Misiones Para Todos

Diferenciarse de Rovira no es suficiente

Si las elecciones generales de la Provincia fueran hoy, La Libertad Avanza tiene altísimas posibilidades de poner al próximo gobernador de Misiones.

No porque sea una fuerza arrasadora. Sino porque sacaría provecho de la división de la ex Renovación.

Entre Hugo Passalacqua y Leonardo "Lalo" Stelatto se repartirían, aproximadamente, unos 40 puntos que todavía conserva el oficialismo provincial. Un candidato por el espacio que impulsa el gobernador y otro por Encuentro Misionero. Dos listas nacidas del mismo espacio político. Un mismo electorado que terminaría dividido.

Aunque ninguno de los dos habló públicamente de candidaturas, los demás a su alrededor ya empezaron a hacerlo por ellos.

El miércoles, en la reunión de unos 50 referentes realizada en el Club Legislativo, en ausencia de Stelatto, el vicegobernador Lucas Romero Spinelli confirmó al intendente de Posadas como el candidato del espacio "encuentrista". Del otro lado ocurre algo similar: el gobernador mantiene silencio, pero ministros, funcionarios y dirigentes de su entorno ya hablan con naturalidad de una reelección. Todos actúan como si estuviera decidido.

El escenario muestra dos candidatos surgidos del mismo espacio político que gobernó Misiones durante más de dos décadas.

Varias encuestas serias realizadas en las últimas semanas muestran un dato incómodo para ambos. Ni Passalacqua ni Stelatto llegarían a la Gobernación si compiten por separado. Los sondeos ubican a uno cerca del 25% y al otro entre el 15% y el 20%. Traducido: uno de cada cinco misioneros votaría por el gobernador. Otro de cada cinco por el intendente. Los otros tres buscarían otra alternativa.

Con ese escenario, el sello de La Libertad Avanza, que hoy ronda los treinta puntos de intención de voto, tendría el camino despejado para alzar la lanza de Andresito con una primera minoría.

No significa que La Libertad Avanza haya crecido. Su principal fortaleza surge, al menos por ahora, de la fragmentación del espacio gobernante, algo que la ciudadanía observa con desencanto, principalmente los votantes históricos de la Renovación decepcionados por la división. En un escenario de alta dispersión electoral, solo conservando su electorado, LLA puede recibir un regalo del cielo: un mandato que le caería mucho más por errores del oficialismo que por mérito propio, ya que siete de cada diez no le votarían.

El país y la provincia cambiaron. Ya no hay más ningún oficialismo con 60 puntos. El próximo gobernador tendrá una escasa sustentación electoral.

Los relevamientos de opinión pública muestran una foto de julio de 2026, faltando todavía mucho para los comicios generales de 2027. Sin duda los números pueden cambiar, aunque no es fácil saber hacia dónde.

Con este escenario, el proceso que atraviesa Misiones conviene mirarlo como una película y no como una sucesión de fotos. Las fotos muestran instantes. La película explica hacia dónde va la historia.

Y el passalacquismo viene mostrando varias fotos, en las últimas semanas, con marcados gestos de diferenciación política respecto de Encuentro Misionero, de Carlos Rovira y de los Neo.

Del otro lado, el escenario tampoco se muestra inmóvil. Leonardo Stelatto mantiene un perfil extremadamente cuidadoso en sus declaraciones públicas, pero en su círculo íntimo aseguró que tiene la firme determinación de dar pelea por la Provincia.

Cree que su principal fortaleza no pasa por una estructura partidaria, sino por los pergaminos construidos durante años de gestión al frente de Posadas y una alta valoración de la gente de los pueblos del interior. A pesar que se escucha que “los intendentes no lo quieren”, también hay otra frase recurrente en la gente de otros municipios donde dicen: “ojalá que haga en todo Misiones lo que hizo en Posadas”.

Su prudencia, lejos de expresar dudas, forma parte de un estilo político que también terminó convirtiéndose en uno de sus principales activos y hacen que su nombre aparezca de como un candidato lógico en la discusión por la Gobernación.

