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Las heridas de Milei, la letra chica del plan Bullrich y los idus de marzo de CFK-Kicillof

La taquillera furia del hijo de la pandemia. Guerras internas en LLA y los límites que marca EE.UU. El jenga judicial del presidente y su hermana y el juego de la silla peronista. Cumbre del G-11: apareció Massa y mueve Cristina.

A 364 días de la elección presidencial, que será el domingo 24 de octubre de 2027, Javier Milei perdura como el rey de los rotos. El único universo donde su imagen positiva supera a la negativa es entre los argentinos que la pasaron mal en -y salieron mal de- la pandemia, la crisis sanitaria global que abrió esta década. El libertario es, todavía, hijo político del COVID.

En 2023, la consultora ARESCO detectó que 3 de cada 4 argentinos a los que la pandemia les rompió la vida votaron a Milei. El último estudio de la encuestadora refresca la tendencia: tras 34 meses de gestión libertaria, los rotos de la pandemia son el único renglón en el que el diferencial de imagen de Milei -el resultado entre buena y mala imagen- da positivo. Y por mucho: casi 26 puntos en verde.

IMAGEN ARESCO

Un par de cuestiones para dimensionar el dato. En imagen general, Milei tiene un diferencial negativo de 15,3 puntos. Entre hombres 6 negativo y entre mujeres se deteriora hasta 26 en rojo. En sectores medios-altos, 6 negativos. Y en bajos, 26 negativos. En la provincia de Buenos Aires 25 abajo y en el eje CABA-Córdoba-Santa Fe, 6 negativo. Entre los que se organizaron en la pandemia, la diferencia negativa es de 25.

Es decir, no hay ningún segmento de la opinión pública, según el estudio de ARESCO -que le otorga a Milei un 41% de imagen muy buena, buena y regular buena- donde el presidente tenga más apoyos que rechazos. salvo entre el 25% de los argentinos a los la pandemia les rompió (o les desordenó) la vida: en ese grupo, el libertario tiene un diferencial positivo de 25,9 puntos.

La furia exitosa

La huella de la pandemia, casi un lustro más tarde, sigue ahí. El dato sirve para analizar por qué la furia presidencial, sus brotes de rabia, no solo no lo dañan sino que hasta pueden ser exitosos. Su gira por España fue, desde una mirada clásica, un desastre. Milei leyó otra cosa: dominó la agenda de la política española, algo que no logró jamás -salvo Juan Domingo Péron, instalado en Puerta de Hierro- ningún político argentino.

Es una pregunta abierta. Para Federico Aurelio, director de ARESCO, uno de los consultores que presenta sus informes en Olivos, Milei sigue siendo disruptivo y es la fiel expresión de aquella crisis. Un cuarto de la sociedad argentina armó un scrum duro de respaldo al Gobierno y otro grupo, de 15%, da apoyo blando. A su vez, 7 de cada 10 dicen que les cuesta llegar a fin de mes, dificultad que Milei niega y de la que incluso se burla.

¿Será que una sociedad enojada empatice con un presidente enojado? La furia presidencial se repite como un ritual, se naturaliza y a simple vista no tiene costos altos. Según ARESCO, en el segundo trimestre de este año, Milei perdió 10 puntos de apoyo y no volvió a recuperarlos. ¿Qué pasa con aquellos a los que no les alcanza el dinero pero apoyan a MIlei? “Creen que se está reparando el país, aunque esa mejora no llegue a su casa”. Creen.

Schadenfreude 

Un estudio publicado en Estados Unidos analizó un fenómeno electoral que quizá sirva para leer lo que pasa en Argentina. Usan la palabra alemana schadenfreude, que puede traducirse como regocijo, o placer, frente al dolor ajeno. El trabajo refleja que 37% de los votantes estadounidenses muestran más de un 50% de predisposición de votar a un candidato que propone medidas que dañan a los adherentes del partido político opuesto.

Esa crueldad electoral se registra en los partidarios de todos los espacios políticos, no es preferencia de derechas ni de izquierda. Ser cruel con el otro y proponer medidas que lo perjudican puede ser, al menos para un sector de los votantes, una virtud. El estudio se puede leer acá y fue citado por Alfredo Serrano Mansilla para analizar el comportamiento de las polarizaciones.

Los politólogos advierten que imagen no es votos, pero Milei enfrenta un dilema. La aprobación promedio de su gestión, según un seguimiento que CELAG hace de las encuestas que se publican en Argentina, es de 36,6% de imagen positiva y 59,6% de imagen negativa. ¿Puede ganar una elección, sobre todo un balotaje, un candidato mal visto por 6 de cada 10 votantes?

