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El crimen de Anabel Segura: la secuestraron cuando salió a correr

La joven de 22 años fue interceptada por dos hombres y su caso mantuvo en vilo a España durante dos años. Los delincuentes intentaron ocultar el asesinato, pero un macabro detalle los delató.

Había salido de su casa poco antes de las dos de la tarde del lunes para correr por un barrio tranquilo y poco transitado de La Moraleja, una zona residencial en el norte de Madrid. La rubia de 22 años iba con su walkman y escuchaba a su cantante preferida, Whitney Houston, cuando una furgoneta blanca se detuvo a su lado y velozmente dos hombres saltaron del vehículo y la levantaron por los aires.

Ella no se quedó quieta sino que resistió con fuerza y a los gritos pidió ayuda. En la feroz disputa su walkman salió despedido, su jersey quedó hecho jirones y hasta le tironearon y arrancaron la camiseta y la metieron bruscamente en la camioneta. Ella seguía gritando y alguien la escuchó y vio el secuestro, el único testigo de este drama, Antonio, de 62 años, el jardinero del Colegio Escandinavo.

Anabel Segura fue secuestrada en abril de 1993 cuando salió a correr por su barrio.
Anabel Segura fue secuestrada en abril de 1993 cuando salió a correr por su barrio.

No pudo llegar a tiempo al lugar de la agresión más que para recoger las ropas y el aparato musical de Anabel Segura y ver como la furgoneta se perdía a lo lejos.

Ocurrió el 12 de abril de 1993. La Policía Nacional pensó de inmediato en un secuestro extorsivo. El padre de Anabel era José Segura Nájera, director de la empresa Lurgi Española S.A., dedicada al estudio, investigación, desarrollo y aplicación de procesos de ingeniería y a la construcción de plantas industriales. Era un hombre rico y muy bien relacionado.

El primer llamado de los secuestradores se produjo dos días después. Exigían por la liberación la suma de 150 millones de pesetas (que era la moneda española en aquél entonces, aproximadamente unos 900.000 euros). Sería una de las numerosas llamadas realizadas durante este caso, aunque no siempre de los que tenían a Anabel. Llamaron oportunistas y estafadores que buscaban engañar a la familia y cobrar ellos el rescate. Por tal motivo una de las prioridades era saber que se estaba negociando con los verdaderos secuestradores.

La Policía y la prensa se movilizaron como pocas veces. Había presiones de todos lados. No era infrecuente que el propio presidente del gobierno Felipe González llamara a la casa de los Segura para saber cómo iban las cosas.

El 16 de abril los Segura recibieron otra llamada de los secuestradores exigiendo el pago del rescate. La Policía le aconsejó a la familia que le diera largas al asunto pero los padres de Anabel querían pagar lo antes posible. Se estableció un día y lugar de encuentro para efectuarlo, pero también se desplegó la Policía. Como si hubiesen olfateado a los agentes, los secuestradores no fueron.

Un audio: la presunta prueba de vida

La angustia de la familia, su desesperación, los impulsó a reaccionar directamente, en un caso donde había mucho pillo preparado para sacar una tajada. Viene a cuento porque los padres no pidieron una prueba de vida sino hasta bastante tiempo después. Insistieron recién en mayo. El 22 de junio de 1993 los secuestradores realizaron su última llamada telefónica. Anunciaron que enviarían una cinta de audio con un mensaje de Anabel para su familia. Esa cinta llegó días después.

En el audio se escucha una voz femenina, con tono apagado o débil: “Hola padres, estamos a 22 de junio de 1993. Quiero deciros que estoy bien dentro de lo que cabe. Esta gente no me cuida mal, pero me gustaría estar en casa con vosotros, porque ya llevo bastante tiempo aquí y tengo muchas ganas de veros a todos vosotros, así que a ver si todo esto se termina pronto. Hasta luego papá. Adiós mamá. hermana, te quiero mucho. Adiós”.

Luego se oye una voz masculina: “Ahora escúchenme con atención. Han escuchado la voz de Anabel. Si no se cumplen todas nuestras peticiones en la entrega del dinero, dentro de treinta días después de recibir nuestra cinta, la ejecutaremos… Y repito, y perdóneme mi, digamos, oportunismo, o digamos mejor dicho, que sea tan reiteradamente un poco pesado, esta situación se está complicando mucho, está poniendo en peligro nuestra pequeña organización de delincuencia organizada…”.

Los secuestradores le pidieron millones a la familia y ocultaron el asesinado durante dos años.
Los secuestradores le pidieron millones a la familia y ocultaron el asesinado durante dos años.

