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Depredadores digitales: el negocio con los datos personales

Los gigantes tecnológicos estadounidenses recopilan, vinculan y venden cada vez más información sobre sus usuarios. Datos sensibles pueden acabar en manos indebidas.

Todo el mundo tiene secretos que no le contaría a nadie. Excepto, tal vez, a su aplicación de citas. Qué tipo de pareja busca. Qué lugares le gusta frecuentar para ello. Quizá también cuáles son sus preferencias sexuales o cuál es su estado de salud. Con esta información, la aplicación ayuda a encontrar personas afines. Los usuarios no suelen reparar en que estos datos también se venden a otras empresas.

Eso es precisamente lo que supuestamente ocurrió con Grindr, una aplicación de citas dirigida explícitamente a la comunidad LGBTQ+. Unos 12.000 usuarios de la aplicación demandaron a la empresa en el Reino Unido porque esta supuestamente había transmitido información personal altamente sensible a anunciantes. En algunos casos, incluso el estado serológico respecto al VIH de los usuarios.

En el fondo de la imagen, una bandera arcoíris. En primer plano, pantalla de un celular con el logo de la aplicación Grindr.

¿Ha compartido la aplicación de citas Grindr datos de salud altamente sensibles de sus usuarios con empresas de publicidad?

El litigio acaba de terminar con un acuerdo por un total de 26 millones de libras, aunque Grindr niega cualquier responsabilidad. Es decir, abona una elevada suma, pero no hay reconocimiento oficial de culpabilidad, ni tampoco condena.

¿De acuerdo con qué?

Para nosotros, los usuarios, una aplicación es, ante todo, un producto útil, pero detrás de ella suelen encontrarse también servicios en la nube, herramientas de análisis, redes publicitarias y otros proveedores de servicios. Estos almacenan y transmiten datos, los vinculan entre sí y los analizan.

Muchas de las grandes empresas tecnológicas, explica el experto en política digital Jan Penfrat, querían "hacer que a los usuarios y a las autoridades de supervisión les resultara lo más difícil posible comprender qué datos recopila cada actor en nuestros dispositivos y con qué finalidad se hace".

Todo el mundo lo conoce: una aplicación —por ejemplo, un servicio de mensajería— se instala rápidamente y, cuando aparece la pregunta de si se pueden utilizar los datos personales, los usuarios suelen hacer en "Sí". ¿A quién le apetece leerse páginas y páginas de políticas de privacidad?

Imágenes de chats privados

Pero el diablo está en los detalles. Por ejemplo, WhatsApp accede a los contactos del teléfono inteligente durante la instalación. De este modo, también se transmiten a los servidores números de teléfono de personas que ni siquiera utilizan WhatsApp y que nunca han dado su consentimiento para compartir sus contactos.

El servicio de mensajería Discord recopila todos los mensajes de texto, imágenes y enlaces que sus usuarios envían —incluso en chats privados— mientras estos no se opongan activamente a esta práctica. Solo después de años de quejas, Discord introdujo en mayo de 2026 al menos un cifrado para las grabaciones de voz y video. 

Soberanía digital: ¿Quién controla nuestros datos?

Cuanto más grande y entrelazada está una empresa, menos se trata de datos individuales y más de patrones: "Google controla muchas partes diferentes de nuestra vida digital y, por así decirlo, ha introducido recopilaciones de datos y sistemas de vigilancia en prácticamente todos los niveles", explica Penfrat.

Acceso a la ubicación y al calendario

"Esto comienza con el hardware, cuando Google fabrica sus propios teléfonos, y continúa con el sistema operativo, es decir, Android, en el que ya viene incorporado un identificador publicitario individual y permanente que identifica cada dispositivo a lo largo de toda su vida útil".

A esto se suman las aplicaciones que Google gestiona directamente y que a menudo ya vienen preinstaladas: Gmail, la agenda, los contactos, el calendario y, por último, pero no menos importante, Google Maps, "donde se pueden registrar los lugares en los que se encuentran las personas minuto a minuto. Y todo esto acaba formando parte de un enorme perfil".

Regulaciones de la UE 

Google es solo uno de muchos proveedores. "Es un mercado mundial gigantesco, de miles de millones, en el que los perfiles de datos personales de las personas simplemente se comercializan".

La Unión Europea ya cuenta actualmente con una de las regulaciones de protección de datos más estrictas del mundo. Así, el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) tiene como objetivo proteger los datos personales y la privacidad de las personas.

Anuncio oficial de la Comisión Europea. Thomas Regnier da una conferencia de prensa sobre una multa contra Google.

El portavoz de la Comisión Europea, Thomas Regnier, anunció una multa de 890 millones de euros contra Google en julio de 2026.

Otras leyes digitales de la UE, como la Ley de Mercados Digitales o la Ley de Servicios Digitales, pretenden impedir que las grandes empresas tecnológicas abusen de su poder frente a empresas y usuarios. Estas leyes también deben ser respetadas por las empresas estadounidenses cuando ofrecen sus servicios a personas en Europa o vigilan su comportamiento.

Dependencia de los servicios en la nube de EE. UU.

Pero un control realmente eficaz por parte de la UE no es tan sencillo: los gigantes tecnológicos poseen infraestructuras globales, enormes recursos financieros y complejos modelos de negocio. Las autoridades europeas primero tendrían que penetrar en ellos y comprenderlos.

A esto se suma la propia dependencia de Europa: los servicios en la nube, los sistemas operativos, las plataformas y, cada vez más, también la infraestructura de inteligencia artificial son —al menos hasta ahora— proporcionados en gran medida por empresas de Estados Unidos.

Jóvenes sentados en unas escaleras celular en mano.

¿Mensajes nuevos? Para la mayoría de los jóvenes, el teléfono inteligente es una parte esencial de la vida cotidiana, un compañero al que confían mucha información confidencial.Imagen: Pond5 Images/IMAGO

Entonces, ¿qué puede hacer uno como consumidor? Jan Penfrat menciona dos reglas básicas: "Una es preguntarme siempre: ¿cuál es el modelo de negocio? ¿Con qué se gana dinero aquí? Y aquí se aplica la frase de oro: 'Si no pago, yo soy el producto".

Por Thomas Latschan-DW