En las elecciones de 2027 en Misiones, por primera vez en 24 años, el nombre y el logo del Frente Renovador no estarán en el cuarto oscuro. La decisión aparece vinculada tanto al desgaste acumulado como al nuevo clima político instalado desde 2023, marcado por un fuerte tono antipolítica. Si el sello ya venía debilitado, la irrupción de Javier Milei, con un discurso confrontativo hacia los gobiernos provinciales, actuó como un factor que amplificó el enfado antirrenovador.
Se podrá discutir si la disolución del Frente Renovador fue tardía o si responde a una lectura inteligente del contexto. Pero en política, las decisiones rara vez están desligadas de la oportunidad de acomodar las velas hacia donde sopla el viento. Interpretar las señales es una virtud que la política no puede perder. En este caso, además, el oficialismo provincial ya venía ensayando cambios de identidad —Neo 5.0, “refresh”, “blend”— en un intento de sintonizar con el humor social y el clima político nacional.
En paralelo al funeral de la Renovación nació el Frente Encuentro Misionero. Es todavía un espacio en construcción, con la expectativa de sumar actores y redefinir su identidad política. Sus impulsores plantean que “más importante que los sellos son las personas”, una señal clara de que buscan priorizar la llegada de dirigentes y referentes sociales por sobre las estructuras partidarias tradicionales.
La primera reunión del Frente Encuentro Misionero dejó en claro que no se trata de una presentación formal sino de una respuesta al sonido de los tambores de guerra, una activación concreta. En la Casa del Militante confluyeron sectores de distintas vertientes que venían distanciados pero mostraron cohesión ante el llamado a pintarse la cara. Según los oradores, el espacio busca interpretar un clima social que impone casi urgente la necesidad de construir una opción con capacidad de mostrar gestión y vocación de servicio frente a un modelo libertario que maltrata, reduce, achica y descompone todo lo que el Estado debería brindar o servir.
El armado tiene convocantes de peso que retomaron la centralidad de la agenda con una activación política marcada. Tras meses de bajo perfil, volvieron a escena con definiciones internas y externas, impulsando candidaturas en Posadas y “jefes de campaña en el interior provincial”. Lo que parecía un adormecimiento empieza a leerse ahora como una tomada de impulso.
El 1° de mayo se espera una movilización furiosa, con una impronta popular —nuevamente— que remite a los primeros años del espacio, cuando el ritmo de las convocatorias lo ponía el hit de Carlos Vives, “La Gota Fría”. También se reactivaron las agrupaciones políticas que habían quedado en pausa desde 2015, por el cambio de color político en el Ejecutivo Nacional y el desprestigio que estas organizaciones sufrieron en la última década.
En su relación con la Nación, el oficialismo misionero parece que va a sostener, hasta último momento, una estrategia dual: criticar al modelo económico en el territorio, pero acompañar en el Congreso. Las razones son múltiples: la posibilidad de reelección del presidente, la necesidad de negociar recursos retenidos discrecionalmente por el Gobierno nacional y el mensaje a Milei de que no necesita colocar un candidato fuerte porque los que están ahora no le ponen palos en la rueda.
Este doble estándar responde a una lógica pragmática. Es la realpolitik en su forma más explícita. En un contexto de caída de la coparticipación y de la recaudación propia, la provincia necesita mantener canales abiertos con la Nación, aunque en el territorio le da pelea y en los micrófonos reparte críticas.
¿Tiene costos esta estrategia? Es una incógnita. Algunos indicios sugieren que el oficialismo ya pagó parte de ese precio en las últimas dos elecciones. Lo cierto es que también pone a la luz que se trata de un espacio político donde conviven ideologías de todos los colores: zurdos, gorilas, radicales, peronistas, socialistas, libertarios, independientes y algunos otros. El principal mérito fue sostener disciplinada esa tropa multipartidaria y plural durante tantos años, conservando una lealtad casi militar.
