El doctor Fernando Pastor es un reconocido cardioangiólogo intervencionista, que nació en ciudad cordobesa de Villa Dolores, pero está afincado desde los 6 años en Villa Mercedes, San Luis. El titular de la matrícula nacional N° 92.906 y provincial N° 884 es impulsor en el país de la terapia de contrapulsación externa mejorada (EECP), un tratamiento no doloroso ni invasivo que mejora el flujo sanguíneo y la función cardíaca en los pacientes cardiópatas.
Estudiar medicina es mucho más que escoger una carrera universitaria; es comprometerse con una profesión que impacta directamente en la vida de las personas. Desde el instante en que alguien se decide por ella, encara desafíos únicos que requieren dedicación, disciplina y, sobre todo, apasionamiento por el bienestar humano.
Por ende, al tomar la decisión definitiva tiene en cuenta un abanico de factores. Desde las preferencias de estilo de vida, la demanda en el mercado y las cuestiones personales.
Justamente, este último factor fue el que prevaleció al momento en que el doctor Fernando Pastor decidió estudiar medicinaen la Universidad Nacional de Córdoba, tras egresar de la escuela primaria y secundaria en San Luis.
“Al elegir la carrera, me inspiré en mi abuelo materno Humberto Silvera, un destacado docente de la localidad puntana de El Morro, que supo escribir el libro ‘La cautiva’. A los doce meses de estar cursando, mi abuelo fue operado del corazón en un hospital de la capital cordobesa. El post operatorio fue muy tortuoso, traumático y, sobre todo, con mala evolución. Por entonces, Humberto y mi abuela, paraban en el departamento que habían alquilado mis padres. Por entonces, asistí a ese sufrimiento. De ahí vino mi reafirmación a la especialidad escogida”, afirma el renombrado cardioangiólogo intervencionista.
Aunque nació y vivió hasta los 6 años en la ciudad cordobesa de Villa Dolores, Fernando Pastor remarca: “Me siento más sanluiseño que cordobés”.
Es que luego, su familia contrató una empresa de mudanzas y se afincó en La Toma, localidad puntana de unos nueve mil habitantes, cuya principal fuente de ingresos es la explotación minera. “Mi padre Fernando y mi tío Alberto, tenían un yacimiento de tungsteno, elemento constitutivo del acero, que exportaban al exterior”, rememora señalando que durante las vacaciones estivales solía bajar a las minas e interactuar con los hijos de unas cien familias.
En 1994, luego de recibirse de médico y efectuar guardias en hospitales y clínicas cordobesas, el padre de Juan Albano, María Emilia y Juan Mauricio viajó a Buenos Aires. ¿Con qué objetivo? Rendir las residencias, primero, en la ciudad de Mar del Plata y, después en el Hospital Naval y el Instituto Sacre Couer (ya desaparecido), en CABA. En este último centro estuvo seis años.
Época en que el titular de la Matrícula Nacional N° 92.906 y Matrícula Provincial N° 884 atendió a Diego Maradona. Esto aconteció en enero de 2000, cuando el astro del fútbol mundial protagonizó el primer episodio cardiovascular grave, mientras vacacionaba en la ciudad de Punta del Este. Tras ser asistido en un centro de salud en Uruguay, Diego fue traslado al Instituto Sacre Coeur, de Buenos Aires, en donde Pastor estaba efectuando la residencia en hemodinamia.
“Tuve la suerte de estudiarlo por cateterismo, de asistirlo en el posoperatorio y de interactuar con él durante los cinco días de internación. A decir verdad, por la emoción, en el momento de practicarle cateterismo, no sabía si punzarle la femoral o darle un abrazo a Diego”, rememora sonriendo.
De todo el procedimiento, Pastor pudo participar, merced al gesto del jefe de servicio de hemodinamia y cardiología intervencionista, doctor Marcelo Pettinari, quien también le permitió observar la histórica fractura del tobillo izquierdo, provocada en 1983 por el defensor de Athletic Bilbao, Andoni Goicoechea, cuando El Diez vestía la camiseta de Barcelona.
Aprovechó parte de esa etapa para cursar la especialidad de Cardiología en la UCA. Pero como su objetivo central era volver a San Luis y poner en práctica toda su experiencia en la provincia, aceptó la propuesta de un amigo, con una condición: prestar servicio de hemodinamista en la capital por un breve lapso. Al poco tiempo, se instaló en Villa Mercedes.
“Fue en 2001, año en que había hipotecado la casa, a través de mi padre, para poder sacar un crédito y comprar el equipo de hemodinamia. Me dieron el crédito, pero me agarró el corralito. Fue un esfuerzo enorme, había vendido hasta el auto”, puntualiza comentando que, en forma periódica, viajaba en su auto hasta CABA para atender también a pacientes en el Sacre Couer.
Pese a las adversidades que se iban presentando, el doctor Pastor nunca pensó en claudicar o “tirar la toalla”. Por el contrario, con perseverancia, templanza y la gran convicción de estar haciendo algo útil, gestó en 2002 el servicio de hemodinamia en el Instituto Cardiovascular Cuyo. “Es una institución concebida con el propósito de educar, prevenir y tratar patologías cardiovasculares potencialmente reversibles”, destaca el director médico y jefe de servicio del ICC.
En 2009, le surgió la posibilidad de viajar a California y conocer la labor de la clínica Anaheim Medical Center. Sus directivos lo tentaron para que se sumase a la plantilla. “Reconozco que la invitación, me encandiló la tecnología, la disponibilidad de recursos, los materiales, la logística y la metodología de trabajo. Pero opté por regresar a Villa Mercedes. Fundamentalmente, para abocarme a mi familia y a la atención de pacientes en el ICC, que deben someterse a un procedimiento de angioplastia o la regeneración celular hiperbaria o contrapulsación externa, tratamiento cardiovascular de última generación, de la que somos pioneros”, concluye el doctor Fernando Pastor, impulsor en el país de la terapia de contrapulsación externa mejorada (EECP).
Para interiorizarse más sobre el cardioangiólogo intervencionista, consultar su Instagram: @danfer1965




