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La ciudad subterránea que esconde túneles, pozos y habitaciones bajo tierra: fue construida para refugiar a comunidades enteras

La ciudad subterránea de Derinkuyu, en Turquía, esconde una extensa red de túneles, pozos y habitaciones excavadas bajo tierra que llegó a albergar a una gran comunidad. Fue construida para refugiar a comunidades enteras y aprovechando las características geológicas de Capadocia. Cuenta con ocho niveles y espacios destinados a cubrir distintas necesidades de sus habitantes.

El complejo se encuentra en el distrito de Derinkuyu, en la provincia de Nevşehir, y su historia está vinculada a las primeras comunidades cristianas que llegaron a la región, según publicó el Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía en su Portal Cultural.

Sus instalaciones incluyen almacenes de alimentos, iglesias, monasterios, salas de reuniones y sistemas de ventilación. Aunque abrió sus puertas al público en 1965, actualmente solo se puede recorrer una pequeña parte de su extensión.

Derinkuyu: la ciudad subterránea de ocho niveles construida en Capadocia

La ciudad subterránea de Derinkuyu se desarrolló gracias a la formación geológica de Capadocia, cuyas características permitieron excavar espacios habitables bajo la superficie. Con ocho pisos, el complejo dispone de habitaciones y dependencias de distintos tamaños, diseñadas para alojar a una comunidad y satisfacer sus necesidades cotidianas.

Los primeros habitantes de Derinkuyu se remontan a las colonias asirias. Más tarde, durante el siglo II, los primeros cristianos que huían del Imperio romano llegaron a Capadocia a través de Antioquía y Kayseri y se establecieron en la zona.

Estas comunidades construyeron y ampliaron las ciudades subterráneas para encontrar refugio y permanecer protegidas durante largos períodos. Sus entradas estaban diseñadas para pasar desapercibidas desde el exterior, lo que permitía mantener ocultos los espacios habitados.

La Iglesia de San Teodoro es una histórica iglesia ortodoxa griega situada en la localidad de Derinkuyu, en la región de Capadocia, Turquía.
La Iglesia de San Teodoro es una histórica iglesia ortodoxa griega situada en la localidad de Derinkuyu, en la región de Capadocia, Turquía.Wikimedia Commons/ Codas
Túneles estrechos, pozos y almacenes: cómo era la vida bajo tierra

La estructura de Derinkuyu está formada por habitaciones interconectadas que permitían desarrollar distintas actividades sin necesidad de salir al exterior. Para permanecer durante largos períodos bajo tierra, sus habitantes construyeron instalaciones destinadas al almacenamiento de alimentos, la ventilación y el abastecimiento de agua.

Espacios que forman parte del complejo
  • Almacenes de alimentos: permitían guardar provisiones para períodos prolongados.
  • Pozos de ventilación: facilitaban la circulación del aire en los distintos niveles.
  • Bodegas: se utilizaban para almacenar productos.
  • Pozos de agua: garantizaban el acceso a este recurso.
  • Iglesias y monasterios: estaban destinados a las actividades religiosas.
  • Letrinas y salas de reuniones: cubrían otras necesidades de la comunidad.

Uno de los aspectos más llamativos de la construcción son sus pasadizos. Algunos túneles son tan estrechos que solo permiten el paso de una persona a la vez. Además, en las entradas y salidas se colocaron grandes cilindros de piedra que podían utilizarse para bloquear los accesos por motivos de seguridad.

Los túneles conectan distintas habitaciones y espacios que permitían a sus habitantes permanecer bajo tierra durante largos períodos.
Los túneles conectan distintas habitaciones y espacios que permitían a sus habitantes permanecer bajo tierra durante largos períodos.Wikimedia Commons/ Elena Pleskevich
Una escuela misionera y una pila bautismal entre sus instalaciones

Derinkuyu presenta algunas características que la diferencian de otras ciudades subterráneas de Capadocia. A diferencia de Kaymaklı, otro complejo de la región, cuenta con una escuela misionera, un confesionario y una pila bautismal.

Estas instalaciones reflejan la importancia que tuvieron las actividades religiosas para las comunidades cristianas que habitaron estos espacios. La presencia de iglesias, monasterios y otros recintos destinados al culto muestra cómo la ciudad subterránea no solo funcionaba como refugio, sino también como un lugar donde sus habitantes podían mantener sus prácticas cotidianas.

El complejo abrió sus puertas a los visitantes en 1965. Sin embargo, solo se puede acceder a aproximadamente el 10% de la ciudad subterránea, por lo que gran parte de su estructura permanece fuera del recorrido turístico habilitado.

Fuente: El Cronista