Los padres de la chica aseguraron que esa no era la voz de Anabel. Lo mismo afirmó su hermana Sandi y el novio de la chica secuestrada. Una semana después, el padre, José, pidió nuevamente la cinta, y luego dijo que a su mujer le parecía que sí era la voz de su hija. Los secuestradores dijeron que estaba viva y si esa voz no era de Anabel significaba que ella estaba muerta. El atormentado anhelo de volver a verla convenció a la familia que esa voz era la de ella. Es decir, que estaba viva.

La cinta de audio fue analizada de todas las formas posibles y de acuerdo con los últimos adelantos de la tecnología, incluso se sometió a estudios de ADN que eran muy complejos en esa época. Se la envió a los departamentos de Policía y a las penitenciarías para ver si algún preso reconocía la voz masculina. Entonces, de Alemania llegó un dato interesante. Los peritos lograron aislar sonidos de fondo: eran las voces de chicos. Es decir que uno de los secuestradores tenía familia y la había comprometido en su delito. Esta situación no era propia de delincuentes habituales o expertos. Hasta se escuchaba el timbre de la casa.

También descubrieron otra pista con esta cinta grabada. De fondo la única palabra que se pudo identificar fue “bolo”, un término propio de la región de Toledo que se refiere a una persona ignorante o de poca habilidad.

La familia Segura estaba desesperada y apoyaba cualquier tipo de procedimiento que pudiera dar una pista o traer de vuelta a Anabel. Lo único indudable que tenían era el testimonio del jardinero que vio el secuestro. Lo sometieron a la técnica de sofronización, creada por el psiquiatra colombiano Alfonso Caycedo Lozano en los años sesenta. Es un método de relajación y autocontrol mental con el objetivo de indagar en sus recuerdos. Resultó un fracaso.

Identikit realizado por la Policía Nacional de España en base a las declaraciones del único testigo del secuestro.
Identikit realizado por la Policía Nacional de España en base a las declaraciones del único testigo del secuestro.

Si bien aparecieron desde el inicio del caso, con el tiempo se transformaron en una multitud: los videntes y parapsicólogos. Todos decían tener información sobre el caso. Uno llegó a decir que la chica estaba enterrada en la Plaza Mayor de Salamanca y la Policía fue a ver el lugar a perdido de la familia. Nada. Estaban los inescrupulosos que decían que Anabel estaba viva, y entonces la familia los invitaba a comer y hasta le daban un dinero en efectivo, y estaban los que decían que estaba muerta, que era echados a patadas.

Dos años sin rastros de Anabel

Ya a inicios de 1994 el gobierno español ofreció una recompensa de 15 millones de pesetas para quien aportara información útil. La familia de Anabel le agregó 15 millones más. Para fines de ese año la recompensa subió a 60 millones de pesetas. Había pasado mucho tiempo desde el secuestro y desde la última vez que los secuestradores se habían comunicado. Desolados, los familiares y la Policía decidieron hacer público el audio con la voz del secuestrador en la esperanza de que alguien la reconozca. En abril de 1995 se divulgó por radio y tevé y desde entonces, más de dos años después del secuestro, el de Anabel Segura se convirtió en un caso mediático. La repercusión fue abrumadora y el país se conmovió. Se realizaron muchas llamadas y había que investigarlas a todas.

El 29 de junio de 1995 se produjo una comunicación que informaba que la voz de la cinta era de un tal Emilio Muñoz Gaudix, a quien le decían “El Facha”. Quien lo identificó era uno de sus compañero de trabajo. Este Emilio Muñoz vivía en un pueblo de Toledo, manejaba una camioneta blanca y tenía hijos pequeños de la edad de los que se escuchaban de fondo en la cinta. Le intervinieron el teléfono y escucharon el timbre de la casa, similar al que se oía en la grabación. Emilio Muñoz conocía la zona residencial de La Moreleja porque era repartidor de paquetes y encomiendas. Además, tenía familiares en un pueblo de Guadalajara donde se realizó el primer intento de pago de rescate. La Policía le hizo escuchar la cinta a los compañeros de Emilio en la firma “Mail-Boxes”, la empresa de mensajería en la que trabajaba, y todos reconocieron su voz. El repartidor se ganaba la vida también con una churrería que había puesto en el garaje de su casa, que atendía su mujer, Felisa.

Emilio Muñoz, uno de los secuestradores cayó después de una larga investigación.
Emilio Muñoz, uno de los secuestradores cayó después de una larga investigación.

¿Anabel, estaba viva o muerta? Para la Guardia Civil estaba viva. Esta es una fuerza de seguridad independiente de la Policía Nacional, que era la que llevaba la investigación. ¡Pero qué gran logro sería para la Guardia Civil rescatar a Anabel! Sin avisar a la Policía y siguiendo su propia información, llegaron a la conclusión que la chica estaba retenida en un piso de la calle López de Mora 5 del municipio de Vigo. No investigaron más y allanaron el 8 de julio de 1995. Había allí una mujer pero era una maestra que quedó petrificada, muerta de miedo, frente a la violencia del allanamiento.

