El vencimiento del tratado New START entre Estados Unidos y Rusia marca el fin de una era en la carrera de las armas nucleares a las que otras potencias ya se han unido, cuando el orden geopolítico se resetea entre conflictos y la tecnología multiplica los riesgos ciertos de una destrucción masiva del planeta.
La expiración del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New START) de 2011 dejó a EEUU y a Rusia sin controles ni límites a sus programas de armas nucleares, el 90% del total, y la posibilidad de negociar otro que sume a China y a otras potencias se ve lejana en el convulsionado escenario geopolítico.
El tratado, firmado los presidentes Barack Obama y Dimitri Medvedev hace 15 años y que reemplazó al START de 1991, al desintegrarse la Unión Soviética, había reducido las ojivas nucleares estratégicas desplegadas de 6.000 a 1.550 tanto para EEUU como para Rusia y regulado el monitoreo de sus arsenales. Era el punto de la curva más bajo desde las 62.000 ojivas acumuladas a finales de los años 80.
Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Rusia posee actualmente 4.309 ojivas nucleares desplegadas y almacenadas y EEUU, 3.700. Los Estados con armas atómicas son nueve, pero hay un tercer actor de relevancia, China: tiene 600 ojivas nucleares y serán 1.500 en 2035.
Estados Unidos y Rusia habían dejado de realizar las inspecciones “in situ” de sus respectivas instalaciones de armas nucleares en marzo de 2020, al comenzar la pandemia, y Moscú suspendió el New START en 2023 con el argumento de que EEUU respaldaba a Ucrania (invadida por fuerzas rusas en febrero de 2022).

Número estimado de ojivas nucleares en 2025.
Al vencer el tratado, Rusia aseguró que propuso sin éxito a EEUU prorrogar el New START por un año, mientras siguen las negociaciones para poner fin a la Guerra en Ucrania, pero Washington repitió que ya no le alcanza con renovarlo. “Asumimos que las partes del tratado ya no están obligadas” a cumplirlo, declaró Moscú.
«Sin el tratado, cada lado será libre de cargar cientos de ojivas adicionales en sus misiles desplegados y bombarderos pesados duplicando el tamaño de sus arsenales desplegados en un escenario extremo», explicó Matt Korda, director del Proyecto de Información Nuclear de la Federación de Científicos de EEUU.
«En lugar de extender el New START (un acuerdo mal negociado por EEUU que, además, está siendo gravemente violado), nuestros expertos nucleares deberían trabajar en un nuevo tratado, mejorado y modernizado, que pueda perdurar en el futuro», argumentó Trump. Mientras, sólo este año, EEUU destinó 87.000 millones de dólares a modernizar su arsenal atómico.
«Estamos asistiendo al fin de una era de control de armas», dijo Erin Dumbacher, del CFR, en coincidencia con muchos analistas que ven lejano un nuevo consenso global como el que, tras la Crisis de los Misiles de Cuba de 1962, originó un Tratado de No Proliferación Nuclear en 1968, pilar de un orden global que se desintegra.
MEDIO SIGLO

El presidente estadounidense Richard Nixon y el líder soviético Leonid Brezhnev en 1972.
El TNP reflejó hace medio siglo una voluntad general de prevenir la propagación de las armas nucleares, fomentar la cooperación en los usos pacíficos de la energía nuclear y promover el desarme nuclear y el desarme general y completo. Se abrió a la firma en 1968 y entró en vigor el 5 de marzo de 1970. Tiene 191 firmantes (salvo los enemistados India y Pakistán, e Israel) y en 1995, se prorrogó indefinidamente.
Por el tratado, los Estados no poseedores de armas nucleares se comprometieron a no fabricar o adquirir armas nucleares. Los Estados poseedores del Tratado (EEUU, Rusia, China, Francia y Reino Unido), a su vez, se comprometen a no ayudar, alentar o inducir al resto a fabricarlas o conseguirlas.
La Guerra Fría entre EEUU y Rusia se asentó sobre la disuasión nuclear. Después del TNP, los dos países firmaron los tratados SALT I (1972) y SALT II (1979), de Limitación de Armas Estratégicas, que congelaron los lanzadores de misiles balísticos estratégicos y limitaron los misiles balísticos lanzados desde submarinos.
En 1983, en los finales de la Guerra Fría, el presidente Ronald Reagan lanzó el Proyecto Star Wars, en los que invirtió hasta 30.000 millones de dólares, para prevenirse de un ataque nuclear soviético pero desde el espacio.
El primer tratado START firmado en 1991 por el presidente George H. W. Bush y el último líder soviético, Mijail Gorbachov, los comprometió a reducir sus arsenales desde las 10 mil ojivas nucleares cada uno a 6 mil para 2009. Ahí fue cuando Ucrania, junto con las ex repúblicas soviéticas Bielorrusia y Kazajistán, transfirió sus antiguos arsenales nucleares soviéticos a Rusia y quedó sin protección propia. Ese pacto básico se renovó con el New START en 2011 y ahora cayó.
Aunque el contexto geopolítico es inusualmente tensos y la tecnología le da a más países la posibilidad de desarrollar nuevas y más potentes armas nucleares, este momento tiene precedentes, como cuando EEUU demoró una ratificación por la invasión soviética de Afganistán, o entre 2009 y 2011, con el START 1 vencido.
“Si expira, que expire”, dijo ahora Trump al caer el New START.
NUEVOS ACTORES

