Anthony Bruce Lara fue atacado a cuchillazos en una disco de la ciudad chubutense el 15 de marzo pasado. Murió. Un joven de 16 años está detenido por el hecho. Sin embargo, la querella del caso reclama por una posible cómplice en la causa, la novia del acusado
Anthony Bruce Lara encontró la muerte en medio del tumulto, entre chicos de su generación, en el mundo que conocía, en una noche en la que estaba totalmente dispuesto a bailar y sentirse bien. La Argentina que desprecia la vida de los demás hizo el resto.
De un momento a otro, el chico trastabilló hacia la pista del fondo en la disco Cleopatra de Puerto Madryn a las 4:30 de la mañana del 15 de marzo pasado. Gemía de dolor. Un trabajador del lugar le preguntó qué le pasaba. “Me pincharon, me pincharon, ¡ayudame!“, alcanzó Anthony Bruce a gritar.
Alguien llegó con un bollo de ropa, que sirvió, apenas, para contener la herida. El trabajador de la disco lo llevó hacia un pool cercano. Allí, según el testimonio que daría ese trabajador ante el fiscal Waldo Williams, el chico que iba hacia a su muerte alcanzó a levantar un dedo acusador. Apuntó a otro chico, que vestía una remera blanca, para señalar: “Ese fue el que me apuñaló”.
Así, hombre del boliche Cleopatra corrió y lo redujo. “Yo no fui”, dijo el joven acusado en el suelo. Pero Anthony Bruce, con la sangre que se le iba, habló una vez más. Allí, dijo: “Fue él”. La gente comenzó a gritar, indignada.

Una ambulancia llegó y aceleró hacia el Hospital Zonal, donde los médicos intentaron salvarle la vida a Anthony. Murió por la causa previsible, la que indica el manual de los apuñalados: hemotórax aguda, shock hipovolémico, paro cardiorrespiratorio. El chico se había tatuado tiempo atrás en el antebrazo izquierdo: “Librame de todo mal. Amén”. Los policías no tardaron en reconocerlo. Llevaba su DNI en la billetera.
Así, tras ser retenido por un trabajador héroe, el presunto asesino terminó detenido y preso bajo prisión preventiva. Tiziano Armando A. es su nombre. Tiene 16 años. Es perfectamente imputable: la Justicia de Puerto Madryn lo acusó del delito de homicidio simple. Anthony Bruce, nacido el 4 de noviembre de 2009, tenía 16 años también.

El cuchillo asesino, un filo de cocina, de mango verde, fue hallado bajo una tarima cerca del baño de mujeres de la disco, ya roto. Las autoridades lo peritaron tiempo después. El resultado del estudio al cuchillo reveló que tenía la sangre de la víctima.
El Cleopatra fue clausurado por el Tribunal de Faltas local, con una multa de $11 millones; hoy, la clausura está apelada. La autopsia al cuerpo de Bruce reveló aún más la barbarie del crimen: el tajo que le provocó su asesino recorría toda su tetilla izquierda. Otra puñalada acertó justo debajo de la clavícula, en la zona derecha también.
Pero hay una tragedia más curiosa en todo esto. En la época donde todos ven todo, nadie vio nada. Al menos, no con sus teléfonos. El crimen de Fernando Báez Sosa fue esclarecido gracias a los testigos que filmaron la paliza que sufrió. Aquí, en medio del baile, nadie filmó, a pesar de que varios chicos se acercaron a ver la pelea que desembocó en el ataque a puñaladas a Bruce. Una era de celulares curiosos en vano. De tantos crímenes con video, el asesinato de Anthony Bruce no lo tiene. O al menos, ninguno consta en el expediente.

¿Hubo una pelea? No parece. El Cuerpo Forense local peritó a Tiziano A. No se encontró lesión relevante alguna en su cuerpo. El móvil del hecho, aseguran altas fuentes del caso, sería una cuestión romántica, simples celos. Todo, por una selfie en la que Bruce, simplemente, aparecía en el fondo. Cerca de la víctima, aseveran: “Antes del hecho, Tiziano, en una moto, lo había perseguido a Bruce, que iba a pie. Bruce logró escapar”.
Patricia Andrade, madre de Bruce, presentó una querella, encabezada por el abogado Leonardo Cárdenas. Ante la Justicia chubutense, Cárdenas insiste con la posibilidad de la participación de una sospechosa más, inimputable según la ley: la propia novia de Tiziano, de apenas 14 años, presente en el Cleopatra en la noche de los hechos.
Esta supuesta participación representa un dilema jurídico interesante.

En una presentación realizada este año, Cárdenas aseguró, de acuerdo al testimonio, que la joven fue “quien introdujo el cuchillo al interior del local eludiendo el control de seguridad en razón de su condición femenina... Sin esa colaboración funcional y necesaria”, Tiziano “no habría podido contar con el instrumento letal con el que ejecutó el homicidio”.
La propia novia, incluso, realizó “amenazas directas a amigas de la víctima blandiendo el cuchillo en ostensiva y amenazante exhibición del arma dentro del local”.
Una testigo, incluso, aseguró que Tiziano intentó escapar junto a su novia, antes de que su víctima, ya moribundo, lo señalara.
A pesar de ser inimputable, el abogado Cárdenas razona que su participación debería agravar la imputación en contra de Tiziano. En vez de homicidio simple, estima la querella, debería convertirse a homicidio agravado por la premeditación y la participación de dos o más personas, una calificación casi idéntica a la que recibieron los rugbiers que mataron a Báez Sosa. La potencial pena, desde ya, sería mucho más grave.
Por Federico Fahsbender - Infobae

