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De "fenómeno barrial" a indeseable mundial

Tras consolidarse como una figura de la extrema derecha global, el presidente argentino enfrenta un marcado desgaste político. El rechazo de líderes europeos, la pérdida de diplomacia y la caída de su popularidad en las encuestas marcan el fin de su etapa de estrella internacional.

Ni bien surgió la figura de Milei, se transformó en una suerte de rockstar de la extrema derecha internacional. Viajaba por el mundo dando conferencias a sala llena, mientras miles de jóvenes de distintos países gritaban su nombre. Imitadores en Europa, Israel y hasta Japón hacían humor con sus ocurrencias, y todos querían su foto con el hombre de la motosierra. Milei reposteaba cada uno de estos eventos ironizando con la frase “fenómeno barrial” atribuida a López Murphy. A casi tres años del inicio de su mandato, la realidad es bien distinta.

La derecha española no lo quiso recibir. El rey de España formalmente declinó la invitación, indicando que primero debe juntarse con el presidente español Pedro Sánchez, un personaje al que el libertario aborrece.

En Brasil, la cosa no es menos embarazosa. Lula, en el debate previo al balotaje, le preguntó a Flávio Bolsonaro si defiende el modelo Milei, y este esquivó la respuesta.

Del otro lado de la cordillera, un funcionario chileno del gobierno de extrema derecha de Antonio Kast dijo que “Milei es un loco”. Esto, en relación a la polémica por un barco de este país que provee a los isleños en Malvinas.

Para colmo, sus diatribas contra la idea de que quienes dicen que no llegan al día 20 mienten porque nadie podría vivir 10 días sin comer ni beber se transformaron en un meme y ridiculizaron aún más su imagen.

El dicho indica que nadie es profeta en su tierra, pero ahora Milei no es profeta en todo el planeta Tierra.

Y si siempre se muere de éxito, como sostenía Peter Drucker, porque las personas tienden a repetir y hasta profundizar aquello con lo que habían tenido éxito, en el caso de Milei tiene otro componente especialmente dañino para él, porque desde el primer día de su presidencia, convertirse en una estrella internacional para garantizarse un futuro como expresidente de conferencista demandado hizo que viajase todo el tiempo para sembrar su imagen con el objetivo de cosechar en el futuro, y se le empieza a desvanecer el capital reputacional que aspiraba a construir.

Vamos a recordar hace dos años, cuando Milei viajaba a España y era una celebrity.

No hay otra cumbre para compararlo, ni siquiera una conversación bilateral para comparar los gestos de Santiago Abascal. Lo que sucedió fue la siguiente conferencia de prensa.

Realmente es lastimosa la imagen que está dando nuestro presidente. Obviamente quiso reunirse con Santiago Abascal, líder del partido Vox, pero este lo esquivó con una excusa insólita. Abascal dijo que no podía recibir a Milei porque está de precampaña electoral en La Coruña, a 500 kilómetros de Madrid. Es decir, una hora en avión.

Abascal y su partido Vox no son el principal candidato a gobernar España, sino el Partido Popular, y aun así no acomodó su agenda para recibir al presidente de otro país, como si viniese a la Argentina el presidente de un país cuya ideología fuera similar a la de Sebastián Lacunza y este se excusara de recibirlo porque estaba en Necochea.

Esto que vimos recién de hace dos años es particularmente revelador. En 2024, cuando Milei visitó a Abascal, fue un acto de generosidad. Su popularidad estaba por las nubes y la del líder de Vox, por el suelo. Las encuestas le daban mal y Milei fue a respaldarlo en un momento difícil.

Ahora, que el que cae en la consideración popular es Milei y el que está relativamente mejor es Abascal, el trato no es recíproco.

Probablemente estos desengaños con las personas hagan que Milei quiera tanto a sus perros. Un personaje como el presidente, profundamente solo, cuya relación con el resto ha sido traumática, tuvo su pequeño momento de magnetismo con el resto y luego, tras un desgaste político moderado, vuelve a la misma historia de siempre. Más allá de lo en contra que uno puede estar de su política, la realidad es que si hacemos el esfuerzo de intentar viajar dentro de su cabeza, de su historia de vida, se entiende cómo se formó esa coraza de resentimiento hacia el resto.

Tampoco Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular, recibió a Milei ni hizo ninguna mención a su visita. Sucede que la motosierra de Milei como símbolo político no solamente está en un mal momento de imagen a nivel nacional; llega en un pésimo momento en la situación española en particular y europea en general.

Sintéticamente, podemos decir que los europeos están generando estallidos sociales por el retroceso del Estado de bienestar que supo ser la envidia del mundo. Los ciudadanos de Francia, España e Italia, entre otros países, desde la posguerra hasta entrado el siglo XXI vivieron como nunca en su historia.

Hace años que esto se está desmontando gradualmente, y las jóvenes generaciones no toleran esta situación y toman las calles.