El New START ponía límites al número de plataformas de lanzamiento y de ojivas, pero además aseguraba un sistema de control, comunicación y verificación mutuo. Ahora, con Rusia en guerra en Ucrania, con Trump ampliando a niveles récord los presupuestos militares -hasta 1,5 billones de dólares para 2027- y China lanzada a construir un gran poder militar los controles quedan borrados.
A su vez, las estrategias actualizadas de seguridad y defensa de EEUU, bajo el “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe, deja tanto a Europa como a otros aliados históricos de Washington desde la posguerra sin una protección que multiplicará los esfuerzos nacionales por consolidar sus arsenales atómicos o darse unos nuevos, con misiles balísticos de nueva generación en desarrollo.
Rusia no descartó el uso de armas no convencionales si la OTAN intervenía en el conflicto de Ucrania y de hecho ya disparó dos veces un misil Oreshnik, que puede transportar ojivas convencionales pero también nucleares. En 2025, Putin anunció una prueba exitosa del “Poseidón”, un drone submarino diseñado para cruzar un océano, detonar una ojiva termonuclear y provocar un tsunami radiactivo lo suficientemente potente como para arrasar una ciudad costera.
“La lección está clara -dice el analista Andrea Rizzi-: Ucrania cedió su arsenal nuclear en 1994 a cambio de garantías, y ha sido agredida. Corea del Norte se dotó en la clandestinidad del arma nuclear, y nadie le tose”. Japón, Corea del Sur, Turquía y Polonia consideran armarse para evitarlo en el futuro.
“Hay países que hasta respetaron el TNP aun teniendo todas las tecnologías y capacidades [para dotarse del arma atómica]. Ahora empiezan a tener una conversación abierta que plantea si en este mundo cambiante, en el que ciertas garantías del pasado ya no son tan firmes, deberían reconsiderarlo. Creo que ahí es donde hay riesgos”, dijo el director general de la OIEA, el argentino Rafael Grossi.
No extraña, entonces, que el gasto mundial militar haya aumentado 9,3%% en 2024 respecto de 2023, el mayor salto interanual desde el final de la Guerra Fría según el SIPRI, y mientras la fabricación de nuevas armas se sirve de los meteóricos avances de la Inteligencia Artificial(IA).

El inventario global de armas nucleares a enero de 2025 (SIPRI Yearbook 2025).
En esa carrera, China destaca como novedad de relevancia en todos los estudios conocidos, lo que llevó a Trump a condicionar la firma de un nuevo tratado del tipo START a la participación de Beijing, que a su vez demanda que previamente Rusia y EEUU prueben su disposición a acompañarla renovando el que dejaron caer.
El New START solo cubría armas «estratégicas» tradicionales, capaces de alcanzar otros continentes desde bombarderos, submarinos y misiles de tierra. China era considerada un actor menor, con menos de 200 armas. En 2021, lanzó un misil hipersónico que completó una órbita -sobrevoló EEUU- para desplegar un vehículo capaz de descargar un arma sobre cualquier punto de la Tierra.
El arsenal nuclear de China cuenta actualmente con 600 ojivas -las duplicó sólo en los últimos cinco años- y está creciendo más rápido que el de cualquier otro país, con unas 100 ojivas nuevas al año desde 2023, según el SIPRI.

Los límites de armas nucleares establecidos por el tratado New Start de 2011.
«Trump ya dejó claro que para tener un verdadero control de armas en el Siglo XXI, es imposible hacer algo que no incluya a China, considerando su arsenal, vasto y de rápido crecimiento», insistió el secretario de Estado, Marco Rubio. A su vez, Rusia exige que Francia y Reino Unido, potencias atómicas, también se sumen.
Juntos, los arsenales nucleares de EEUU, Rusia y China son capaces de aniquilar la vida en la Tierra no una, sino varias veces. Por ello, renovar el New START es insuficiente, dijo el argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
«Hay nuevas tecnologías que no están cubiertas por el tratado: misiles hipersónicos, armas nucleares submarinas, armas espaciales. Y hay muchos otros países que, por una razón u otra, sienten ahora que pueden necesitar un arsenal nuclear propio», dijo Grossi al New York Times.
LO QUE NOS ESPERA

“Más que un interregno, el fin del New START probablemente marcará una suspensión prolongada, quizás indefinida, del control bilateral de armas nucleares con profundas implicaciones para la política nuclear global”, evaluó el director del SIPRI, Karim Haggag.
Casi todos los nueve estados con armas nucleares -EEUU, Rusia, Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel- continuaron con intensos programas de modernización nuclear en 2024, mejoraron las armas existentes y añadieron versiones más nuevas, según el SIPRI.
Del inventario global de 12.200 ojivas en enero de 2025, unas 9.600 estaban en arsenales militares para uso potencial, 3.900 desplegadas en misiles y aviones y el resto en arsenales. Unas 2.100 ojivas desplegadas se mantenían en estado de alta alerta operativa en misiles balísticos. Casi todas pertenecían a Rusia o a EEUU, pero China podría ahora mantener algunas ojivas en misiles en tiempos de paz.
Desde el final de la Guerra Fría, explica el instituto, el desmantelamiento gradual de las ojivas retiradas por Rusia y EEUU normalmente superaba el despliegue de las nuevas, y provocaba una disminución interanual general del inventario global de armas nucleares. Es probable que esta tendencia se revierta en los próximos años.
«La era de las reducciones en el número de armas nucleares en el mundo, que había durado desde el final de la Guerra Fría, está llegando a su fin», dijo Hans M. Kristensen, Investigador Asociado Principal del Programa de Armas de Destrucción Masiva del SIPRI y Director del Proyecto de Información Nuclear de la Federación de Científicos Americanos (FAS).


