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El declive de los Moyano

Pierden poder por los convenios colectivos descentralizados en el interior y el resto de la CGT los mira de reojo. Su esposa, Liliana Zulet, en rojo.

El poder del clan Moyano podría estar a punto de sucumbir. Observan preocupados cómo una decena de provincias avanzan con convenios colectivos propios, amparados en la flamante reforma laboral, lo que le quitaría el histórico mandato sindical que la familia tuvo a nivel nacional sobre Camioneros.

A sus 82 años, Hugo debe enfrentar uno de los mayores desafíos de su carrera dirigencial. Si las cámaras empresariales logran eludir el convenio nacional y hacer el suyo propio por regiones, el músculo sindical de la familia Moyano quedará gravemente debilitado.

De todas maneras, no es el único desafío que enfrenta el otrora todopoderoso dirigente gremial: la obra social que maneja su mujer, Liliana Zulet, atraviesa un millonario déficit. Una crisis difícil de ocultar. Y hasta su hijo menor, Jerónimo, acaba de ser echado de la distribuidora de bebidas en la que figuraba como empleado desde 2023. Cosas que al clan Moyano antes no les pasaban.

Tambaleando. La crisis la inició la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC), la más histórica de las cámaras del sector. La idea que toma forma en el interior, es que cada provincia celebre su propio convenio amparado en las características de su región. Es decir, que los empresarios dejen de estar enganchados a los acuerdos celebrados en Capital Federal.

Lo que aducen desde la Cámara es que las ganancias y los gastos difieren mucho entre las grandes urbes y los pueblos. Por lo tanto es imposible mantener los mismos sueldos para todos, tal como sucede hoy. La reforma laboral, sancionada en febrero, les da la oportunidad de hacerlo.

El camino en el que avanza la FADEEAC no sólo preocupa a Moyano. El resto del mundo sindical mira atentamente los acontecimientos con el temor de una posible réplica en sus propias actividades. Si se debilita Camioneros, pronto le podría tocar al resto.

Por eso, una vez finalizado el mundial, van a comenzar con una serie de medidas de fuerza. Es ahora o nunca para la vieja guardia del sindicalismo. La decisión del Consejo Directivo de la CGT fue realizar un paro “a la francesa”, es decir huelgas por sector que vayan rotando durante un tiempo. La innovación del modelo votado no es casual: es que los paros generales que probaron hasta ahora contra la gestión Milei no fueron demasiado efectivos.

Más problemas. De todas maneras, la posible pérdida del poder centralizado del Sindicato de Camioneros no es lo único que preocupa al clan Moyano.

Desde hace tiempo, el grave déficit de la obra social del gremio está presente en cada reunión de la mesa chica. Hace un mes, los 190 mil afiliados se quedaron sin descuento en medicamentos y eso puso en la vidriera las deudas que arrastra. Sólo con los prestadores tiene un rojo de más de $60 mil millones.

Graciela Ocaña, quien investiga a Moyano desde hace años, pidió la intervención de la obra social a la Superintendencia de Servicios de Salud, aunque en el Gobierno hicieron caso omiso de la presentación. La legisladora porteña apunta a presuntas irregularidades entre la prestadora de salud que maneja Zulet y las empresas vinculadas a la familia, que podrían explicar gran parte del déficit que arrastra

A principios de julio, la adversidad le tocó al hijo menor de Hugo, Jerónimo. Es que la distribuidora de bebidas Express Beer, en la que figuraba como empleado y delegado desde hacía tres años, cerró sus puertas de manera intempestiva. El comunicado de Camioneros refirió a que dejaron sin trabajo a 220 personas “sin brindar respuestas acordes a la gravedad de la situación”, pero no hizo alusión alguna a que uno de los afectados era el más chico de los Moyano.

Hugo tiene una certeza: sabe que ya no es intocable. Para su tranquilidad, la Justicia no avanza con celeridad en ninguna de las causas que llevan su nombre, pero entiende que perdió poder de fuego. Lejos quedó el dirigente que, en privado, se ufanaba de que podía parar un país con su sola decisión.

Su última aparición pública fue hace dos semanas en una reunión de las 62 organizaciones peronistas, el brazo político del movimiento obrero. Quieren plantar bandera de cara al 2027 para tener peso en las decisiones del peronismo, pero también para intentar cerrar grietas internas. “Si no ordenamos la discusión política, va a ser muy difícil ordenarse a nivel gremial”, protestó esa noche Octavio Argüello, el ladero de Hugo. Las diferencias adentro de la CGT también los dejaron debilitados. 

El clan Moyano atraviesa un tiempo complicado. Y les será difícil revertir la situación.

Por Carlos Claá-Revista Noticias