En particular, Pedro Sánchez, al ver el estallido de las marchas por los precios de los alquileres, mandó un conjunto de medidas para paliar esta situación y, al no recibir el apoyo de la derecha en el Parlamento, adelantó las elecciones para hacer nítida la discusión.

Frente a las demandas sociales se puede intentar satisfacerlas o hacer más recortes, como dice la derecha. Es una campaña incómoda para Vox y el Partido Popular.

En ese contexto llega Milei con la motosierra a decir que lo mejor es seguir haciendo recortes. Paralelamente llegan las imágenes de Argentina con las persianas de locales cerrados y cuadras de fila para pedir puestos de trabajo en el conurbano.

Además, hay que terminar de darle dimensión al destrato que recibe Milei. Es un presidente, viaja a España y no lo quiere recibir el jefe del Estado —que es el rey— ni tampoco los líderes de la oposición. A nivel de jerarquía política es un desconocimiento de su investidura muy importante. Probablemente en algo tenga que ver que Milei mismo hace mucho por destruirla, insultando a todo el mundo y comportándose como si fuese un troll de redes.

Lo más natural es que se reuniese con su par, pero Milei decidió insultarlo. Hablando de Pedro Sánchez, quien se encuentra en una situación muy difícil por los casos de corrupción, con mucha habilidad utilizó la visita de Milei y la incomodidad que genera en la derecha para refrescar su campaña. Miremos el siguiente video.

Realmente Sánchez es un político hábil. Veremos si le resulta, pero muy evidentemente lo que vemos en esta columna es visto tanto por los aliados de Milei como por sus adversarios. ¿Lo verá el propio Milei o realmente le creerá a la derecha española todas sus excusas?

Ahora, estos gestos y sutilezas tienen un sustrato medible. Esta sensación de que Milei es una mancha venenosa fue medida y estudiada.

A nivel local, el mandatario argentino atraviesa una etapa de desgaste en los sondeos de opinión, reflejando el impacto de las severas reformas económicas y el ajuste fiscal implementados durante su gestión. Diversas consultoras locales señalan que la desapropiación de su gobierno roza el 59%, dejando su imagen positiva consolidada en torno al 36%. Cuando se contrasta esta cifra con el escenario regional de América Latina, la posición de Milei sufre un deterioro significativo. Según el monitoreo periódico de la consultora CB Global Data, el mandatario argentino se sitúa en el puesto 14 de un total de 18 presidentes evaluados. Se ubica en el tramo inferior de la tabla, lejos de los líderes con mayor respaldo popular de la región, como la mexicana Claudia Sheinbaum o el salvadoreño Nayib Bukele, quienes encabezan el ranking superando el 65% de aprobación. El nivel de rechazo hacia Milei lo coloca cerca de mandatarios con serias dificultades políticas en la región, compartiendo los escalones más bajos con referentes de Uruguay, Venezuela y Guatemala.

Volviendo a la visita en España de Milei, recordemos cómo reacciona cuando una periodista le pregunta justamente sobre lo que es evidente para todos.

Más allá de lo agresivo del presidente —algo a lo que nos tiene lamentablemente acostumbrados—, centrémonos en su imagen. Tiene un aspecto muy poco saludable, toda la cara transpirada e hinchada. Ayer reparábamos más en este punto, pero sigue resultando inquietante.

En política, la herramienta con la que se interviene en la arena de disputa de las ideas es el propio cuerpo. Los políticos viven situaciones de mucho estrés y emociones fuertes. En general, un dirigente al nivel de Milei es alguien duro, ateflonado, que resiste la presión y siempre está radiante. Es parte de su trabajo resultar convincente y fuerte. Ahora, veamos una imagen del video de recién.

Esta foto expresa un pésimo momento político, de mucho desgaste, y un mal momento personal. Este no es el Milei de hace dos años. Esto no significa que esté derrotado ni mucho menos; la oposición todavía no encontró su rumbo. Pero en lo que concierne al presidente, está en un momento de deterioro político y personal importante. Conociendo su historia como la conocemos —gracias a libros como El loco, de Juan Luis González—, podemos ver a alguien que está sufriendo el mismo destrato de los demás que sufrió durante toda su vida, salvo algunos años de celebridad política.

Así es la política: parece no tener amigos, simplemente aliados circunstanciales y adversarios. Si alguien entra a la política para que lo quieran, puede terminar en un desastre tanto político como personal. Por otro lado, el verticalismo de La Libertad Avanza —la idea de que todo el que opina distinto es un traidor y es expulsado, como hicieron Ramiro Marra y tantos otros— hace que nadie pueda decirle al presidente que el viaje a España no era una buena idea, que lo exponía.

Antes ironizaba con que era un fenómeno barrial; ahora es un indeseable mundial. Es momento de que vuelva a ocuparse de los temas locales, el riesgo país, el freno de la actividad económica y efectivamente de los bajos ingresos que hacen que las personas no lleguen al día 20 y tengan que endeudarse. Por favor, presidente, deje de exponerse.

Producción de textos e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi.

Por Jorge Fontevecchia - Perfil

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