Misiones Para Todos

Descubrió la infidelidad embarazada de siete meses y convirtió la traición en un célebre escrache literario: la historia de Nora Ephron

Con siete meses de gestación, la escritora encuentra un mensaje íntimo dirigido a Carl Bernstein, firmado por Margaret Jay, y la revelación precipita una crisis que terminará en mudanza, parto adelantado y una decisión irreversible

Tropezarse con una dedicatoria amorosa, escrita en un libro de canciones infantiles, para tu pareja y que esté firmada por otra mujer, promete un drama.

Eso fue lo que le pasó a Nora Ephron cuando, con siete meses de embarazo, empezó a hojear las páginas de una edición de papel para chicos, que le había regalado a su marido una amiga en común del matrimonio con motivo de su próxima paternidad. Le faltó el aire y tuvo que sentarse, en su magnífica casa de Georgetown, Washington, en los Estados Unidos, para leer una vez más con tranquilidad. Las líneas que desfilaban bajo sus pupilas estaban destinadas a su esposo, Carl Bernstein (quien junto con Bob Woodward fueron autores del libro que contribuyó a la caída del Presidente Nixon), y estaban firmadas por Margaret Jay. El estupor la recorrió y la dejó vacía. Con el cuerpo ahuecado y la sensación de que el mundo se había suspendido a su alrededor, sintió que ya no podía negarlo. Por más que quisiera creer que estaba equivocada, esas palabras eran demasiado tiernas e íntimas para reflejar una simple amistad. Y venían a corroborar los rumores que estaban circulando desde hacía un tiempo y ante los que ella fingía demencia.

El olor a traición la repugnó. Experimentó náuseas.

Con el corazón en la mano

Margaret Jay no era una mujer cualquiera. Era la hija del ex primer ministro británico James Callaghan y, en ese preciso momento, la esposa del embajador británico en los Estados Unidos, Peter Jay.

Nora respiró hondo. Con Carl estaban esperando a su segundo hijo. Ella venía haciendo esfuerzos por no hacerse eco de cada chisme que circulaba por la ciudad. La fama, los intereses ajenos y el rating de los desamores suelen ser ingredientes que se cuelan en la vida cotidiana. Pero. Pero. Pero. Frente a este texto no pudo menos que olfatear la verdad revelada. Con el corazón en la mano decidió viajar de inmediato a Manhattan para sentarse a conversar con su psicóloga. Necesitaba contención y una guía para ver cómo seguir. Ese mismo día terminó sentada con su terapeuta quien la ayudó a tomar las cosas con relativa calma y la invitó a reflexionar. Seguramente, le dijo, al fin de la tormenta el matrimonio se quebraría, pero las decisiones serias había que meditarlas.

La consecuencia de esta severa turbulencia matrimonial provocó un parto prematuro. El bebé, al que llamaron Max, llegó un mes antes de lo previsto, el 15 de agosto de 1979. La noticia fue más veloz que cualquier otra necesidad emocional. La prensa y los periodistas se dieron un festín que devoró la poca paz de la familia.

Cuando ella tomó coraje y lo enfrentó, Carl escapó, minimizó y se negó de manera tajante a dejar a su amante. ¡Pretendía seguir de la misma manera!

Para Nora eso fue el fin del amor que había creído tener. Otra vez se le vació el alma hasta el fondo.

La situación se tornó tan insostenible intramuros que, dos semanas después del nacimiento de Max, Nora hizo las valijas. Se mandó a mudar a Nueva York con Jacob y Max y su niñera. Se instaló en la casa de unos amigos, el editor Robert Gottlieb y su esposa María Tucci. A ellos les repetía que Carl era “una rata”.

Encontrar la salida

Nora nació en Nueva York el 19 de mayo de 1941 y fue la mayor de cuatro hermanas. Sus padres eran guionistas y estaban vinculados al mundo del cine y del teatro. Siendo chica todavía, su familia se instaló en Beverly Hills, Los Ángeles. Creció rodeada del ambiente literario y artístico y escuchando que todo, absolutamente todo, lo que ocurría en el día a día de la vida podía ser excelente material para un guión. El concepto quedó tallado en su cabeza.

Terminado el colegio estudió Ciencias Políticas en el Wellesley College, en Massachusetts. En 1961, se comprometió con Matthew Zinn, pero todo acabó entre ellos antes del casamiento. Se graduó al año siguiente y, tiempo después, se instaló en Nueva York porque quería ser periodista. Vivió en departamentos mínimos y pasó por distintos trabajos hasta que consiguió empleo en el New York Post. Después consiguió empezar a escribir para las revistas Esquire New York Magazine. Su pluma se reveló ácida, mordaz, brillante. Destacó con rapidez entre el resto.