Caer no es (necesariamente) perder

Es especialmente oportuno, para ensayar respuestas posibles, el último monitoreo de Aprobación Presidencial que publica PULSAR-UBA a partir de cómo se movió ese indicador en catorce presidentes, entre ellos Donald Trump, Giorgia Meloni, Pedro Sánchez, Lula Da Silva y Milei. El estudio se pregunta si el deterioro -o mejora- de la imagen se refleja en los resultados electorales.

El caso testigo, aquí y ahora, es Lula, que hoy apuesta a una remontada en el balotaje. De los 14 presidentes que sigue Pulsar, es el único cuya imagen mejoró -subió 1 punto- respecto de mayo pasado. Da Silva comenzó su tercer mandato con 51,5% de aprobación, tocó picos de 60% y llegó a esta instancia con 44,7%. En toda su gestión, apenas perdió 7,3 puntos.

A pesar de esa estabilidad, y de estar muy cerca del 50%, perdió la elección general. En su primer mandato, Donald Trump perdió solo 1,2 puntos entre el inicio (45%) y el fin (43,8%) de su gestión, a pesar de lo cual perdió con Joe Biden. En su segunda temporada, a Trump le está yendo peor: arrancó más arriba, con 52% de aprobación, y a un mes de la mid-term, tiene 34%.

Milei, a un año de la presidencial, tiene dos espejos opuestos en los que mirarse: puede temer que a pesar de una aprobación sostenida, arriba de los 40 puntos, a Lula no le alcanzó para ganar (la general). Luego, la elección de noviembre en EE.UU. le permitirá medir si la caída de aprobación de Trump refleja una derrota electoral o no. Una diferencia clara: no es lo mismo una ejecutiva que una legislativa.

Curita (y sutura) judicial

La curita en la papada presidencial que disparó teorías y picardías pareció preconizar algo más estructural: la sutura judicial sobre la causa $LIBRA, la ópera prima libertaria en escándalo de corrupción. Ese regalo tardío de cumpleaños refleja que Milei entendió que en vez de batallar con el sistema judicial, lo mejor era vincularse con jugadores de peso del mismo sistema.

Luego de aquella intentona por nombrar a Ariel Lijo y Manuel García Mansilla en la Corte, los Milei accedieron a un acuerdo con profesionales del asunto como Juan Bautista Mahiques, que conoce el oficio y sabe que para cerrar un expediente lo indicado es hacerlo en primera instancia. Un conocedor de los entresijos judiciales usa una metáfora: “El jenga hay que desarmarlo completo”. 

Karina Milei podrá decirle a su hermano que fue acertado recurrir a Mahiques y a Santiago Viola, su abogado y hombre de confianza. Sin una sola indagación ni una testimonial, luego de expulsar querellantes y frenar pesquisas, un ejercicio que hizo un scrum judicial pero validaron, en una coreografía conjunta, el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi y el fiscal Eduardo Taiano.

Indicaciones para jugar al jenga 

Es tentador analizar a Martínez de Giorgi, en otros tiempos muy amigo de Jaime Stiuso, y de buen vínculo con Ricardo Lorenzetti, que parece haber migrado de simpatías. La ironía extra es que Milei festejó el salvataje en la gala de fin de año de la Fundación Faro, el think tank ligado a Santiago Caputo, a quien un sector del Gobierno y de la Justicia acusa de haber promovido el fallido putch con Lijo y García Mansilla.

Es inevitable mencionar que Ana María Juan, la esposa de Martínez de Giorgi, fue ascendida a jueza federal, pliego que impulsó Mahiques como parte del plan para completar las vacantes de la Justicia. El pliego de Juan se aprobó junto a otros 70 pliegos el 4 de junio pasado y tuvo el respaldo de 64 senadores, entre ellos 20 del peronismo, y sin votos negativos. El mismo día se aprobó el pliego de Emilio Rosatti, hijo del presidente de la Corte, y el peronismo votó en contra.

La metáfora del jenga supone que las causas políticas no deben quedar dormidas porque, cuando un dirigente pierde poder, se puede reactivar. Un registro: las denuncias de enriquecimiento contra Néstor y Cristina Kirchner que cerró Norberto Oyardbide. El fiscal, que no apeló los sobreseimientos, fue Eduardo Taiano. El apuro por cerrar causas para evitar problemas futuros puede, en cierto modo, verse como una pista difusa sobre la reelección de Milei.

La duda metódica

Es la duda metódica que asalta a la mayoría de los actores de poder. Los datos económicos reafirman su negatividad, la recesión es un hecho y la postura del presidente aleja las chances de una reacción desde la Casa Rosada. Los auxilios, como con la Justicia, son exógenos: Peter Lamelas, embajador de EE.UU., fue muy explícito en defender la continuidad de Milei.

