Misiones Para Todos

Adorni es un síntoma

Como sucede en los matrimonios, la causa de la separación no es aquella que la precipita, sino apenas el disparador de muchas otras causas acumuladas a lo largo del tiempo que, cruzado un umbral, rebasa su dique, pero que ella misma, tiempo antes, hubiera estado contenida formando parte de la acumulación.

La historia indica que los casos de corrupción indignan públicamente a los ciudadanos recién cuando se suman a otras insatisfacciones mayoritariamente económicas.

Un ejemplo actual es la cuestión de Estado en la que se convirtió el viaje de la mujer de Manuel Adorni en el avión presidencial, que abrió el seguimiento periodístico del caso a otro viaje del jefe de Gabinete y su mujer en un avión privado a Punta del Este durante el Carnaval, el cual, sin el viaje a Nueva York, no hubiera sido objeto de interés periodístico, como los fondos con que se pagó el viaje de la mujer de Adorni en primera clase por una aerolínea comercial, que igual hubiera tenido que usar porque en el avión presidencial solo pudo ir la comitiva de ida, ya que a la vuelta Milei regresó antes, y un pasaje de un tramo cuesta casi lo mismo que ida y vuelta.

El clásico efecto dominó: una pieza, al caer, hace caer otras sucesivamente. Pero Adorni no es el sujeto del escándalo, sino Milei, y bien lo entiende el Presidente cuando sale a defenderlo. Adorni es el síntoma en forma de respuesta al creciente malestar con el Gobierno incubado, por un lado, tras la continua suma de poderes fácticos agraviados por Milei y la falta de resultados positivos para la mayoría (población, empresas) de su plan económico.

Un año atrás, cuando Adorni ganaba las elecciones anticipadas de la Ciudad de Buenos Aires y la esperanza en que la economía de Milei terminaría en el futuro no muy lejano dando buenos resultados para la mayoría, ese mismo viaje de su mujer no hubiera generado tanta controversia y quizás el video de su viaje a Punta del Este en avión privado hubiese quedado en los archivos de la Policía Aeroportuaria dentro de los servicios de inteligencia y no habría sido filtrado al público.

Cuando el Presidente les pide a todos los ministros y principales referentes de LLA que salgan a respaldar al jefe de Gabinete, hace lo correcto, porque Adorni no es Adorni, sino la metonimia del Gobierno y del propio Milei, o acaso se podría creer que quien ganó las elecciones de mayo de 2025 en la Ciudad de Buenos Aires fue Adorni mismo y no como realmente fue, él como representante de Milei y sus ideas.

Adorni es un síntoma, y como bien enseña el psicoanálisis, hay una economía del síntoma que se conforma sustituyendo el verdadero objeto del conflicto por un reemplazante menos costoso emocionalmente.

La inefable Lilia Lemoine se sumó a la defensa de Adorni recordando los vuelos del avión presidencial que todos los fines de semana viajaba a Río Gallegos llevando los diarios de Buenos Aires para la lectura de Néstor Kirchner. La comparación omitió recordar que el costo de la flota de aviones presidenciales viajando sin pasajeros recién se convirtió en un escándalo varios años después de que el kirchnerismo tomara el poder, cuando la combinación de factores lo hicieron “económicamente” expresable, ya sea porque las promesas del gobierno no cumplían las expectativas, porque el paso del tiempo había ya erosionado frente a la sociedad la figura presidencial, ya sea porque se le había perdido el miedo inicial; en suma: su capital político había mermado.

Milei debería tomar en cuenta la velocidad con que escaló el tema de los aviones de Adorni en la misma sintonía que escaló en agosto pasado la relación de Espert con el millonario argentino acusado de negocios con el narcotráfico en Estados Unidos, Fred Machado. Una bola de nieve que en el caso de Espert tenía además la paradoja de que no se trataba de un hecho nuevo, sino que cobraba dimensión y velocidad porque estaba en sintonía con el clima político del momento de mayor debilidad de LLA, confirmado en la derrota electoral en la provincia de Buenos Aires en septiembre.

Adorni no es el sujeto del escándalo, sino Milei, y bien lo entiende el Presidente cuando sale a defenderlo.

Probablemente, el estigma de los aviones de Adorni haya herido de forma no necesariamente reversible al principal candidato de LLA para competir el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2027, dejando la cancha libre a Patricia Bullrich si deseara avanzar en esa candidatura, aunque ella siempre haya preferido lo nacional que administrar un distrito. Probablemente hoy sería gobernadora de la provincia de Buenos Aires si hubiese elegido ir a ganarle al kirchnerismo en su bastión en lugar de encabezar la candidatura presidencial de Juntos por el Cambio en las elecciones de 2023.

La foto que ilustra esta columna del momento de gloria de Adorni en el festejo, tras haber derrotado al PRO en su Capital, refleja en su abrazo de Karina Milei el sector político que representa, en la interna dentro del Gobierno, fundamento de las hipótesis que colocan a Santiago Caputo –el Rasputín todoterreno al que le caben como verosímiles todas las maldades– como operador de la visibilización de las evidencias que terminan incriminando a Adorni como de una campaña en las redes sociales de grupos afines al asesor.

Llegaron a comparar el viaje de la mujer de Adorni en el avión presidencial, luego en primera a Nueva York, y del matrimonio en avión privado a Punta del Este, con la foto de Alberto Fernández en el cumpleaños de Fabiola Yañez, cuando estaban prohibidas las reuniones sociales en medio de la pandemia. Es decir, una herida al corazón de lo más simbólico del relato oficial. Pero volviendo a que la sociedad se enoja por faltas morales de sus gobernantes cuando la economía no los disculpa, si la economía de Martín Guzmán primero y Sergio Massa después no hubiera desembocado en una progresión geométrica de inflación, esa misma foto del cumpleaños de Yañez habría sido resignificada con menos rigor.

Milei debería entonces preocuparse más por el casi 3% de inflación de febrero y los nueve meses consecutivos de quiebre de tendencia en el descenso de la inflación, sumado al parate del consumo, la demanda y la producción con la pérdida de empresas y empleos. Adorni podría ser hasta un fusible como lo fue Espert, cuya cara estuvo en la boleta con la que LLA terminó ganando en octubre, porque lo determinante fue la contención del dólar con el apoyo del Tesoro norteamericano.

En la medida en que no resuelva la economía, a Milei se le comenzará a cuestionar hasta el costo de sus propios viajes internacionales como el que acaba de hacer a España sin justificaciones en cuestiones de Estado.

Por Jorge Fontevecchia-Perfil