La incorporación de Diego Santilli al Gobierno reactivó la disputa estratégica entre el expresidente y el líder libertario por la conducción del espacio de centroderecha, en una dinámica marcada por alianzas, movimientos de poder y la disputa por dirigentes clave.
Trotsky, en la década del treinta, les proponía a sus poquísimos adherentes que tenía en la España de la Guerra Civil que se metieran dentro del PSOE y den una pelea política desde adentro del partido de masas para dirigirlo. Entrismo se llamó esa táctica y se ha probado en diferentes momentos con distintos nombres y resultados. El PRO parece querer hacer entrismo en La Libertad Avanza y es difícil distinguir si Milei le está comiendo todas las figuras del PRO como un Pac-Man o si Macri está colocando sus alfiles en todos los lugares de importancia del poder y finalmente haciéndose con el Gobierno. Probablemente ambas cosas estén sucediendo a la vez y el resultado final tendrá que ver con la evolución de los acontecimientos y el final del duelo entre Macri y Milei. ¿Quién se come a quién? Esa es la pregunta. Estamos asistiendo a una de las confrontaciones políticas más sofisticadas y complejas de los últimos años.
El analista Diego Genud lo planteó de la siguiente manera. El actual gobierno de Milei es un macrismo sin Macri. Si uno ve al conjunto del Gabinete: Luis Caputo, Juan Bautista Mahiques, Federico Sturzenegger, Alejandra Monteoliva y ahora, Diego Santilli, sumado a la conducción de Patricia Bullrich en el Senado; ve a una presencia muy fuerte del PRO en el Gobierno. Por lo pronto, todos parecen estar bajo las órdenes de Milei y si Macri ejerce influencia, no se nota. Ahora, lo que Macri quiere hacer es un mileísmo sin Milei. Partiendo del rumbo económico y de que gran parte del círculo rojo y de ex votantes de Juntos por el Cambio, están desencantados con Milei, erigir al PRO como un espacio postmileísta y continuar la tarea sin el presidente, como si el problema no fuera ni el barco, ni la dirección en la que va, sino quién lo timonea.
En ese contexto, la designación de Santilli como jefe de Gabinete, reemplazando al caído en desgracia, Manuel Adorni, se inscribe en esta doble lógica. Narremos cómo fueron los hechos para entender el fenómeno.
Dentro del PRO existía una deliberación, que en esencia es la misma desde que existe el Gobierno. Cuánto acompañar y cuánto diferenciarse del gobierno de Milei para preservar el capital político amarillo y no perderlo por parecer que se ayuda al peronismo o por ser absorbidos enteramente por los libertarios y perder todo tipo de razón de existencia. En esta oportunidad ese debate se había concretado en si votar o no la destitución de Adorni y de qué manera hacerlo. En esa deliberación llegó justo la renuncia de Esteban Bullrich, que como lo mencionamos en la columna del viernes pasado, es un símbolo en el PRO y dejó sin margen al macrismo para seguir dando vueltas sobre la destitución de Adorni.
Esteban Bullrich en su carta de renuncia manifestó que sentía que el PRO había abandonado los valores con los que fue fundado y la “protección brindada a Adorni” fue la gota que rebasó el vaso. Esta renuncia dejó a Macri y al PRO muy expuestos y tuvieron que girar totalmente contra Adorni. En ese contexto y luego de que Milei haya defendido tan vehementemente al ahora ex jefe de Gabinete, el choque entre el PRO y LLA iba a una ruptura. Por eso, el Gobierno para evitar una ruptura con su principal aliado, algo que lo podría dejar al borde de la derrota de cara a las elecciones del año que viene, se desprendió de Adorni. En ese sentido, se puede decir que Esteban Bullrich echó a Adorni, una gran jugada de un actor político que puede tener mucho más para dar.
El reemplazo por Santilli tiene entonces una doble lectura. Por un lado, se contiene al PRO porque además de ser el segundo lugar en importancia dentro del Poder Ejecutivo, Santilli suena como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Si esto es así y el colorado se queda dentro del PRO, Macri podría aspirar a dirigir junto a CABA los dos principales distritos del país. Es un gran incentivo para continuar su entrismo y no presentarse como candidato a presidente por fuera del Gobierno.
Por otro lado, si Milei logra mantener altos niveles de popularidad, lo que no es nada fácil, podrá disciplinar a los dirigentes del PRO que permanecen dentro del Gobierno y excluir a Macri del juego. Si luego de Santilli le ofrece un buen lugar a Ritondo, ¿qué jugador de peso le queda a Macri?
Todo este duelo se sintetizó anteayer cuando Macri hizo una de sus clásicas maldades y llamó a Santilli antes de su entrada a la Quinta de Olivos, sabiendo que los medios se iban a dar cuenta. Vamos al fragmento de ese momento que sigue demostrando la habilidad de Macri, probablemente uno de los políticos más hábiles de los últimos años.
Ahora vamos a escuchar a Santilli respondiéndole a Eduardo Feinmann en Radio Mitre sobre esta conversación con Macri.
