Misiones Para Todos

De Rockefeller a "Make Cuba Great Again"

Una cronología que va de la gira de Rockefeller por América Latina, en 1969, a los jóvenes cristianos cubanos de 2026 con gorras rojas, y que desemboca en una pregunta sobre la fe como herramienta política.

En Cuba crece la presencia de mensajes cristianos que mezclan religión y política. Hablan de Dios, de libertad y de protestas, levantan la consigna «Make Cuba Great Again», dirigen llamados a Donald Trump y a Marco Rubio y se reúnen con representantes de Estados Unidos. La suma de esos elementos obliga a mirar hacia atrás, y bastante atrás: hasta 1969.

Aquel año Richard Nixon envió a Nelson Rockefeller de gira por América Latina. En la región, sectores importantes de la Iglesia católica dejaban de ser una institución cómoda con el poder y empezaban a hablar de pobreza, desigualdad, justicia social y transformación política. Era el momento de auge de la Teología de la Liberación, y el fenómeno preocupó en Washington. Tanto que el 12 de julio de 1969 Nixon ordenó oficialmente un estudio sobre «The Church in Latin America».

El encargo recayó en la CIA, y la orden no se limitaba a los católicos: pedía analizar también a los «grupos no católicos y misioneros». El documento figura hoy publicado en los archivos históricos del propio Departamento de Estado. Meses después, la agencia entregó su informe. Entre sus conclusiones estaban que la Iglesia católica se había convertido en una de las principales fuerzas de cambio en América Latina y que los sectores religiosos progresistas ganaban influencia. Washington observaba, además, que aquellas transformaciones podían alimentar sentimientos contrarios a la política estadounidense.

Cincuenta y siete años más tarde, el escenario es Cuba. La National Endowment for Democracy (NED), financiada por el Congreso de Estados Unidos, declara que en 2026 destina seis millones de dólares a más de cuarenta organizaciones relacionadas con la isla. Entre sus líneas de trabajo figura la libertad religiosa, y el propio informe de la entidad precisa lo que eso significa: que sus socios aumenten la coordinación entre líderes de distintas denominaciones y los ayuden a crear espacios comunitarios donde los ciudadanos puedan reunirse, discutir sus preocupaciones y organizarse para defender sus libertades. El informe habla también de coordinar a dirigentes pro estadounidenses dentro de Cuba y de conectarlos con organizaciones de América Latina. La NED ha explicado, además, que considera que los líderes religiosos pueden contribuir a construir coaliciones amplias alrededor de objetivos estadounidenses. La fuente de todo esto no es la prensa oficial cubana, sino la propia NED.

En La Habana, en los últimos meses, jóvenes que se presentan públicamente desde su fe cristiana hablan de libertad, movilización ciudadana y cambio político. Entre ellos figuran Anna Bensi y el grupo Fuera de la Caja, que exhibe una imagen que cualquiera familiarizado con la política estadounidense reconoce de inmediato: gorras rojas con la leyenda MAKE CUBA GREAT AGAIN, la versión cubana del MAKE AMERICA GREAT AGAIN de Trump.

La historia no termina en una gorra. En abril, Bensi e integrantes de Fuera de la Caja participaron, junto con otras figuras, en un mensaje dirigido directamente a Trump y a Rubio en el que solicitaban ayuda para «reclamar» Cuba y volvían a la idea de hacerla grande otra vez. Después, el entonces jefe de misión estadounidense en La Habana, Mike Hammer, se reunió con ellos, en una reunión pública. Hammer les contó que había estado recientemente con Rubio, que este le había dicho que iba a reunirse con ellos y que les mandaba «saludos y ánimo». Les dijo también que tenían amigos en la Embajada de Estados Unidos.

Del otro lado del estrecho de Florida, el mismo lema aparece en movilizaciones donde algunos participantes han ido bastante más lejos. Reuters y medios locales documentaron a manifestantes que reclamaban de manera directa una intervención estadounidense en Cuba, con carteles que decían «INTERVENE NOW. NO DIALOG».

Ordenados, los datos forman una secuencia. En 1969, Washington estudia el papel político de la religión en América Latina, y Nixon ordena a la CIA investigar incluso a los grupos religiosos no católicos y a los misioneros. Décadas después, instituciones estadounidenses financian programas vinculados con la libertad religiosa, el liderazgo y la organización ciudadana. En 2026, la NED declara millones de dólares para programas relacionados con Cuba, e incluye entre ellos la coordinación de líderes religiosos y de espacios donde los ciudadanos puedan organizarse. Ese mismo año, jóvenes cristianos dentro de la isla aparecen con el lema MAKE CUBA GREAT AGAIN, participan en mensajes dirigidos a Trump y a Rubio y reciben a representantes estadounidenses que les transmiten los saludos y el ánimo de Rubio. A ambos lados del estrecho, el mismo mensaje político.

De ahí surgen las preguntas. Si el mensaje es cristiano, ¿cómo se concilia con el apoyo a Trump? ¿En qué momento Cristo terminó compartiendo gorra con MAGA? ¿En qué evangelio aparece que la solución para un país deba buscarse pidiendo ayuda al gobierno de otra potencia? ¿Y hasta dónde conduce una convocatoria permanente a la confrontación cuando, al otro lado del estrecho de Florida, existen sectores que reclaman abiertamente una intervención?

 Una protesta puede comenzar con teléfonos y consignas, pero una confrontación política llevada al extremo la pagan personas de carne y hueso: cristianos, ateos, comunistas, opositores y, sobre todo, familias cubanas que no tienen nada que ver con Washington, con Rubio, con la NED ni con las disputas políticas de Miami.

Nadie pide creer en una conspiración. Lo que se expone son fechas, documentos estadounidenses, dinero reconocido públicamente, reuniones públicas y un mismo mensaje político que aparece. En un papel, la cadena queda así: 1969, Rockefeller, Nixon, CIA, religión y política en América Latina; 2026, NED, programas de libertad religiosa y organización ciudadana, jóvenes cristianos, MAKE CUBA GREAT AGAIN, Trump y Rubio, Embajada de Estados Unidos. Nadie dice qué hay que pensar, pero tampoco cabe mirar todo eso sin hacerse preguntas. Quizá la cuestión no sea si estos jóvenes creen en Dios. La cuestión es otra: ¿quién termina convirtiendo la fe en una herramienta política? Ante tantas casualidades juntas, como se dice en el campo, se ata el caballo.

Por Ignacio Stankewitsch