En abril de 1967, se casó con el escritor, periodista y humorista de Chicago, Dan Greenburg.

A mediados de la década del 70, Nora ya se había convertido en una reconocida periodista. Fue en ese ambiente que un día chocó con otro periodista tres años menor que ella. Se llamaba Carl Bernstein y estaba divorciado sin hijos. Él ya había estado involucrado en el Watergate con sus artículos, algo que llevó al presidente Nixon a renunciar en 1974, y publicado -con Bob Woodward- el libro Todos los hombres del presidente en el que relataron el caso. Era una verdadera estrella mundial del periodismo.

Se gustaron tanto que Nora no dudó: se divorció de Dan y, ese mismo año, 1976, se casó con Carl.

Ella estaba por cumplir los 35. Juntos, el 22 de agosto de 1978, tuvieron a Jacob y, en 1979, llegaría Max en medio del escándalo de la fatal dedicatoria de Margaret.

Para entonces la felicidad no había durado mucho. Unos míseros tres años.

La vida siguió y Nora estaba acorralada en un dilema existencial que versaba sobre su propia vida. Se le ocurrió ponerse a escribir. Eso la distraía. Como se decía en su casa de la infancia, material en su propia existencia había de sobra. Solo había que contarlo sin censura, exponer lo duro y lo gracioso, lo doloroso y lo brutal. Exponer el lado interno del cuero que nos recubre, sin temores. Lo hizo golpeando las teclas todos los días.

No le salió nada mal. Su obra terminó siendo monumental.

Eso sí: Nora nunca reveló cuáles fueron las exactas palabras que la amante de su marido escribió y nos dejó para siempre con la intriga.

Carl mientras tanto siguió saliendo con Margaret Jay y con otras mujeres más como Bianca Jagger (modelo y ex de Mick Jagger) y Martha Stewart (empresaria y editora de revistas). Terminó casándose, muchos años después, con Christine Kuehbeck (ex modelo).

Margaret por su lado siguió casada unos cuantos años más. Su marido, mientras tanto, se vengó de ella y tuvo un affaire con la niñera de sus tres hijos.

Era baronesa, periodista y estuvo en lugares importantes de la política británica hasta el año 2001.

Trayectoria vertical a la fama

Cuatro años después de separarse, en 1983, Nora publicó su novela Heartburn (Se acabó el pastel). No fingió demencia, contó inspirada en su realidad, pero con nombres ficticios. La protagonista es Rachel, una autora de libros embarazada descubre que su marido, un influyente periodista, le es infiel. Un texto afilado y que duele, pero salpicado de humor e ironía. Lo que hace especial a esta novela es su tono: una mezcla de observación irónica donde se expone al ridículo a los personajes de una clase acomodada.

Ella explicó tiempo después: “... si cuento la historia, la controlo. Si la cuento, ¡puedo hacerte reír! Y prefiero que te rías de mí antes de que sientas lástima”.

Había convertido la humillación en una excelente historia que todos engullían con placer. A la amante de ficción la llamó Thelma Rice. Y la describió, con un poco de maldad, como a una jirafa con “un cuello tan largo como un brazo y una nariz tan tan larga como un dedo pulgar y deberías ver sus piernas, para no hablar de sus pies, que son como pies de pato”. Del protagonista masculino que alude a su marido, dijo: “es capaz de acostarse con una persiana veneciana”. Otra frase de la narradora que representa a la Nora sostiene: “Me casé con él contra toda evidencia. Me casé con él creyendo que el matrimonio no funciona, que el amor muere, que la pasión se apaga, y al hacerlo me convertí en el tipo de romántica que solo un cínico es verdaderamente capaz de ser”. Es la voz de Nora hablando a través de Rachel. Una más: “Cuando te enamoras de alguien parte de lo que amas son las diferencias entre ustedes. Luego te casas y esas diferencias son las que empiezan a volverte loca”.

Carl estaba furioso por el escrache literario de su ex. Todos hablaban de él. Para acusarlo o defenderlo. Amenazó con hacerle juicio, pero finalmente, cuando en la meca del cine se anunció una adaptación cinematográfica del libro, se rindió. Ya estaba. Debía abandonar el asunto y aceptar el escarnio público.

