Misiones Para Todos

Del compañero al algoritmo

A primera vista, la Argentina de hoy parece instalada en un individualismo pleno, que solo cree en el progreso a partir de la propia voluntad y capacidad. Pero esa imagen describe apenas a un sector de la sociedad, que no es nuevo y que encontró en Milei su representación política. Pero el ajuste y el proceso de deterioro económico generan desilusionados de Milei que están revisando esta idea de que es posible progreso individual sin soporte alguno. Asimismo en amplios sectores sociales el sentido de comunidad sigue presente.

Durante buena parte del siglo XX, el empleo en relación de dependencia daba un “nosotros”: compañeros, delegado, convenio, aguinaldo, vacaciones. Alrededor del trabajo se organizaba la vida social: el sindicato, la mutual, el club, el barrio. A comienzos del siglo XXI, antes de la crisis del “que se vayan todos”, ese mundo ya estaba herido: habían crecido la desocupación y la pobreza. Pero la respuesta a la crisis fue comunitaria. El argentino se definía como honesto, solidario y trabajador, y el refugio era colectivo: asambleas, comedores, trueque. La Iglesia, el Estado y la escuela sostenían la protección social. El individualismo aparecía, pero como un defecto que se lamentaba: era el rasgo del argentino “pícaro”, el de la viveza criolla.

A diferencia de aquel momento con altos niveles de desocupación, pobreza y bancos que se quedaban con los depósitos de la clase media, hoy manda la lucha por llegar a fin de mes. Ante la falta de ingresos, el argentino se convirtió en el que se la rebusca, el que tira para adelante con ingenio. Detrás del telón está el drama del multiempleo: dos o tres trabajos, el endeudamiento con la tarjeta para comprar comida, el préstamo de la billetera virtual o del prestamista del barrio. Y aun así no se llega. Hoy se sobrevive. El ingreso depende de cuántas horas aguanta el cuerpo.

Pero no todos viven igual esa intemperie. Muchos trabajan para una aplicación, como parte del pluriempleo. Para ellos el jefe es un algoritmo, y a muchos ese esquema les funciona: eligen el horario, no le rinden cuentas a nadie. Junto a ellos están los que tenían un empleo en relación de dependencia, lo perdieron y quedaron afuera de lo formal. Según el SIPA, desde fines de 2023 se perdieron 266 mil empleos asalariados formales y aparecieron 177 mil nuevos monotributistas. Y creció la informalidad, tanto el trabajo en negro como el cuentapropismo sin registro: la Universidad Nacional de Rosario, con datos del Indec, registra 348.000 nuevos informales en el último año.

El mapa del trabajo cambió de forma. Muchos se volvieron cuentapropistas a la fuerza: hacen changas para subsistir, un arreglo, una limpieza, una venta. Lo que añoran no es la libertad sino lo perdido: el recibo, la obra social, los aportes. No eligieron ese destino.

El gran cambio de estos veinticinco años son las redes sociales, la IA y la aparición de un relato que le puso nombre épico a esa intemperie: emprendedor, libertad, mérito. Fue convincente, sobre todo entre los jóvenes, y explica parte del voto de 2023.

Pero ese relato se agrieta. Los desilusionados de Milei, que siguen valorando el esfuerzo personal, dicen ahora que “el esfuerzo solo no alcanza” y vuelven a pedir lo que se pedía en 2001: un Estado activo que proteja y dé oportunidades. En los votantes opositores, el “nosotros” nunca se fue: hablan de justicia social, de derechos que recuperar, y siguen definiendo al argentino como solidario.

Hoy se cumplen 81 años del 17 de Octubre, el día en que los trabajadores salieron a la calle como un “nosotros”. Hoy muchos de ellos no tienen recibo ni delegado: tienen una aplicación, un trabajo en negro o una changa. Cualquier propuesta opositora, y el peronismo en primer lugar, tendrá que incluirlos. No alcanza con prometer volver al pasado: hay que ofrecerles un “nosotros” que hoy no tienen.

17 de octubre. El día en que los trabajadores salieron a la calle como un “nosotros”. | cedoc

Por Hugo Haime-Perfil