Todo apoyo tiene su doblez: Estados Unidos logró que el Gobierno cambie el esquema de sanciones a empresas ligadas a la explotación en Malvinas para que los castigos no afecten a fondos de inversión estadounidenses. Dos casos: Blackstone es socio de Navitas Petroleum en el Golfo de México. El buffet Sildey diseñó la estructura jurídica para que inversionistas aporten U$S 1.000 millones en Sea Lion, el proyecto de Navitas y Rockhopper en la cuenca norte malvinera.

Los reproches, al principio informales, frenaron el tratamiento del proyecto en Diputados y luego derivaron en la indicación de modificar, para excluir a los fondos de inversión de las sanciones que propone la Ley de Soberanía Nacional que Milei presentó en una cadena nacional como un episodio patriótico. Aquella demora se leyó como un rebrote de la interna entre Caputo y los Menem.

La letra chica del plan B

En el multiverso criollo, cinco meses son una eternidad. Pero marzo, el de los idus romanos, rankea como un punto de quiebre en la configuración del mapa de las elecciones que vienen. Tres de los cinco jugadores relevantes del ecosistema político ponen una cruz roja en su calendario: Axel Kicillof, Sergio Massa y Patricia Bullrich coinciden en fijar marzo como deadline para ordenar sus movimientos.

Para Bullrich, en marzo de 2027 se tiene que haber revertido la tendencia negativa de la economía y aparecer, como malpronosticó José Luis Daza meses atrás, brotes verdes. La senadora dice que sin un rebote económico, que se sienta en los bolsillos, Milei no llega competitivo a la elección. Por eso cincela su plan B como una variante de una hipótesis: que Milei desista de buscar su reelección.

“Mi límite es romper, la sociedad no perdona a los que rompen”, dice Bullrich como si se hablara a sí misma: en el fixture de la política argentina, nadie jugó en tantos equipos distintos como ella. Es el motivo para que Karina Milei desconfíe de sus promesas de no traicionar. Aquí y ahora, la distancia con la hermanísima es irremontable. “Mi vínculo es con Javier. él entiende, los Menem y Karina no”.

La pollera de Karina

Bullrich publicó, el viernes, un video donde el mensaje es, como ocurrió antes con la canción de Lali, la música. Corta detectó que el video está musicalizado con una versión de un tema del dúo Plan B, un juego de palabras bastante obvio en los que la senadora no solo se presenta como plan B si el plan A, Milei, falla, sino porque abunda en el detalle del plan B de Bullrich.

Así como señala que en marzo la economía debe haber cambiado de tendencia o si no será demasiado tarde para Milei, las encuestas que mira la senadora reflejan que el libertario, si la elección fue hoy, sería reelecto. Pero para la votación falta un año y todo, sobre todo la economía, puede empeorar. Hace dos domingos en #Sistema2 contamos la reunión de Bullrich y Milei en Olivos, donde hubo una especie de tregua rosa.

Milei está convencido, y Bullrich se lo trasmitió, que no lo enfrentará. Un ensayo electoral sugiere que el libertario derrota 5 a 1 a la senadora en un duelo mano a mano pero que, por afuera, los entre 4 y 7 puntos que lograría Patricia, serían letales para la expectativa de victoria de Milei. Por eso, Bullrich dice que no romperá pero que tampoco se someterá. “No soy como Santilli, no me voy a meter atrás de la pollera de Karina”, raspa al rival, émula de “Quique” Hrabina.

Virtudes inconfesables de las PASO

Las PASO son un factor de batalla en LLA. Bullrich dice que los votos son esquivos, Santilli cree que si le dan poder de decisión los consigue y los Menem, Martín y Lule, advierten que aunque la prioridad del 2027 sea la reelección de Milei, no es necesario que el espacio libertario renuncie a tener un avance estructural, en provincias y municipios, para construir territorialidad.

Esa misma diferencia tuvieron con Santiago Caputo en 2025 y Karina zanjó a favor de los primos. Ahora, los matices entre Santilli y los Menem están dentro del karinismo. ¿Qué piensa la hermanísima? Es la pregunta que todos se hacen y nadie puede responder con certeza. Esconde un dato novedoso: supone que Karina puede tener una posición propia, autogestiva sobre la táctica política y electoral.

Hay algo inconfesable: si Milei llega golpeado a la elección podría permitir una PASO contra Bullrich para darle más volumen al espacio y lograr que otros sectores, provenientes del PRO y la UCR, se queden a competir bajo el paraguas panlibertario. Eso parece decir la senadora cuando habla de acuerdos con los diez gobernadores que vienen de Juntos por el Cambio. Hoy, la Casa Rosada solo tiene acuerdos con cuatro.

