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Dijo que su marido había sufrido un infarto, estaba por cremarlo, pero un detalle la delató

“La Griega” Alexopoulos fue detenida en el velatorio de su pareja, Julio Caprarulo. “Le manejó toda su vida y también su muerte”, decían sorprendidos los allegados al matrimonio. En julio de 2015 la Justicia la condenó a 16 años de prisión.

El crimen de Julio Caprarulo estuvo a punto de ser “perfecto”, pero la verdad salió a la luz cuando los empleados del cementerio de Hudson ya habían puesto el ataúd en la boca del horno. Su pareja, la griega Panagiota Alexopoulos, o “Mariana” como se hacía llamar, no lo sabía, pero poco después la policía la iba a llevar detenida, acusada de homicidio.

“Le manejó toda su vida y también su muerte”, decían sorprendidos los allegados al matrimonio. “La Griega” sostuvo siempre su inocencia, pero en julio de 2015 la Justicia la condenó a 16 años de prisión y desde entonces permanece presa.

El “flechazo” entre Alexopoulos y Caprarulo se dio una noche de diciembre de 2007 en un boliche de Recoleta. Ambos estaban divorciados de parejas anteriores y en menos de un año ya convivían en un chalé del barrio Crucecita, en Avellaneda. Pero la historia de amor terminó tan repentinamente como había empezado, solo que de manera macabra.

El 26 de noviembre de 2011 encontraron muerto a Caprarulo y todo alrededor de su muerte fue extraño. Para cubrir el crimen, “La Griega” dijo que Caprarulo había sufrido un infarto, se había caído y se había golpeado mortalmente la cabeza contra el piso. Organizó el velatorio en una de las habitaciones de su casa, iluminada apenas con la luz de una vela, y le echó la culpa al perro que vivía con ellos por las heridas que la víctima tenía en su cara.

“Mariana” lloraba ante los conocidos que llegaban al chalé de la calle Rocha al 500, pero más que triste se la notaba preocupada. Según relataron varios testigos a los medios, hablaba con su entorno de los trámites que tenía que hacer en la ANSES para cobrar la pensión de su marido y se ocupaba de que nadie se acercara demasiado al cuerpo.

Caprarulo estaba acostado sobre la cama y una frazada lo cubría hasta el cuello. El aire acondicionado al máximo hacía respirable el ambiente de esa habitación, cuya única luz provenía de una vela. “Hasta logró sacarnos plata para el sepelio. Le dimos 3.500 pesos y la empleadora de Julio también colaboró”, se quejó después un familiar de la víctima.

El cuerpo había sido maquillado, de manera abundante, y en su rostro en apariencia apacible solo contrastaba un apósito sobre una ceja. “Fue Aristóteles”, respondía invariablemente la viuda a cada uno que la cuestionaba por aquella herida, en referencia al caniche toy que vivía con ellos. Y nadie desconfiaba, ya que si bien la pareja “no estaba en su mejor momento, ella siempre se había mostrado super agradable”.

El crimen casi perfecto

“La Griega” Alexopoulos contrató primero el servicio de la cochería “La Paz”, de Lanús, pero el dueño se negó a cumplirlo porque las heridas en la cabeza de Caprarulo le parecieron sospechosas. La segunda funeraria que consultó la mujer accedió a entregarle un certificado de defunción en el que se indicaba que la causa de la muerte había sido un “ataque cardíaco” y a realizar el traslado hasta el cementerio Parque Iraola de Berazategui.

Así, un domingo de noviembre, en medio del dolor de familiares y amigos que esperaban para darle el último adiós, Caprarulo casi se lleva con él la verdad silenciada, pero el encargado del sector de crematorios descubrió un detalle inesperado y todo el plan criminal se desmoronó en cuestión de minutos.

El cuerpo tenía a simple vista golpes, marcas y colores no compatibles con una muerte natural. El sepulturero llamó a la policía, que a su vez dio intervención a una fiscal de Berazategui, y esta suspendió la cremación justo cuando ya habían puesto el ataúd en la boca del horno.

“Hay un problema”, dijeron los oficiales que llegaron para cerrar el cementerio con la orden en mano de la fiscal María de los Ángeles Attarian Mena. “La Griega” atribuyó el inesperado inconveniente a un trámite vinculado al divorcio de la víctima con su anterior pareja, pero en ese mismo acto enviaron el cuerpo a la morgue para practicar la autopsia y a ella la detuvieron bajo la sospecha de haber asesinado a su marido.

“Le manejó toda su vida y también su muerte”

Con el diario del día después aparecieron los testimonios que daban cuenta del carácter avasallador de la presunta asesina. Según los familiares de Caprarulo, ella lo dominaba completamente.

Al parecer, “La Griega” no solo le manejaba a la víctima las finanzas y cobraba los alquileres de su departamento y de una casaquinta en el Tigre. También tenía sus claves de mail y de las redes sociales. En ocasiones, incluso, declararon ante los medios, cuando él hablaba por teléfono, “Mariana” se paraba detrás de él para apuntarle lo que tenía que decir.

Un golpe en la nuca mientras dormía

Durante la autopsia, los médicos forenses detectaron que Caprarulo había sufrido un “traumatismo craneano con lesiones vitales” y también detectaron un hematoma en la cabeza, golpes y hasta pérdida de sustancia en la oreja izquierda.

La conclusión de los peritos fue que Alexopoulos esperó a que su esposo se durmiera y lo mató de un golpe en la nuca con un objeto romo y duro, probablemente una maza. La víctima no tuvo oportunidad de defenderse.

Un día después de recibir el informe de los forenses, la fiscal Attarian Mena ordenó el allanamiento de la casa de Avellaneda donde vivía la pareja y con el uso del reactivo “Luminol”, descubrieron manchas de sangre en la habitación matrimonial tanto en el colchón de la cama como en el piso. Se trataba, ni más ni menos, que de una escena del crimen mal “lavada”.

En julio de 2015, el Tribunal Oral Criminal N° 2 de Lomas de Zamora condenó de manera unánime a “La Griega” a 16 años de prisión al encontrarla culpable del delito de “homicidio simple”.

Para los jueces, Alexopoulos fue la única responsable del crimen, por lo que absolvieron a los médicos Omar Rossi y José Pinto García, acusados de haber firmado el certificado de defunción, y a Virginia Zulberti, una amiga de “La Griega” que la había ayudado con los preparativos del velatorio en su casa.

Fuente: TN