Misiones Para Todos

Ilustración Oscura (cuarta parte)

Los que sobran: cuando la ganancia decide quién merece vivir

De la planilla de costos a la política del descarte: la Ilustración Oscura vista desde la Argentina.

    En los tres artículos anteriores sostuvimos que la Ilustración Oscura es menos una filosofía que una coartada: la que necesita una clase propietaria para explicar por qué lo que tiene le corresponde y por qué nadie puede discutírselo con un voto. Falta nombrar su consecuencia más cruda, que cabe en una palabra: sobrar. Si el valor de una persona se mide por lo que produce para el capital concentrado, quien no produce, o produce algo que no se puede facturar, es un costo. Y en la lógica de la planilla contable, los costos se recortan.

    Nadie necesita decirlo en voz alta. La lógica funciona mejor cuando se presenta como aritmética. El Estado-empresa que imaginó Yarvin mide a sus habitantes como clientes: los rentables se retienen, los demás se dejan ir. Siempre que exista a dónde ir, cómo ir, con qué ir, porque cuando nada de eso existe,  significa ir a la muerte, para que quede claro y sin eufemismos. Ya fue muy claro el propio Curtis Yarvin cuando propuso que los imndigentes de su ciudad deberían usarse para producir biodiesel.

    El tecnofeudalismo hace lo mismo con los usuarios: quien no deja datos ni genera atención no existe para el algoritmo. La métrica del clic que describimos en la tercera entrega tiene su equivalente en el presupuesto público, donde el indicador no es el engagement sino el superávit, y se vuelve una vara moral frente a la cual cualquier necesidad humana es sospechosa de ser un gasto. Se convierte asi en “gasto” a la cultura, al arte, a la educación, a la salud, a los jubilados, los discapacitados y a las personas con enfermedades crónicas.

    Seguir ese hilo en la Argentina de Javier Milei no exige exagerar nada, porque los hechos están en el Boletín Oficial. En agosto de 2024 el Presidente vetó una ley de movilidad jubilatoria. En agosto de 2025 vetó, de una sola vez, un aumento a las jubilaciones con una suba de 40.000 pesos en el bono mensual, la reposición de la moratoria previsional y la ley de emergencia en discapacidad, que buscaba regularizar pagos atrasados a los prestadores, actualizar aranceles, reformar las pensiones no contributivas y restablecer el cupo laboral para personas con discapacidad que su gobierno había eliminado. El argumento oficial fue el costo fiscal: más de siete billones de pesos en 2025 y cerca de diecisiete billones en 2026 por el conjunto de las tres leyes.

    Conviene escuchar ese argumento antes de discutirlo: “un Estado que gasta más de lo que tiene termina pagando con inflación, y la inflación castiga a los más pobres”, dice Milei, y hasta parece un argumento serio, solo que en realidad es una construcción para la heurística, porque el tema inflacionario es multi causal, muchas veces es indicador de una economía que florece y crece, y solo afecta al pobre cuando los salarios crecen por debajo de la inflación. . El problema con ese argumento burdo, hecho a medida para convencer a quienes no saben de economía, aparece cuando el equilibrio contable deja de ser un medio y se convierte en el fin que ordena todo lo demás. Estudios privados que recogió la prensa indicaban que los haberes jubilatorios cubrían apenas un tercio de la canasta básica de un adulto mayor. Ese dato no figura cuando hablan del superávit, y por eso es el que el sistema no ve. No existe superávit cuando se dejan de cumplir las obligaciones. Sería el equivalente a cobrar el sueldo, no pagar las cuentas, no comer, no higienizarse y luego hablar de superávit, cuando en realidad solo se acumularon deudas y no se resolvieron las necesidades básicas. El Congreso, por una vez, sí lo vio: Diputados rechazó el veto a la emergencia en discapacidad por 172 votos contra 73, y el Senado lo hizo por 63 contra 7, con lo cual la ley quedó restablecida. En Diputados, en cambio, el veto a la suba jubilatoria se sostuvo.

    Hay además un episodio que ilumina la escena. Mientras al sector se le decía que no había recursos, trascendieron audios atribuidos al entonces titular de la Agencia Nacional de Discapacidad, Diego Spagnuolo, que hablaban del cobro de sobornos en contratos de compra de medicamentos, y que la justicia investiga. Si se confirmara, sería una señal de que el problema tal vez no sea «demasiado Estado», sino a quién sirve cada peso que el Estado administra.