De cara a 2027, una novedad relevante es la probable incorporación del PJ al nuevo frente Encuentro Misionero, tras años de alineamiento con el kirchnerismo nacional y cercanía con otros espacios provinciales como el Partido Agrario y Social. La interna que consagró a Christian Humada reconfiguró el mapa peronista desplazando a sectores que durante muchos años manejaron el sello con apoyo del “dedo” Buenos Aires, como La Cámpora, Juanchi Irrazábal y Cristina Brítez. Para algunos se fueron a cuarteles de invierno, para otros, no vuelven más.
En la vereda opuesta, el Partido Agrario y Social y la UCR mantienen cautela, tomaron distancia aunque sin cerrar del todo la puerta a un acuerdo. La idea de un frente amplio opositor a Milei seduce, pero genera resistencias la posibilidad de quedar subordinados sin ser parte en la rentabilidad del oficialismo provincial. Los uniría más el espanto a los libertarios que el amor entre ellos. Hubo conversaciones iniciadas que continuarán y se precipitarán de acuerdo a los tiempos electorales y las necesidades de uno u otro sector.
Por su parte, La Libertad Avanza evalúa competir en soledad, apostando a una supuesto ADN “puro” y a capitalizar el voto opositor más duro. En su cúpula creen que pueden arrebatar la gobernación sin socios con quienes compartir la caja. En esa línea, el diputado Adrián Núñez, conocido como “el recaudador de intendentes renovadores”, sigue apostando a levantar su perfil. Presenta proyectos con fuerte efecto en las redes sociales buscando que el oficialismo le responda y la gente lo vea como el principal opositor. Su apuesta es alta como el precio de lo que pauta que paga en redes sociales. Según La Voz de Misiones, en los últimos meses invirtió más de 35 millones de pesos en Meta (dueño de Facebook y otras redes). Tal vez, un año atrás, ser el candidato de Milei era un gran negocio, pero ahora, con la imagen del presidente en caída y la economía destartalada, esa jugada se parece más a una moneda al aire que a una apuesta segura.
Un eventual juego en solitario de La Libertad Avanza dejaría al PRO en una posición incómoda, obligado a redefinir su estrategia en un escenario donde corre el riesgo de quedar relegado a ser un espacio marginal.
El otro actor es Amarilla, que podría jugar por la Gobernación. Hay posibilidades de que lo haga solo; con algún armado de ocasión; o con el espacio de empresarios que viene tejiendo el diputado “Miguelo” Núñez, que fue expulsado del PRO pero algunos hablan de una amnistía. Núñez fue el armador del espacio de Amarilla en junio de 2025 y se mantiene inquieto, buscando acercar extremos del rompecabezas opositor.
Justamente, el espacio empresario que presentó Miguelo Núñez hace un mes, es otra de las incógnitas. Tiene algunos nombres con ganas de lanzarse a la carrera, pero quieren jugar a ganador, sin correr el riesgo de hacer papalón ni de perder por pocos votos. Están viendo si acomodan un escenario favorable. Si los planetas se le alinean, Núñez podría volver a armar un vehículo competitivo. Caja no le faltaría, teniendo en cuenta los apellidos de empresarios que se sentaron a su lado en el Hotel Julio César de Posadas.
Con este panorama, todo indica que el abanico de propuestas será importante, y que el próximo gobernador podría surgir con porcentajes relativamente bajos a diferencia de elecciones anteriores —cerca de 40%—, algo poco habitual en la historia reciente de Misiones. Aunque todavía falta mucho y queda mucha tela para cortar.
Más allá de quién resulte ganador, hay una conclusión que empieza a consolidarse: el ciclo de hegemonías parece haber quedado atrás. El próximo gobierno no llegaría con más de 50%, cualquiera sea su signo, por lo que deberá construir mayorías desde el diálogo, la negociación y la búsqueda de consensos. Ganar elecciones no será suficiente para administrar poder: habrá que construirlo todos los días.
Por Luis Huls

