Misiones Para Todos

Cecilia Rojas: “Tengo tanta bronca y desesperación que yo hasta el presidente no paro”

“Yo hasta el presidente de la Nación no paro”, avisa Cecilia Rojas, con una convicción entrecruzada por la sed de justicia, la bronca y ahora también por el dolor que significó el fallecimiento de Cristina Vázquez (38), su compañera de causa, de lucha y de sufrimiento dentro de la cárcel.

A una semana de la pérdida de su amiga -cuya muerte se investiga como un suicidio-, Cecilia habló  para recordarla, pero también para contar cómo transcurrió la vida de ambas tras sus respectivas liberaciones y para avisar que continuará con su reclamo al Estado con más fuerza que nunca.

“Fue todo muy duro para mí. Ella estaba ahí nomás, se había mudado cerca mío para que estemos más juntas porque ella se sentía sola y un montón de cosas más. De repente pasó esto y yo no entendía nada. Ella quería vivir. En ningún momento me dijo nada raro o me transmitió algún pensamiento de eso. Sólo me contaba que ella quería tener sus cosas, seguir progresando, pero se le hacía muy difícil”, expresó.

Cecilia fue condenada a prisión perpetua junto a Cristina en 2010 y ambas estuvieron más de una década presas por un crimen del cual finalmente en diciembre del año pasado fueron absueltas por la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) mediante una resolución en la cual además hicieron severos llamados de atención para la Justicia misionera.

Pero la libertad sin más y una bajada línea puertas adentro de la Justicia no era suficiente. Una vez libre, ambas se enfrentaron a una realidad que las dejó cara a cara con el desamparo. Necesitaban -y necesitan- algo más y en busca de reparar todo eso se enfoca Cecilia, en una nueva lucha en la cual incluso no debería gastar sus fuerzas, porque la ayuda y la respuesta del Estado ya debió haber llegado.

“¿Y nosotras?”

“Después de la cárcel fue salir a una realidad que encima te margina porque a donde vas te miran con otra cara. Más aún ella -por Cristina-, que se expuso. Yo por eso no me quería exponer mucho cuando vine para acá, porque yo sabía que con mi hija debía ir de un lado para el otro y, te soy sincera, todavía hay gente que te sigue juzgando. ‘Algo tenés que ver, la Justicia no creo que se haya equivocado’, te dicen o piensan, por más que en la Corte haya dos fallos. Nunca se investigó nada realmente y la gente ignorante sigue repitiendo. La opinión de otra persona por ahí a una le molesta y da bronca u odio y si uno está mal psicológicamente eso te lleva a la depresión, porque te maquinás y no querés salir a ningún lado. Te agarra ataques de pánico, Cristina los tuvo”, continuó.

La entrevistada recordó que Cristina estaba trabajando en Cáritas y aseguró que a ella “le gustaba ir a las villas, a los merenderos o a los orfanatos, porque le gustaba ayudar a la gente. A la unidad -la cárcel de mujeres en Miguel Lanús- no quería entrar porque le traía muchos recuerdos, pero igualmente le llevaba cosas para las chicas, sabiendo la necesidad de las internas ahí adentro, sean o no culpables, porque es así. Son humanos y fijensé a nosotros nos condenó todo el mundo y éramos recontra inocentes”.

A pesar de ello, Cecilia agregó que a Cristina le costaba salir adelante en esta nueva realidad. “A ella le costaba porque millones de veces me dijo ‘Cecilia, me encontré con fulano, tiene departamento, tiene todo, una vida hecha ¿y nosotras? Yo ahí le decía que lo de nosotras no fue porque no quisimos, fue porque no pudimos. Nosotros íbamos al colegio, podíamos haber terminado el secundario, podíamos haber hecho un montón de cosas pero lastimosamente no pudimos porque nos privaron de nuestra libertad. Se fijaba mucho en su edad también. Esa frustración era de las cosas que más le dolía”, contó.

Actualidad y críticas

Cecilia asegura que desde su liberación hasta la actualidad nunca recibió asistencia de ningún tipo e incluso contó la anécdota de una foto con su amiga, que en su momento fue tomada con humor pero que hoy, con la consecuencia directa del fallecimiento de Cristina, se vuelve bronca.

