La crisis política y financiera de Paraguay agrega un nuevo dolor de cabeza a una derecha internacional que viene acumulando reveses.
Santiago Peña, presidente paraguayo y uno de los aliados regionales más cercanos de Milei, quedó atrapado en una crisis institucional vinculada al escándalo de Ueno Bank, la entidad financiera relacionada con el grupo empresarial del que se formó parte antes de llegar al gobierno.
El nombre Ueno es una creación de marketing basada en la palabra buena que buscaba transmitir cercanía, sencillez y una experiencia bancaria positiva, pero resultó todo lo contrario.

La colocación de fondos públicos en su banco, los cuestionamientos sobre conflictos de intereses y los problemas financieros de la entidad desembocaron en la renuncia del presidente y ahora en el juicio político que le realizará el Congreso.
Pero además hay un dato que conecta directamente esta historia con la internacionalización de la nueva derecha: en febrero de 2026, Ueno Bank fue uno de los patrocinadores principales de la Gala de la Prosperidad Hispana, celebrada en Mar-a-Lago, el club privado de Donald Trump .
El evento fue organizado, entre otros, por Javier Negre, propietario de La Derecha Diario, contó con la participación de Eduardo Bolsonaro y distinguió a Fernando Cerimedo, además de otorgarle un reconocimiento al propio Javier Milei, quien envió un mensaje grabado.
Ueno figuró entre los patrocinadores de la categoría Diamond, cuyo aporte anunciado era de 100.000 dólares. Así, el banco que terminó en el centro de una crisis por el manejo de fondos públicos paraguayos también aparece financiando espacios de encuentro, reconocimiento y promoción de dirigentes y operadores de la nueva derecha internacional.
La caída de Peña no es un episodio menor: se trata de un gobierno conservador que había presentado la estabilidad y la ortodoxia económica como sus principales credenciales y que ahora enfrenta un escándalo que compromete su propia legitimidad.
La caída de Peña tiene, además, un componente simbólico para la Casa Rosada. El mandatario paraguayo participó de la asunción de Milei, el 10 de diciembre de 2023, y fue el primer presidente extranjero que lo visitó oficialmente en la Argentina con Milei como presidente, el 14 de febrero de 2024. La relación entre ambos representaba una de las fotografías más claras de la sintonía regional que el libertario pretendía construir. Pero Paraguay no es un hecho aislado.
Se suma a la derrota de Flávio Bolsonaro en Brasil, que impidió el regreso del apellido Bolsonaro al Palacio del Planalto, y al retroceso de Donald Trump frente a los demócratas en las elecciones de medio término estadounidense. Tres acontecimientos en distintos países, con particularidades propias, pero que tienen un denominador común: los referentes de la nueva derecha internacional están encontrando límites para sostener el poder que conquistaron. Para Milei, el escenario internacional empieza a complicarse.
Hay, además, un rasgo que distingue a esta nueva derecha de los conservadores tradicionales, los neoconservadores y los republicanos clásicos: su impudicia. No se trata solamente de una radicalización ideológica, sino de una pérdida de límites en el ejercicio del poder, de una desvergüenza que convierte la provocación en método y la transgresión de las reglas en una demostración de fortaleza.
La ex diputada Graciela Camaño solía llamar “prolijitos” a los representantes de aquella derecha tradicional. Podían defender intereses económicos concentrados y promover políticas profundamente regresivas, pero todavía conservaban cierta preocupación por las formas y las apariencias institucionales. Hoy esa frontera parece desdibujada. Que un presidente termine envuelto en una crisis de insolvencia de su propio banco que recibió fondos públicos, dejando a los ahorristas sin sus depósitos, es una postal difícil de imaginar en aquella derecha que, al menos, intentaba preservar cierta prolijidad.
La familia Bolsonaro también representa un caso paradigmático de esta nueva derecha impúdica. Su hijo Flávio, después de haber quedado a pocos puntos porcentuales de la presidencia en la elección, terminó fugándose del país al día siguiente de la derrota generando muchísima incertidumbre institucional. A esto se suma la situación insólita de Fernando Cerimedo, ex asesor de Milei, operador político de la derecha regional y fundador de La Derecha Diario, detenido preventivamente en Bolivia e imputado por mandar a matar a su exmujer.
Pero la impudicia tampoco es patrimonio exclusivo de los aliados internacionales: en la propia Argentina, Milei arrastra los escándalos de $LIBRA, la criptomoneda que promocionó desde sus redes sociales y que derivó en denuncias e investigaciones por presuntas maniobras fraudulentas, y de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), donde los audios atribuidos a su entonces titular, Diego Spagnuolo, expuso un presunto circuito de sobornos y retornos que salpicó a funcionarios y al entorno presidencial, incluida su hermana Karina. Dos escándalos que golpean directamente el relato de transparencia y superioridad moral con el que el Gobierno llegó al poder.
Son episodios diferentes que conforman una misma atmósfera política: dirigentes y operadores que hicieron de la batalla cultural contra el progresismo una bandera mientras sus propios entornos quedan expuestos por escándalos financieros, conductas violentas y comportamientos incompatibles con la supuesta superioridad moral que proclaman. La nueva derecha no solamente cuestiona las reglas: muchas veces parece jactarse de no tener que cumplirlas.
En la Argentina, mientras tanto, las señales económicas tampoco ayudan. El ministro de Economía, Luis Caputo, deslizó que si el mercado diera por descontado que Milei perderá las elecciones presidenciales de 2027, comenzando a hacerlo notar ahora y no dentro de un año. El problema para el ministro es que el mercado empieza a darle una respuesta incómoda. Tras la derrota de Trump, el riesgo país volvió a escalar y superó los 900 puntos, como resultado de que los inversores se deshacen de los bonos argentinos y reaparecen las dudas sobre la sostenibilidad del programa económico.