La pista sólida era la de Emilio Muñoz y la tenía la Policía Nacional, aunque era cierto que las pruebas en su contra era circunstanciales. Necesitaban más para confirmar y no la sospecha. Decidieron acercarse a su hermano, Alfonso. No fueron muy sutiles que digamos. Le dijeron sin vueltas que sabían que su hermano Emilio había secuestrado a Anabel. Alfonso reconoció que la voz de la grabación era la de su hermano y que no sabía quién era su cómplice. Cuando le preguntaron sobre los amigos de Emilio mencionó inmediatamente a Cándido Ortiz.

Los policías persuadieron a Alfonso de llamar a la casa de su hermano. Cuando lo hizo habló con Felisa, la mujer de Emilio, su cuñada. El teléfono fijo estaba intervenido así que la conversación quedaría grabada. Alfonso le dijo a Felisa que la Policía lo había interrogado porque estaba investigando a Emilio por la desaparición de Anabel Segura. Le preguntó entonces si sabía algo del asunto y ella le respondió que no. Alfonso le siguió preguntando sobre el tema y al final la mujer le confesó que su marido había secuestrado a una chica. También le dijo que su esposo y su amigo Cándido la obligaron a simular la voz de Anabel en una grabación.

Faltaba encontrar a Anabel aunque después de tanto tiempo y siendo los secuestradores quienes eran, es decir novatos, se consideraba la posibilidad de que la víctima estuviera muertaEmilio Muñoz Guadix, de 40 años, fue detenido el 28 de setiembre de 1995 en su trabajo, a su mujer, Felisa García Campuzano, la arrestaron en su casa, y el mismo día cayó Cándido Ortiz, plomero, de 38 años.

¿Dónde está Anabel?

Cuando detuvieron a Cándido Ortiz le dijeron: “Ya sabés a qué venimos. Emilio nos dijo que la mataste vos”.

Aquel 12 de abril de 1993 en la zona madrileña de La Moraleja, Emilio Muñoz y Cándido Ortiz dieron cuatro vueltas por el lugar convencidos de que allí, siendo una zona de gente adinerada, atraparían a alguien por el que podían pedir buena plata. Vieron a Anabel por el espejo retrovisor que venía trotando. Sería ella, al azar. Iban despacio y se detuvieron esperando que la joven pasara al lado de ellos. Bajaron de la camioneta blanca y la atraparon. Pelearon con ella y finalmente la metieron en el vehículo. Anabel seguía resistiéndose. De tan chapuceros, Emilio y Cándido se quedaron sin nafta y debieron ir a cargar. No llevaban a una víctima pasiva sino que ella seguía luchando por liberarse. Le pasaron una cuerda por el cuello y tiraron hasta ahorcarla. Habían pasado seis horas desde que la capturaron.

¿Por qué la mataron? No pudo saberse. Hubo quien habló de improvisación, más la resistencia de la joven, más el miedo que a la larga los reconociera. Emilio diría tiempo después que Anabel, cuando la tenían maniatada dentro de la camioneta, les preguntó si la iban a violar y ellos le contestaron que no eran esa clase de gente. Luego la mataron.

Felisa, que grabó un mensaje haciéndose pasar por Anabel, delató el delito de su marido.
Felisa, que grabó un mensaje haciéndose pasar por Anabel, delató el delito de su marido.

Enterraron el cadáver de la muchacha en las proximidades de una fábrica de cerámica destruida situada en Numancia de la Sagra (Toledo).

Emilio le contó del secuestro a su mujer y a pesar de que se convirtió en homicidio, eran tan despreciables que siguieron adelante con la idea de obtener dinero de la familia Segura. Llamaron y pidieron rescate. Dos veces se pactó la entrega de dinero y las dos veces fracasó. Aproximadamente un mes después del secuestro y asesinato, decidieron grabar una cinta para demostrar que la chica estaba aún con vida. Debieron amenazar a Felisa, que se había negado a poner su voz como si fuera Anabel. Felisa subió a la camioneta, estacionada en el garaje de su casa, al lado de la churrería, y grabó el mensaje.

Novecientos días después del secuestro, la Policía dio con los restos de Anabel Segura. Había jirones de su equipo de gimnasia, sus zapatillas y las medias blancas.

Felisa fue condenada a dos años y cuatro meses de cárcel. Emilio y Cándido a 43 años y diez meses de prisión. El 22 de junio de 2009 Cándido Ortiz murió de un infarto en la penitenciaría de Ocaña, Toledo. En 2013, después de 18 años encerrado, Emilio Muñoz salió en libertad. Poco se sabe de él, sí que nunca volvió a verse con Felisa.

Por Ricardo Canaletti-TN