El capital político de Stelatto excede ampliamente a Encuentro Misionero. Su imagen se apoya en una gestión municipal que le permitió desarrollar identidad propia y un volumen electoral difícil de ignorar. Esa autonomía explica, además, por qué la negatividad de otros “encuentristas” no necesariamente termina impactando sobre su figura. La idea sería desmarcarse tanto de los Neo como de las discusiones internas y presentarse como un dirigente que resuelve antes que confronta.

Volviendo a las fotos del passalacquismo, la desafiliación de Encuentro, el regreso del histórico cartel "Bienvenidos a la Tierra Colorada", la presentación de un nuevo sello político y la decisión de avanzar progresivamente sobre las cajas que históricamente manejó el rovirismo son gestos que sirven para marcar diferencias y construir una identidad propia. Pero, por sí solos, todavía no alcanzan para construir una mayoría electoral.

Después de más de veinte años bajo un mismo liderazgo es lógico que cualquier movimiento de autonomía adquiera un enorme valor simbólico. Es lo que está pasando con el passalacquismo, que celebra cada una de estas acciones como si fuera un gol del Mundial. El riesgo es confundir un gesto de autonomía con la realidad electoral.

Despegarse de Carlos Rovira no significa, automáticamente, construir una mayoría nueva. Eso, todavía, está lejos. Además, el desafío al que debería apuntar el Ejecutivo es superar los logros que tuvo la Renovación bajo la conducción de Rovira y que el propio Passalacqua reconoció en el pasado. En otras palabras: hacer las cosas mejor.

Hasta ahora no apareció una propuesta política claramente diferenciada que convenza al electorado de que comenzó otra etapa. Lo que sí aparecieron fueron fotos.

Una con el gremio de Luz y Fuerza, una organización que hace años perdió la capacidad de influencia política que supo tener y que hoy ni siquiera logra contener el malestar de buena parte de sus afiliados.

Otra con doce partidos políticos, la mayoría sin participación relevante en las últimas elecciones y con escaso peso en la discusión pública provincial.

También se exhibe como fortaleza el respaldo de los intendentes. Pero ese músculo es bastante más relativo de lo que parece. Muchos arrastran altos niveles de desgaste y, en varios municipios, difícilmente conservarían el poder sin la Ley de Lemas y el aporte de los votos que generan otros sublemas.

Lo mismo ocurrió con la desafiliación masiva que se buscó como épica. En la reunión del miércoles se informó que Encuentro Misionero tiene alrededor de 38 mil afiliados. Hasta ahora no se fueron ni cien. Difícil hablar de un vaciamiento cuando el movimiento, en números, no movió la aguja.

Igual criterio de análisis le cabe a la foto del 9 de Julio, con ocho diputados. Al desglosar el posicionamiento de cada uno, se llega a la conclusión de que solo una es cien por ciento passalacquista. El resto está esperando que el panorama se aclare para decidir.

Un gobierno con más de veintitrés años en el poder, golpeado por el desgaste natural, herido gravemente por las consecuencias del ajuste nacional y con crecientes demandas sociales, no amplía su base electoral solamente impulsando algunos cambios en la gestión, cambiando de partido o cargando la agenda de gestos dirigidos a la propia interna de la ex Renovación.

La etapa de diferenciación en algún momento deberá terminar para virar hacia una construcción que incorpore actores con músculo y gestión reconocida, si es que se pretende conservar el poder más de lo que se pretende diferenciarse del rovirismo.

La ruptura le sirve al espacio alineado al gobernador para consolidar una identidad propia, despegándose del liderazgo verticalista que marcó Rovira durante años, pero si queda solo en eso emerge el riesgo de allanar el camino a un tercero en discordia. Toda la demostración de autonomía solo servirá para decorar la historia de cómo terminó la ex Renovación.

Y esa podría ser la paradoja, o la victoria pírrica de esta etapa: lograr la autonomía y ver, al mismo tiempo, cómo la Gobernación termina en manos de un tercero, sea La Libertad Avanza, Ramón Amarilla o cualquier otro.

Por Luis Huls