A eso se suma el cambio en una semana atravesada por jornadas sin actividad financiera y cambiaria, una situación que genera preocupación sobre cuál sería el comportamiento del mercado cambiario al finalizar los feriados bancarios, que se encadendan en tres feriados por la visita del Papa.
Caputo pretendía utilizar al mercado como argumento para defender la fortaleza electoral del Presidente. Ahora corre el riesgo de que ese mismo mercado se convierta en un indicador anticipado de sus dificultades.

Y como si fuera poco, la crisis empieza a abrir una grieta dentro del propio oficialismo, donde Patricia Bullrich amenaza con convertirse en un problema político para Milei.
La senadora viene marcando diferencias públicas sobre la marcha de la economía, reclama que los resultados del programa lleguen a todos y cuestiona la falta de acuerdos políticos con los gobernadores y los aliados parlamentarios. Pero sus movimientos ya no se limitan a expresar discrepancias: el 3 de noviembre, difundió una reunión y fotografía de su propia mesa política, integrada por dirigentes y legisladores de su confianza, en un gesto interpretado en la Casa Rosada como una demostración de autonomía y volumen propio. La reacción fue inmediata: el Gobierno parecía que había cruzado un límite y comenzó a evaluar alternativas para la fórmula presidencial de 2027.
La calle también prepara una demostración de fuerza. Este sábado 7 de noviembre se realizará la Marcha del Orgullo en Buenos Aires, con una convocatoria atravesada por los ataques contra las mujeres trans en los Bosques de Palermo y el rechazo a las políticas y los discursos de odio promovidos por el oficialismo.
No será solamente una celebración de la diversidad: será una movilización opositora, con reclamos por los derechos de las personas travestis y trans, contra la discriminación y frente al avance de los discursos de odio de la extrema derecha.
Otra particularidad es que la marcha se realizará en la víspera de la llegada del Papa León XIV, pese a las objeciones iniciales del Gobierno porteño por cuestiones de seguridad. La propia Iglesia Católica se mostró favorable a encontrar una solución que permitiera la movilización.
La imagen es políticamente significativa: mientras Milei se convirtió en el enfrentamiento con las diversidades en una de sus principales banderas culturales, la jerarquía católica se mostró dispuesta a facilitar una manifestación que el oficialismo preferiría evitar. La convocatoria promete ser multitudinaria, incluso con la posibilidad de superar otras movilizaciones recientes, aunque esa comparación deberá comprobarse con la asistencia efectiva.
La llegada de León XIV agrega otro contraste. El Papa visitará la Argentina entre el 8 y el 11 de noviembre con una agenda que pone en primer plano la pobreza, el trabajo, las desigualdades sociales, la educación y la necesidad de construir sociedades menos violentas y polarizadas. Su exhortación Dilexi te reivindica la atención a los pobres y la responsabilidad de actuar sobre las causas estructurales de la exclusión.
Es una perspectiva difícil de conciliar con el pensamiento de Milei, que sostuvo que la justicia social es “una aberración” y convirtió la reducción del Estado y el ajuste fiscal en los fundamentos de su proyecto político. No hará falta que León XIV se enfrente directamente con el Presidente para que el contraste quede expuesto.
La visita de un Papa que coloca la cuestión social en el centro de su mensaje, en un país atravesado por el ajuste y el deterioro de las condiciones de vida, representa un acontecimiento incómodo para un gobierno que construyó buena parte de su identidad enfrentándose al pensamiento social del catolicismo.
A este panorama se suma el retroceso de Benjamín Netanyahu en Israel. Aunque el Likud se mantuvo como la fuerza más votada, el bloque de gobierno perdió la mayoría parlamentaria pero quedó obligado a negociar para sostener su continuidad, y ahora el líder opositor Eisenkot recibió dos apoyos clave para suceder a Netanyahu como primer ministro de Israel.
Es pronto para asegurar que la tendencia es que todas las derechas estén perdiendo, o que existe un movimiento uniforme de rechazo a sus políticas. Sin embargo, sí demuestra que el avance de estos nuevos liderazgos no es irreversible. Trump enfrenta límites en Estados Unidos, el bolsonarismo perdió otra oportunidad de recuperar Brasil, Peña quedó atrapado en una crisis institucional y Netanyahu muy posiblemente quede fuera del gobierno de su país. Milei, que construyó su proyección internacional sobre la cercanía con esos dirigentes, empieza a quedarse con menos fotografías de triunfadores y más imágenes de aliados en dificultades.
Y Milei necesita que el mundo confirme la narrativa con la que llegó al poder: que la nueva derecha representa el futuro, que sus adversarios pertenecen al pasado y que el éxito económico terminará justificando cualquier costo político.
Pero las derrotas electorales, las crisis institucionales, los escándalos y la incertidumbre financiera empiezan a poner en discusión esa certeza. El Presidente todavía conserva poder, capacidad de iniciativa y posibilidades electorales. No hay ninguna derrota de 2027 escrita de antemano. Pero el escenario cambió.
Una cosa es ascender cuando nadie espera demasiado de uno, superando todas las expectativas, como lo hizo Milei llegando a la presidencia, y otra cosa muy distinta es mantenerse en la cima cuando las expectativas son enormes y los aliados empiezan a caer.
Milei llegó al poder prometiendo que podía desafiar todas las adversidades. Ahora tiene que demostrar que también sabe gobernar y es competitivo cuando la adversidad deja de ser una consigna contra sus enemigos y se convierte en el principal problema de su propio gobierno.
Producción de texto e imágenes: Facundo Maceira.
Por Jorge Fontevecchia - Perfil