Los idus peronistas

Suena insólito pensar que un presidente pueda dar una PASO pero no sería la primera extravagancia de Milei. Lo que late, al margen, es que las primarias sirven si son competitivas de verdad. Está medido dentro del peronismo: una hipotética PASO entre Axel Kicillof y Sergio Massa resulta más musculosa y con más volumen electoral, que una donde compitan Kicillof y Sergio Uñac.

Lo sabe Kicillof, que también mira a marzo como una fecha decisiva en dos frentes: para anunciar oficialmente su candidatura y, además, para establecer una convivencia con Cristina Kirchner. Como se dijo en #Sistema2, la conversación entre Axel y CFK se presume inevitable, y entre otras disputas, está en juego cuando se produce. A Kicillof le conviene demorar esa charla porque cada día que pasa, Cristina tiene menos tiempo para alimentar un jugador propio.

Pero puede hacer otra cosa. De hecho, se espera para los próximos días una definición de la expresidenta sobre qué rol le gustaría tener en 2027, quizá un ejercicio potencial sobre si sería candidata en caso de no estar proscrita por la Justicia. Cerca de CFK reprochan la demora de Kicillof y presionan para que Cristina salga, en persona, a marcar distancias con el gobernador.

Esquirlas de Hotesur

Hace algunos meses, mandó a decir que Axel no era su candidato. Ese mensaje llegó a la dirigencia pero, entre los adherentes peronistas, nadie quiere una crisis CFK-Kicillof. Un sector duro de La Cámpora, quizá con la venia de Máximo Kirchner, plantea que tarde o temprano, si el gobernador no da señales de tregua, ese sector debería abandonar el gabinete de Kicillof. Es una amenaza vieja: a nadie escapa que la “orga” se nutre de ese poder.

Hay enojos que se reactivan. El juicio Los Sauces-Hotesur, que se inició el viernes pasado, deja a Máximo bajo la incómoda metralla judicial. Un reproche repetido en el ecosistema camporista es sobre la insistencia de Kicillof de decir, o que su entorno diga, que no tiene causas judiciales.Cada vez que suena esa música, Cristina y Máximo lo leen como una provocación.

A pesar de eso, en la cumbre del G-11 -se sumó Juan Manuel Olmos- en la Casa de La Pampa, con Sergio Ziliotto como anfitrión, Kicillof y Máximo se mostraron amables y aunque todos estaban atentos a posibles ruidos, el encuentro fue cordial. La percepción mayoritaria entre los cumbristas es que no solo habrá unidad sino que posiblemente también lista única o, de mínima, lista grande y oficial, quizá con una competencia similar a la de Massa y Juan Grabois en 2023.

El juego de la silla

Hay una mirada inteligente sobre por qué el peronismo necesita las PASO: no como primera instancia para dirimir jefaturas, como sugiere la lógica inicial, sino como cláusula gatillo, como red de contención para evitar una ruptura explícita en caso que no haya acuerdo en una mesa de diálogo. Más simple: preservar las PASO es un recurso para no perder el último atajo frente a una disputa.

En la misma línea está la discusión que, por estas horas, más preocupada a Cristina: qué hará el peronismo en la provincia de Buenos Aires. Aunque no hay palabra oficial, se da por hecho un acuerdo para que la elección sea “concurrente” y con PASO para, en ese caso, sí darle volumen al peronismo que tiene muchos precandidatos a la gobernación lo que significa que no tiene ninguno que descolle.

Un estudio de Zubán-Córdoba señala a Gabriel Katopodis como el mejor posicionado, pero hay otros muchos candidatos: Mariel Fernández, Leo Nardini y Jorge Ferraresi ya se mueven como postulantes mientras otros varios, como Federico Otermin y Federico Achaval, se encaminan a serlo. Siempre aparece, aunque él lo niega, la opción de que ese lugar lo ocupe Massa.

Calendario sergista

El excandidato presidencial mira a marzo porque dice que recién para esa parte del año se empezará a configurar el mapa de la demanda electoral. A grandes rasgos, traza dos escenarios: con un Milei muy en bancarrota electoral, el peronismo podría dirimir en una PASO, entre él y Kicillof, quien será el “martillo” para terminar con el desastre libertario. Sin un deterioro pronunciado de Milei, cree que ni él, ni Kicillof ni CFK tienen chances y el peronismo debería jugar algo nuevo: una mujer como Natalia De la Sota, un dirigente más joven como Guillermo Michel o un conservador del interior como Uñac o Gerardo Zamora.

Al final, en el juego de la silla del peronismo hay dos lugares relevantes para repartirse: la candidatura presidencial y la candidatura a gobernador de Buenos Aires. Puede decirse que la prioridad de CFK es PBA porque, con lectura lógica, advierte que es más fácil ganar en la provincia que en la Nación.

Ilustración: Fernanda Pernet


Por Pablo Ibáñez-Cenital