Konstantin Orlov, radicado en la zona de Recreo, fue acusado de malversar donaciones de una caridad internacional. David Allami, preso en el penal de Ezeiza, pactó un juicio abreviado por vender la mercadería
¿Qué hace un ruso en Catamarca? Konstanin Orlov era un personaje simpático para la prensa local. Daba notas de vez en cuando, contaba su historia. Vivía en la pequeña ciudad de Recreo, de 21 mil habitantes, ubicada en el extremo sudeste de la provincia, la sede de la Fiesta Nacional del Cabrito. Decía ser técnico en electromecánica, radicado hace 20 años en el país, con un taller de reparación que llevaba su apellido. Aseguraba que llegar al país fue “como saltar de un avión sin paracaídas y aterrizar en algún punto de la tierra”. Orlov aprendió español por las suyas, decía. Lo hablaba bastante bien.
Sentado en su auto, el mecánico grabó un reel en el año 2020, que posteó en sus redes sociales y que ilustra esta nota. Se lo veía alarmado. Decía ser representante del Armenian Artsakh Fund, una organización de caridad internacional. Se refirió, también, al “cargamento” varado en Buenos Aires, un contenedor con una importante donación de 40 pallets de medicamentos realizada por la fundación. El destinatario de esos remedios sería, precisamente, la propia provincia de Catamarca, con el hospital Liborio Forte de Recreo. Todo, en medio de la pandemia del coronavirus.
El Ministerio de Salud de la Provincia de Catamarca, incluso, le había dado un poder especial a un despachante de aduana. Por otra parte, la mercadería -que se encontraba en un galpón de la zona de Sarandí- entró al país sin pagar impuestos. La amparaba el Régimen Especial de Envíos de Asistencia y Salvamento, establecido en el Código Aduanero, que exime de pagar impuestos a material importado para aliviar una catástrofe.
Había un problema en la Justicia en torno al cargamento, con una causa en un juzgado en lo penal económico. La sospecha era que esos remedios, en vez de donados, terminarían vendidos; un cruel caso de tráfico de medicamentos.
Hoy, seis años después, la historia termina. Tras una investigación del fiscal Jorge Dahl Rocha, su colega Gabriel Pérez Barberá logró un juicio abreviado la semana pasada. Allí, dos acusados de ser partícipes secundarios en el caso pactaron una pena de tres años en suspenso en el Tribunal N°1 del fuero, a cargo del juez Diego García Berro.
Una es Andrea Andrea Fany Álvarez, una comerciante radicada en Recreo, la pareja de Orlov. El otro es David Allami, escriba de la Torá, referente de la comunidad judía ortodoxa. Allami firmó su abreviado desde el penal de Ezeiza, donde cumple una pena de 23 años de prisión por abusar de dos chicos de su comunidad. Orlov no fue condenado. Sería imposible: murió en junio de 2021. Sin embargo, la causa siguió.

El caso comenzó cuando un informante delató el cargamento a la división Hidrovías dle Paraná de la Policía Federal, según documentos del expediente. Los remedios, para empezar, estarían vencidos. También, que serían desviados a fundaciones como el “Centro de Innovación Tecnológico Brasil Armenia Argentina”, integrado, precisamente, por Orlov y Andrea Fany Álvarez según el Boletín Oficial de ese año.
El despachante de Aduana había presentado una nota a la entonces AFIP que indicaba “la liberación de mercadería en carácter de donación por la pandemia del SARS-CoV2/COVID-19”. Luego, una inspección de ANMAT descubrió que se trataba de un cargamento mixto. Contenía artículos de perfumería e higiene, así como remedios.
Alvarez, se descubrió, pagó la tasa de servicios de almacenaje en la terminal Exolgan de Dock Sud. Insólitamente, intentó realizar una colecta con un posteo en su muro de Facebook. Allami, por su parte, se encargaría de vender los remedios. ¿Cómo se descubrió esto? Simple: sus teléfonos fueron intervenidos.
“Como punto de partida cabe mencionar que, a través de una comunicación telefónica entre FANY ALVAREZ y ALLAMI de fecha 06/04/21, cuando aún no había fallecido ORLOV, ALLAMI le hace referencia que ORLOV estaba intentando recuperar la mercadería que, en ese momento, ya se encontraba secuestrada en el marco del presente legajo”, aseguró el fiscal Dahl Rocha en su requerimiento de elevación a juicio. Las mayúsculas le pertenecen.
La muerte de Orlov no detuvo la jugada. Una semana después del fallecimiento del mecánico ruso, Allami contactó a la viuda Álvarez. “Yo lo llamo a Orlov y le digo ‘me están ofreciendo tanto le voy a dar tanto’ así y dale, lo contraté y lo concreté”, aseveró: “La parte de perfumería la tengo toda arreglada ya, con los medicamentos vendidos ya esta lo tiro abajo no importa, es el tema es que es como un ochenta porciento de la mercadería”.
Allami, también, discutió la cuestión de la fecha de vencimiento de los remedios. La denuncia, también era un problema en esa charla que ocurrió una semana después. “Lo tenía casi vendido y buscaba la forma de no quedar pegado, ¿entendés? Porque si yo quedo pegado quedamos todos y bueno no se de donde apenas que tenga voy a ver quien hizo esa denuncia”, continuó.
Incluso, pidió que la viuda de Orlov movieran supuestos contactos con el gobienro de Catamarca para ser designado representante de la fundación Armenian Artsakh Fund en reemplazo del ciudadano ruso y así “poder hacerse con la mercadería secuestrada en autos”.
Un mes más tarde, Allami presionaba con más fuerza: “Habría que presentar un escrito para que corte la investigación”, aseveraba: “¿Cómo entramos en la foto? Entramos porque la gente de Catamarca renunció?“.
Por Federico Fahsbender - Infobae

