligencia, seguridad y escolta, que ofrece también en zonas en conflicto. Su director, Vicente de la Cruz, no puede hablar de sus operaciones actuales por motivos de confidencialidad. "Pongo un ejemplo de hace tiempo: proteger un convoy de la ONU en Sierra Leona, con material sanitario, desde el puerto hasta una zona a doscientos kilómetros en el interior", recuerda. "Ahí lo que hacemos es contratar personal con experiencia militar, que sabe manejar armamento, y se hace el servicio", resume.

"Son misiones que se están haciendo constantemente y, como se pueden imaginar, hay una enorme zona gris", admite De la Cruz sobre este negocio. "Si se trata de proteger un convoy de diamantes, pues les digo que no me interesa, porque sé que eso entra en esa zona gris", añade. Pero hay contratistas que sí aceptan este tipo de trabajos. De hecho, en la propia Sierra Leona, se llegó a pagar a estos ejércitos de mercenarios con concesiones mineras. Y, hoy día, algunas de esas tropas irregulares rusas desplegadas en África se autofinancian con el oro o las piedras preciosas extraídas en las zonas que controlan.

Esa zona gris de la que habla este contratista español se vuelve, además, muy oscura en algunos casos. En África, las fuerzas militares privadas han participado en innumerables golpes de Estado durante todo el siglo pasado. En el continente americano, la contratación de mercenarios colombianos para el asesinato del presidente de Haití demostró que estas prácticas no son cosa del pasado. Según Naciones Unidas, diez mil colombianos han sido reclutados como mercenarios en los últimos años.

De la Cruz, que lleva tres décadas dedicado al negocio de la seguridad, pero que antes se curtió como militar en el trabajo de escolta, admite cierto paralelismo en España con el caso colombiano, donde el proceso de paz con la guerrilla y las nuevas formas de abordar el conflicto dejaron miles de soldados

"Aquí, luchando contra ETA y otras organizaciones terroristas, se adquirió una experiencia tremenda", explica De la Cruz. Miles de escoltas quedaron sin trabajo y buscaron como alternativa la industria de la seguridad. "Cuando estás internamente en algo, a veces no te das cuenta del valor del conocimiento que tienes hasta que vas a otros países y empiezas a trabajar", cuenta.

¿Cuánto gana un mercenario?

La mayoría de estas empresas militares y de seguridad privadas están formadas por exmilitares, aunque también se encuentra a antiguos policías y civiles. Muchas ofrecen sus propias capacitaciones a través de internet, como EBSSA, con sede en Serbia y delegación en México, que ofrece un "curso de contratista militar privado" por 2.450 euros en Sudáfrica. O Alfa-Metal, con sede en Bulgaria, que cifra en 750 dólares al día el sueldo de un "contratista" (eufemismo para referirse a los mercenarios profesionales) "al ser desplegados en un país con misiones peligrosas".

No es una cifra desorbitada. Según un informe reciente del Instituto Español de Estudios Estratégicos, durante la guerra de Irak, la compañía británica Erinys llegaba a pagar mil dólares al día a exmiembros de la policía de élite de Sudáfrica para la formación de reclutas. Y las tareas de formación, a veces, encubren también la participación directa en combates, según cuentan algunos implicados en videos que circulan en internet: qué mejor entrenamiento que las operaciones reales.

De acuerdo con la web de la Legión Internacional para la Defensa de Ucrania, los extranjeros que combaten en este país pueden ganar hasta 4.800 dólares al mes si están desplegados. Pero estos no son técnicamente mercenarios. "El mercenario está definido en la Convención contra los Mercenarios y tiene una definición específica de cinco componentes acumulativos", explica Andrés Macías, de la Universidad Externado de Colombia. Entre ellos, se incluye que "no sea miembro de las fuerzas armadas de una parte en conflicto".

Los inicialmente veinte mil combatientes extranjeros alistados en Ucrania no son mercenarios al "formar parte de una línea de mando de una fuerza regular", aclara Macías. Las cifras más recientes de las autoridades ucranianas hablan de 16.000 foráneos procedentes de 72 países, aunque el 40 % de ellos son de países latinoamericanos.

Que los extranjeros se integren en un ejército regular, incluso formando sus propias unidades, es algo habitual. El ejemplo arquetípico es la Legión Extranjera francesa. "En Estados Unidos, esa práctica existe hace mucho tiempo y nunca se dice que son mercenarios", pone como ejemplo también Macías, quien recuerda que los reclutas extranjeros allí adquieren así "privilegios y se les concede la nacionalidad" estadounidense.

"Prácticas de reclutamiento predatorio"

Acuciadas por la invasión rusa, las fuerzas ucranianas se apresuraron a formar sus propios pelotones de extranjeros reclutando, principalmente, gente con experiencia militar a través de las embajadas, pero también con empresas como Ukraine Join Army. Rusia también desplegó un enorme esfuerzo para reclutar soldados en todo el mundo, recurriendo incluso a engaños, como han denunciado algunas de las víctimas.

Y esta es una de las nuevas facetas del negocio de los mercenarios, lo que Macías llama "prácticas de reclutamiento predatorio", apoyadas en las nuevas tecnologías y las redes sociales, que llevan a "reclutar personas por su condición de vulnerabilidad, económica o social". Sobre este tema trata precisamente uno de los últimos informes temáticos del Grupo de Trabajo sobre Mercenarios de Naciones Unidas, uno de cuyos cinco expertos internacionales es el propio Andrés Macías.

Macías explica que el Grupo de Trabajo realiza este tipo de informes, cuyas temáticas reflejan la variada problemática que supone el tema de los mercenarios, desde las relaciones con el crimen organizado (con una creciente presencia entre los cárteles del narcotráfico) y el terrorismo, hasta su impacto sobre el derecho a la libre determinación de los pueblos y otros derechos humanos. Recuerda que también realizan visitas oficiales a países involucrados. La última de estas visitas, cuyos resultados serán publicados este mes, fue a Colombia, precisamente el último país en firmar la Convención contra los Mercenarios.

Sobre todo, destaca que también están habilitados para recibir denuncias "por acciones ocasionadas por mercenarios o por actividades relacionadas con el mercenarismo, o por compañías militares y de seguridad privadas", y anima a que se utilice esta posibilidad si se ha sido víctima de alguna de ellas. Sin embargo, lamenta, a pesar de varias iniciativas para regular internacionalmente estas prácticas, como el documento de Montraux o el certificado de buenas prácticas ICoCA, no hay todavía ningún "instrumento vinculante" que lo haga. La guerra tiene sus propias normas.

Por Luis García Casas - DW