La maldad de Macri fue para infundir paranoia en Milei y que al Presidente siempre le quede la duda de si Santilli realmente le responde y no es un agente de Macri y para con el propio Santilli, quien le tiene rencor porque el expresidente le realizó espionaje a él y a su familia. Santilli se encontraba en el ala larretista y Macri lo espió para poder controlarlo. ¿Tendrá ese poder sobre todos los dirigentes del PRO? Inquietante pensarlo así.
Además de esto Macri tiene alta capacidad de daño. Si se presenta como candidato a presidente y logra reunir a una parte de lo que fue Juntos por el Cambio, puede aspirar a sacar un 10% clave para que Milei pierda ante el peronismo si este llega al 40%.
Macri debe jugar con esa posibilidad de manera permanente y debe lograr que Milei le crea siempre. Por otro lado, el PRO necesita tener la proyección de un camino diferente a La Libertad Avanza para conservar su sentido de existencia.
Volviendo al entrismo. El entrismo no es una excentricidad argentina sino una táctica con linaje propio dentro de la tradición trotskista, y su historial ofrece de todo: fracasos estrepitosos, anécdotas curiosas y algún éxito notable que conviene rescatar.
En la Argentina, la experiencia más temprana y orgánica fue la del Movimiento de Agrupaciones Obreras, conocido como Palabra Obrera, que desde mediados de 1957 se reconoció públicamente como parte del espacio peronista para ganar cercanía con las masas obreras que adherían a ese movimiento. El crecimiento fue real: la tirada de su periódico pasó de dos mil a casi nueve mil ejemplares. Pero el entrismo nunca le dio a esa corriente el control del movimiento que buscaba infiltrar; en el mejor de los casos, ganó cuadros y militancia, no dirección.
El caso más extremo y más discutido dentro de la propia izquierda fue el de Nahuel Moreno y su corriente, que llevó el entrismo en el peronismo hasta adoptar directamente una identidad peronista, lo cual generó duras críticas internas de quienes denunciaron esa estrategia como "seguidismo oportunista". Es el riesgo estructural de todo entrismo: quien entra para transformar corre el riesgo de ser transformado por aquello que pretendía conquistar. Disolverse en el anfitrión en lugar de dirigirlo.
A nivel internacional, el ejemplo más exitoso en términos de poder concreto conquistado es británico. La corriente conocida como Militant hizo entrismo durante décadas en el Laborismo inglés, donde llegó a tener diputados en el Parlamento, dirigió las Juventudes Socialistas y ganó la mayoría en el consejo municipal de Liverpool en los años ochenta. Fue, durante un tiempo, la prueba de que la táctica podía funcionar: control real de instituciones, no solo influencia ideológica. Pero el final también es aleccionador. El Partido Laborista terminó expulsando en bloque a la dirección de Militant a mediados de los ochenta, cuando el costo político de tolerarlos superó el beneficio de integrarlos.
Otro intento, el de la Socialist Labour League de Gerry Healy dentro del laborismo inglés en los años sesenta, logró cierta influencia en las Juventudes Socialistas pero fue expulsada a mitad de la década. El patrón se repite: el entrismo gana espacio, pero rara vez sobrevive sin ser expulsado, una vez que el partido anfitrión percibe que está siendo colonizado desde adentro.
En Francia, el Grupo Bolchevique Leninista entró en la SFIO, la sección francesa de la Internacional Obrera, repitiendo el mismo patrón europeo de la época. Y en un giro casi contemporáneo, la corriente Marea Socialista hace entrismo actualmente en el Partido Socialista Unido de Venezuela, es decir el chavismo.
El patrón histórico, entonces, es elocuente: el entrismo rara vez termina en una toma de control completa y duradera. Lo más frecuente es la influencia parcial, la disolución del entrista en el anfitrión, o la expulsión cuando el costo se vuelve insostenible. El caso de Macri en La Libertad Avanza tendrá que escribir su propio capítulo en esa historia, pero los antecedentes sugieren que ninguno de los dos desenlaces es gratuito.
En todo caso, la clave del entrismo es que es muy importante cuándo romper con el anfitrión, quien, como se sabe, en todos los casos, sabe que le están haciendo entrismo, pero dado el peso político del huésped, no puede rechazarlo fácilmente.
Macri, desde el comienzo mismo del fenómeno libertario pensó que podría hacer entrismo en sus filas. De hecho, antes de que Milei ganara la elección dijo lo siguiente.
Pac-Man nació en Japón a fines de los años setenta de la mano de Toru Iwatani, un diseñador que entonces tenía apenas 24 años y trabajaba en la compañía Namco. Iwatani lo diseñó como una respuesta consciente a la violencia que dominaba el mundo de los videojuegos de esa época. Todos los juegos disponibles entonces eran de tipo bélico, como Space Invaders, y no había ninguno que las mujeres pudieran disfrutar. Iwatani quería justamente eso, un juego "cómico" pensado también para ellas
En el juego del Pac-Man, el personaje principal debe comer algo parecido a unas semillas mientras lo persiguen fantasmas que se lo pueden comer a él. Una vez que el Pac-Man come una ficha especial, puede devorar a los fantasmas y finalmente ganar.
Es exactamente lo que sucede entre Milei y Macri. Hay una carrera en la que se compite por quién se come a quién y hasta que no lleguemos al final del juego, todo puede suceder. Hay dos personajes desarrollando su táctica.
Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi
Por Jorge Fontevecchia - Perfil