En 1986 el libro se convirtió en película de Hollywood y fue protagonizada, nada menos, que por Meryl Streep y Jack Nicholson. Nora había cambiado lágrimas por facturación y catarsis.

Mientras estuvieron juntos, Carl nunca le reveló a Nora quién había sido la fuente del libro que provocó la renuncia del presidente de los Estados Unidos. Ella era brillante y lo dedujo sola. Carl se refería a su fuente y antes de que fuera bautizado como Garganta Profunda como MF. Carl decía que esas iniciales correspondían a My Friend (Mi amigo, en inglés). Nora no le creyó. Y tiró de esas dos letras hasta que lo averiguó: el verdadero nombre del personaje secreto era Mark Felt, un director asociado del FBI. Estaba muy divertida con su descubrimiento, pero nadie la escuchó con verdadera atención. La creían una mujer despechada hablando de su ex. Muchos años después, el mismísimo Mark Felt terminó reconociendo ser Garganta Profunda y confirmó que Nora tenía razón.

Sus éxitos no se agotaron en su ópera prima. Fue por más y en 1989 escribió un guión más exitoso todavía: Cuando Harry conoció a Sally. Se había consagrado. En 1993, hizo el de Algo para recordar y, en 1998, Tienes un e-mail.

Nora había ganado la batalla de la humillación. La devastación que le había generado el divorcio había sido el motor de todas sus conquistas. Y la había hecho ganar mucho dinero, más que el que ganaba Carl.

No se había derrumbado, se había erigido en una voz potente para entronizarse como la mejor intérprete de la comedia romántica.

El amor llama dos veces

Su éxito no vino en soledad. En marzo de 1987 Nora volvió a casarse con 46 años. Esta vez con el guionista especializado en crímenes de la mafia, Nicholas Pileggi. Él era unos ocho años mayor que ella, hijo de italianos y estaba divorciado de su esposa desde el mismo año que Nora y Carl. Los dos se conocían desde siempre, desde la época en que Nora trabajaba en el New York Post.

Se reencontraron en casa de unos amigos y él la invitó a cenar. La pasaron tan bien que Nicholas reflejó ese momento diciendo con humor: “Le dije: Vamos a cenar. Y nunca volvimos a cenar con nadie más”.

No tuvieron hijos, pero Nicholas se ocupó mucho de Jacob y Max. Nora fue feliz esta vez. Y él fue leal. Su pasado le había dado textos, su presente le daba estabilidad y felicidad. Ella comentaba siempre riendo: “El secreto de una buena vida está en casarse con un italiano”. No había en esta nueva pareja pasiones huracanadas sino admiración mutua, humor, conversación y apoyo. Se corregían sus textos mutuamente, leían juntos y se reían mucho. En una ocasión ella le dijo a la prensa refiriéndose, sin nombrarlo, a Nicholas: “Hay hombres que disfrutan viendo crecer a sus esposas”.

Nora se dio cuenta de que esta vez había elegido bien al hombre que la acompañaba. De hecho, estuvo a su lado hasta que ella murió el 26 de junio de 2012. Tenía 71 años, venía golpeada por una leucemia mieloide aguda y se la llevó una neumonía.

En su despedida final, que se llevó a cabo el 9 de julio de ese año en el Lincoln Center de Nueva York, estuvieron todos, desde el alcalde de la ciudad a actores famosos, directores de cine, escritores de renombre, sus dos hijos (Jacob que siguió sus pasos y Max que se dedicó a la música), su marido Nicholas, pero también Carl, su ex. Las cosas ya estaban calmas para esta etapa.

Nicholas con 79 años dijo en una nota: “Ella cambió mi vida”.

El patrimonio de Nora para ese entonces estaba estimado en 40 millones de dólares. El doble que el que había acumulado su ex Carl Bernstein.

Parte de esa fortuna la heredó Nicholas quien sigue vivo, tiene 93 años y continúa trabajando. De hecho, el año pasado estrenó una película que protagonizó De Niro: The Alto Knights.

Carl Bernstein también está vivo y tiene 82. Él pudo haber volteado a un presidente con la fuerza oculta de las palabras, pero Nora hizo algo todavía más poderoso y trascendente. Con ese mismo material y su escritura consiguió el control de su propia vida, dominó la angustia cuerpo adentro y construyó una carrera sólida con más renombre que la de él.

Aquella traición, después de todo y con los titulares del lunes, bien que valió la pena.

Una imagen de juventud de la escritora, guionista y directora Nora Ephron

Por Carolina Balbiani - Infobae