    A los jubilados, mientras tanto, se los trata como un problema de orden público: cada miércoles marchan frente al Congreso y cada miércoles los espera el protocolo antipiquetes. En marzo de 2025 el fotógrafo Pablo Grillo quedó gravemente herido por el impacto de una granada de gas en una de esas marchas.

    Detrás de las decisiones hay una teoría, y Milei la formuló sin rodeos. En 2023, siendo candidato, dijo que la justicia social es aberrante porque consiste en quitarle a alguien para darle a otro. En Davos, en 2025, la calificó de siniestra, injusta y aberrante. El 1.º de marzo de 2026, al abrir las sesiones ordinarias del Congreso, la llamó directamente un robo. La operación es retóricamente eficaz porque invierte los papeles morales: quien reclama porque no tiene pasa a ser ladrón, y quien acumula pasa a ser víctima. Solo que la historia nos aclara como la mayoría llegó a pobre y como la minoría llegó a rica; mediante genocidios, esclavitud, piratería y crímenes de diversa índole, para luego establecerse y congelarse en modelo estructural, Al punto que el Premio Nobel Joseph Stiglitz dejó en claro que aunque el 10 % más pobre trabaje sin descanso alguno, jamás llegará a ser rico, mientras que el 10 % más rico puede darse el lujo de gastar a mano suelta sin producir un centavo ni trabajar un día en su vida, y morir ricos. Si Elon Musk gastara, sin producir más nada, un millón de dólares diarios, su fortuna le permitiría cubrir los gastos durante 1,900 años, La acumulación por la acumulación y crecer por crecer nomás son la ideología del cáncer.

    Esa inversión, quien reclama sus derechos es ladrón y quien se los quito es víctima,  es la columna vertebral de la Ilustración Oscura traducida al lenguaje de la política cotidiana. Si la desigualdad es natural y la jerarquía merecida, toda redistribución es expropiación. Y si la propiedad es sagrada, la necesidad ajena es una carga que el propietario no tiene por qué soportar. Claro, la propiedad de los privilegiados, porque a los vendedores callejeros se le expropian las paltas, y ahí no hay derecho a reclamarlas.

    La Constitución argentina dice otra cosa: desde 1957 incorpora derechos sociales y, desde la reforma de 1994, obliga al Congreso a legislar acciones positivas a favor de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad tiene jerarquía constitucional. La «aberración» que denuncia el Presidente es, para el derecho argentino, un deber.

    Hay una imagen que la cultura occidental ama evocar cuando habla de sociedades que seleccionan a sus miembros por utilidad: los espartanos arrojando a los recién nacidos «defectuosos» desde las laderas del monte Taigeto. La fuente es Plutarco, que escribió siglos después de los hechos que narra. Según su relato, los ancianos examinaban al bebé y, si lo hallaban débil o deforme, lo enviaban a un abismo llamado Apótetas.

    La arqueología complica la postal. Cuando un equipo dirigido por Theodoros Pitsios analizó, en 2007, los restos de la sima de Keadas, encontró huesos de adolescentes y adultos jóvenes, y ningún bebé. La exposición de recién nacidos existió en el mundo griego, y Platón y Aristóteles llegaron a proponer regularla, pero la escena espartana es en buena medida leyenda. Y es interesante precisamente por eso: las leyendas duran cuando expresan un deseo, y este es el de un Estado que decide qué vidas valen y a quienes hay que descartar.

    La diferencia es que Esparta, real o imaginaria, necesitaba un precipicio, y nosotros tenemos herramientas más cómodas: una partida presupuestaria que se congela, un cupo laboral que se elimina, un prestador que deja de cobrar. Nadie cae desde ninguna roca. Simplemente se espera. Lo que permanece constante es el criterio: el cuerpo vale en tanto sirve a la máquina, sea la guerra espartana o la planilla de rentabilidad. Por eso conviene mirar con ojos del Sur la veneración occidental por Esparta, de las escuelas europeas al cine de Hollywood. No es inocente: naturaliza, como «herencia clásica», la idea de que una civilización puede medirse por la eficacia con que descarta a sus débiles.

Hasta aquí, el interior de la lógica. Pero no se limita a quienes ya están dentro del sistema. En la próxima entrega la seguimos hasta la calle, donde se criminaliza a quien trabaja sin patrón, y hasta la Asamblea General de la ONU, donde tres países votaron solos contra una resolución que calificó la esclavitud racializada como el crimen más grave contra la humanidad.

Por Ignacio Stankewitsch