“Hasta el día de hoy no vino ninguna asistente social a verme, o sea el Estado o el Ministerio de Derechos Humanos (provincial), no hizo nada. Nosotras con Cristina nos sacamos una foto en la vereda de ese lugar porque justo nos cruzamos ahí. Nos sacamos una foto, riéndonos, con ironía, porque esa gente nunca estuvo con nosotras, ni estando en libertad se acercaron a nosotras”, apuntó.

En ese punto, contó qué espera a futuro y explicó de qué forma se entremezcla la falta de asistencia con la estigmatización. “Yo no quiero que a mí me den un sueldo y estar sentada en mi casa porque no voy a ser yo. Dame un sueldo y yo te voy a seguir laburando, porque me gusta trabajar. Yo no quiero que nadie me regale nada, quiero algo que me corresponde. Yo estudié panadería, sé un montón sobre eso. Hay un local en el que están pidiendo repostero. Si voy me van a preguntar por mi currículum y ¿qué currículum le puedo presentar? Estuve quince años presa, me van a mirar y van a ser capaz de llamar a la Policía y detenerme. Hasta eso tengo en la cabeza. Nadie me va a llamar, es así. Misiones es tan cerrada, que la sociedad de la mugre que hay te condena y la condena continúa”, señaló.

Ante todo este panorama, Cecilia aseguró que no dejará de reclamar lo que le corresponde, más aún después de lo sucedido con Cristina. Pero también afirmó que su deseo va más allá del dinero de un resarcimiento, sino que su intención es conseguir un cambio verdadero en la Justicia.

“Unas de las cosas que yo quiero es esto no pase más con ninguna otra chica. Mi situación ya está, pero no quiero que nadie más pase por esto. Yo hasta el presidente de la Nación no paro, ya estoy comunicándome con todos. Con Cristina hablábamos de hacer el juicio pero estábamos tranquilas, pero ahora tengo tanta bronca y desesperación. Esto fue un empuje para que yo llegue hasta el presidente, estoy decidida a todo. Va a ser duro, ahora empezamos una lucha en contra del Gobierno, contra el Estado en su conjunto”, expresó.

Respecto del juicio contra el Estado, Cecilia contó que la formulación de su demanda está culminada, mientras que la de Cristina se empezó a redactar hace poco. Ella estima que, en el mejor de los casos, en uno o dos años puede haber una resolución, pero el mientras tanto es su precoupación.

“Por eso justamente reclamo el trabajo. Quiero tener un buen trabajo para poder sustentarme yo y obviamente darle un bienestar a mi hija, porque si yo no tengo, mi hija menos va a tener”, expresó la mujer que después de ser liberada del penal de Ezeiza donde estuvo detenida regresó a Misiones a vivir junto a su padre.

Por último, indicó que “yo no voy a parar hasta cobrar lo que a mí me corresponde, ya se inició la demanda. Pero esa tampoco va a ser mi felicidad. Mi felicidad va a ser que los jueces que a mí me metieron presa y las personas que hicieron falso testimonio vayan presas. Que ellos sientan una parte de mi dolor”.

Detención, sentencia y absolución

El calvario de Cristina Vázquez y Cecilia Rojas comenzó en 2001, cuando las vincularon al crimen de Ersélide Dávalos (79) en Posadas. Ambas, junto a Omar Jara, fueron detenidas al comienzo de la pesquisa, pero tiempo después fueron excarcelados con la falta de mérito. Sin embargo, una apelación de la familia los dejó nuevamente tras las rejas en 2008 y de esa forma llegaron a juicio oral en 2010. Allí fueron condenados a prisión perpetua por el Tribunal Penal Uno de Posadas, conformado por magistrados subrogantes. Ese veredicto fue apelado varias veces e incluso fue confirmado por el Superior Tribunal de Justicia (STJ) en 2016, pero la Corte Suprema el año pasado finalmente dictó la absolución de ambas mujeres al considerar irregularidades en el fallo inicial y en la revisión.

Por Jorge Posdeley- El Territorio