Lo que parecía una quimera, finalmente sucedió. Luego de meses de incertidumbre, la vacuna contra el coronavirus empezó a aplicarse en la Argentina. Se trata de una noticia de primera magnitud. No solo porque la llegada al país de las 300.000 dosis de la Sputnik V le permite a la sociedad comenzar a vislumbrar un futuro pospandémico. A las puertas del año electoral, también anticipó lo que está en juego para Alberto Fernández: el Frente de Todos sueña con un horizonte político que se vuelva más previsible. Si para mediados de 2021 el virus se vuelve controlable y la economía se estabiliza, las chances de una victoria en las urnas serían reales.
El megaoperativo de vacunación comenzó este martes en todo el país, con los trabajadores de la salud como prioridad. Fue el propio Fernández el encargado de coordinar codo a codo con los gobernadores. El sábado, vía teleconferencia, el Presidente se reunió con ellos para gestionar la llegada de los cargamentos a cada una de las provincias. Oscar Herrera Ahuad fue uno de los mandatarios que dijo presente. A Misiones le correspondieron 5.200 dosis. Esta semana llegó el lote con las primeras 2.600 y el próximo lunes se estima que lo harán las restantes.
Las expectativas en la Renovación eran altas. El crecimiento de los contagios en las últimas semanas generó incertidumbre en la provincia. Es que la sociedad misionera se acostumbró a una “nueva normalidad” que hoy pareciera estar en peligro. La circulación comunitaria –declarada en mayo y luego negada en septiembre por el ministro de Salud, Oscar Alarcón– es, a esta altura, una realidad insoslayable. Ayer hubo un nuevo récord de casos positivos registrados en un día: 49. “Nadie estaría dispuesto a pagar el costo de dar marcha atrás con habilitaciones, mucho menos en el verano”, confiaron fuentes cercanas al gobernador. A cruzar los dedos.
Aunque la cuestión sanitaria parece haber dejado atrás los rencores renovadores, las heridas por el veto presidencial a la zona especial aduanera todavía no cicatrizaron. Sin embargo, este martes, los diputados del bloque misionerista acompañaron la votación de la fórmula de movilidad previsional propuesta por la Casa Rosada. El nuevo índice desindexa las jubilaciones, que se desligan de la inflación y se comienzan a ajustar por recaudación y salarios. Es un esquema idéntico al que rigió hasta el 2017. Ahora la suerte de los jubilados se ata a un eventual rebote de la economía y a que las paritarias le ganen a los precios. Sectores de la oposición pidieron incluir una cláusula por inflación para garantizar que su poder adquisitivo no se vea amenazado, pero la propuesta fue ignorada.
Así y todo, la fórmula se flexibilizó respecto de su proyecto original. En el Senado, Cristina Kirchner anuló su artículo 6. Era el que fijaba que el aumento del 5% otorgado a los jubilados en diciembre se debía descontar del próximo incremento de marzo. Es que, pese a los esfuerzos de Fernández por explicar que no está llevando a cabo un plan de ajuste, esta nueva reforma previsional fue un paso más en esa dirección, con la mira puesta en lograr un acuerdo con el FMI cuanto antes y en línea con el recorte del 14%, en términos reales, plasmado en el Presupuesto 2021.
En este contexto, no fueron casuales los últimos movimientos de Cristina. Cuando parecía coincidir en su silencio con el rumbo elegido, habló y puso sobre la mesa sus advertencias. En su discurso de La Plata, le marcó la cancha a la incipiente ortodoxia de Martín Guzmán y se erigió como lo que es: el cerebro político del Frente de Todos. En privado, el ministro no se guardó la queja por el veto parcial a su programa de actualización tarifaria. Pero las razones de la vicepresidenta son profundamente pragmáticas: un aumento de los servicios públicos desproporcionado, en pleno año electoral, puede ser sinónimo de una derrota casi asegurada. El antecedente de Macri está fresco en la memoria.
Hay otro dato de la realidad que a Cristina no se le escapa: nada garantiza que en 2021 el Covid-19 estará erradicado. ¿Qué sucederá si el Estado debe volver a cerrar actividades? Es un escenario que obligaría a Fernández a restituir erogaciones de emergencia como el IFE o el ATP. Esto implicaría, a su vez, que, en caso de confirmarse una suba dramática de los contagios, el Gobierno podría enfrentar un problema aún más grave: la vuelta a una eventual cuarentena que traería mayor retracción económica. Y que dejaría atrás, por lo tanto, el sendero fiscal del que se jacta Guzmán en sus conversaciones con los emisarios de Kristalina Georgieva.
La apuesta al plan de inmunización terminará de definir el legado de Fernández frente a la pandemia. Es que el clivaje sobre el que se desplegará la próxima disputa electoral girará en torno a los causantes de la crisis económica, que se inició con la corrida cambiaria de 2018 y se profundizó más allá de lo imaginable durante 2020. Es una situación tan inédita como incierta. El Frente de Todos dirá que fue por culpa de la pandemia y Juntos por el Cambio insistirá con que nos enfrentamos a las consecuencias de “la cuarentena más larga del mundo”. Quedará todo, a fin de cuentas, en manos del votante.
Lo cierto es que muchos gobernadores que apostaron en un principio por el liderazgo de Fernández, están hoy resignados. Cada día queda más claro que al Presidente no le interesa demasiado construir una corriente propia alrededor de su figura. Una señal más en ese sentido: la facilidad con que Máximo Kirchner congeló el proyecto para suspender las PASO, que había sido impulsado por un amplio abanico de líderes provinciales. Es que La Cámpora necesita de esa herramienta para dar la pelea al interior del peronismo, sobre todo en el conurbano bonaerense.
Mientras tanto, los mandatarios se repliegan en sus territorios, con el deseo de que esa oleada camporista les tarde en llegar. En Misiones, sin embargo, el escenario electoral de 2021 no parece traerle mayores riesgos a la Renovación. El kirchnerismo provincial resulta, por ahora, inofensivo. Y todo indicaría que las legislativas se harán varios meses antes que en octubre. Lo que significa que Carlos Rovira buscará, una vez más, evadir lo máximo posible las discusiones que involucren a la agenda nacional. El año que comienza volverá a poner a prueba la cintura política del misionerismo.
Por Pedro Lacour para Misiones Para Todos

