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Del fuego a la inteligencia artificial

Probablemente el control del fuego sea el hito más importante en la historia de la evolución intelectual de la humanidad. Los primeros homínidos que controlaron y utilizaron el fuego pertenecieron a la especie Homo erectus, quienes habitaron el planeta entre hace 1,8 millones y unos 200.000 años. En sus inicios, solo supieron mantener vivo el fuego que proveía la naturaleza, ya que no tenían la capacidad de crearlo. Pasó el tiempo, y fue hace unos 400.000 años cuando los neandertales y, posteriormente, los Homo sapiens aprendieron a encenderlo de manera intencional mediante fricción o percusión.

Este acontecimiento fue fundamental para el desarrollo del intelecto humano: permitió cocinar los alimentos, facilitar la digestión y mejorar el aprovechamiento de los nutrientes. Este cambio metabólico favoreció significativamente el crecimiento del cerebro. Asimismo, el fuego les brindó luz, calor y protección frente a los depredadores, lo que impulsó la vida social y la cooperación. La energía que se ahorró al evolucionar hacia un sistema digestivo más pequeño y eficiente se redirigió por completo a potenciar el desarrollo de un cerebro más grande y complejo. Así nació el germen del conocimiento futuro.

Con el aprendizaje, la capacidad creativa del ser humano fue creciendo y llegó el momento de la rueda. Su primer uso fue horizontal, en la alfarería, y ocurrió en la Mesopotamia (actual Irak) alrededor del 4500 a.C. Sin embargo, se necesitaron unos cientos de años más —aproximadamente en el 3500 a.C.—para que en la misma región o en Europa oriental se incorporara el eje fijo, convirtiéndola en el componente de los primeros carros que cambiarían para siempre el comercio y la movilidad humana. Para cuando la rueda se difundió, la humanidad ya dominaba la agricultura, la ganadería, la navegación a vela y la metalurgia del cobre.

Hay quienes afirman que el conocimiento evolucionó siguiendo una lógica de necesidad: primero se inventaron las herramientas para sobrevivir y organizarse, luego para administrar grandes imperios y, finalmente, para perfeccionar la destrucción y la conquista militar. Valgan los siguientes ejemplos históricos:

El conocimiento fundacional

La antigua civilización sumeria fue precursora en el desarrollo del conocimiento. Su cultura esplendió entre los años 4500 a.C. y 1750 a.C. en el sur del actual Irak y parte de Kuwait. Ellos inventaron la escritura cuneiforme, una herramienta que nació de la necesidad de registrar excedentes agrícolas, contabilizar sacos de granos, archivar relatos históricos y redactar leyes escritas.

Sin perderles pisada, les siguieron los antiguos egipcios. Con una larga historia que se consolidó formalmente hacia el 3100 a.C. y se extendió hasta el 30 a.C., inventaron el papiro: un soporte de escritura liviano, fácil de transportar y

fundamental para los registros administrativos que reemplazó a las pesadas tablillas de arcilla. Además, perfeccionaron la geometría aplicada y el cálculo numérico.

Transferencia y secreto tecnológico

Durante un período relativamente corto y expansivo, entre aproximadamente los años 1600 a.C. y 1200 a.C., el Imperio hitita habitó partes de las actuales Turquía, Siria y El Líbano.

Los hititas adoptaron la escritura cuneiforme sumeria para su propio idioma, pero su principal logro fue el conocimiento químico y técnico de la metalurgia: aprendieron a calentar el mineral de hierro a temperaturas mucho más altas que las requeridas para el cobre y a templarlo con agua para endurecerlo. Esto les permitió rediseñar el carro de guerra, moviendo el eje de las ruedas hacia el centro para soportar más peso y dotarlo de mayor velocidad. El conocimiento ya no solo servía para construir, sino también para conquistar.

La industrialización de la guerra y la logística

Los asirios, quienes habitaron también la Mesopotamia e imperaron con fuerza entre los años 1300 a.C. y 600 a.C., supieron aprovechar los conocimientos desarrollados por las civilizaciones precedentes, pero los orientaron hacia las artes bélicas. Inventaron la ingeniería del asedio y crearon las primeras redes de caminos con estaciones de relevo de caballos para agilizar las comunicaciones imperiales. También recolectaron el saber de otras culturas y lo resguardaron en la famosa Biblioteca de Nínive.

No se puede cerrar este gran concierto del conocimiento antiguo sin mencionar a las culturas griega, romana, india y china. Los griegos nos dejaron el legado de la filosofía y el pensamiento crítico; con ellos nacieron las bases de la ciencia moderna, las matemáticas  axiomáticas    y el concepto de democracia. Además, fueron maestros en las artes y la literatura. Por su parte, los romanos establecieron el derecho civil, crearon   el   sistema republicano y desarrollaron de  forma monumental  la  ingeniería  civil,  la arquitectura y la medicina militar.

Por otro lado, las milenarias civilizaciones de  la  India  y  China  cedieron  a  la humanidad conceptos fundamentales en matemáticas, astronomía, filosofía y tecnología. Los indios crearon el sistema posicional decimal, desarrollaron el concepto del «cero» como número y sistematizaron la medicina Ayurveda. Mientras tanto, los chinos nos heredaron el papel y la imprenta de tipos móviles de arcilla y madera, así como la pólvora —que cambió por completo la ingeniería, la minería y el arte de la guerra en todo el planeta— y la brújula, que posibilitó las grandes exploraciones marítimas y transoceánicas.

El salto a la modernidad

Varios milenios pasaron desde que recibimos estos primigenios conocimientos. En el ínterin, el mundo cambió de forma acelerada. El conocimiento se expandió por Europa gracias a la introducción de la imprenta de tipos móviles metálicos por Johannes Gutenberg alrededor de 1440. En 1492, la llegada de Cristóbal Colón a América conectó los hemisferios. A partir de la Paz de Westfalia en 1648 nació la idea del Estado-nación moderno, consolidada entre los siglos XVIII y

XIX. Ya en el siglo XX, en 1969, el ser humano pisó la Luna por primera vez. En 1956, John McCarthy acuñó el término «Inteligencia Artificial» en la Conferencia de Dartmouth. Décadas más tarde, los sistemas se perfeccionaron gracias al desarrollo de las redes neuronales artificiales y el aprendizaje profundo (deep learning). Hoy en día, la sociedad observa con asombro y preocupación hacia dónde nos llevará esta tecnología.

Conclusión

La historia de la evolución humana nos indica que una mejor alimentación permitió al ser humano desarrollar significativamente su capacidad intelectual. Así comprendió que no debía vivir aislado, sino en cooperación con sus congéneres, y que el trabajo y la salud son pilares fundamentales para el desarrollo de las sociedades.

Esto solo se sostiene a través del conocimiento; por ello, históricamente se formaron maestros, se crearon escuelas y, más tarde, universidades y centros de investigación. Este es el siglo del conocimiento: las naciones que lo lideren serán dominantes. Aquellas que dejen de lado la alimentación, la salud, el empleo y la educación de su pueblo, priorizando una economía al servicio de unos pocos, terminarán pareciéndose al Homo erectus, pero con celular. Solo obtendrán lo que otros decidan darle

Por Julio Stampone