La salida del exsenador de la fuerza amarilla marcó un nuevo punto de tensión dentro del espacio político. Allí, en su carta, sostuvo que el sello creado por Macri se alejó del rumbo que lo llevó al poder.
Si la historia la hacen las personas o si hay una suerte de espíritu de la época que arrastra a los individuos a los grandes procesos es un debate tan viejo como la historia misma. Sin embargo, hay veces que un solo hombre puede torcer los destinos de un país con un pequeño gesto, escribiendo una carta, por ejemplo. Esteban Bullrich escribió una carta abierta a Mauricio Macri en la que renuncia de manera indeclinable al PRO porque considera que el partido que ayudó a fundar se alejó de los valores iniciales ligados a la valoración de la democracia, las instituciones y la república. Esteban Bullrich explicó que la gota que derramó el vaso fue “la protección brindada” al jefe de Gabinete Manuel Adorni. ¿Por qué le damos tanta importancia a este hecho? Esteban es un símbolo dentro del PRO y de todo lo que fue Juntos por el Cambio, una coalición de centro que incluía a sectores ligados al progresismo republicano como la Coalición Cívica y la UCR y a sectores de centro derecha como el PRO.
Vamos a leer un fragmento de la carta abierta que fue publicada en su cuenta de X.
“Buenos Aires, 24 de junio de 2026
Al Ing. Mauricio Macri
Presidente del PRO
De mi mayor consideración:
Por medio de la presente quiero presentar mi renuncia irrevocable al PRO, partido que tuve el honor de fundar junto a vos hace más de veinte años.
No es fácil escribir estas líneas. Una parte importante de mi vida está unida a la historia del PRO. Compartimos el sueño de construir una nueva forma de hacer política, basada en la honestidad, la cercanía, la vocación de servicio y el respeto por las instituciones. Desde ese sueño asumí responsabilidades que marcaron mi vida y puse siempre lo mejor de mí para honrar la confianza que el partido y la sociedad depositaron en mí.
Justamente por haber sido parte de esa construcción, siento hoy la obligación moral de ser coherente con aquellos valores fundacionales.
Desde hace ya un tiempo me cuesta reconocer en muchas decisiones del partido el espíritu que nos dio origen. No se trata de diferencias tácticas, ni de matices propios de cualquier fuerza política. Se trata de una distancia cada vez mayor entre los principios que decimos defender y las decisiones que finalmente adoptamos.
Mi enfermedad me obligó a mirar la vida desde otro lugar. Me enseñó que el tiempo es demasiado valioso para vivir en contradicción con la propia conciencia. También me confirmó una convicción que atraviesa el liderazgo espiritual: el verdadero liderazgo no nace del poder ni del éxito electoral; nace de la coherencia entre los valores que proclamamos y las acciones que elegimos cuando esos valores son puestos a prueba.
En ese camino de reflexión fui comprendiendo que permanecer en el partido implicaba aceptar silencios y decisiones con las que ya no podía identificarme.
La protección brindada a Manuel Adorni fue, para mí, el hecho que terminó de hacer evidente esa distancia. No porque crea que una persona defina el destino de un partido, sino porque las organizaciones revelan su verdadera identidad en aquello que deciden justificar, tolerar o defender. Cuando la conveniencia política comienza a pesar más que la responsabilidad ética, el liderazgo pierde su sentido más profundo”.

Su lucha contra el ELA, con absoluta integridad, su calidad de debate y la calidez humana de Esteban generaron un acercamiento a su persona del conjunto del sistema político y su voz siempre es escuchada. Inmediatamente varios dirigentes que se fueron del PRO o de Juntos por el Cambio se hicieron eco de sus palabras y la noticia recorrió los canales de televisión, las radios y las redacciones porque representa más a la oposición social a este gobierno, la que movilizó junto a las universidades que conquistó la decisión favorable de la Corte, la que acompaña a los jubilados y a la discapacidad, la que no está de acuerdo con que el adversario es un enemigo, como sostienen gran parte de los partidos políticos que se ubicaron en ese lugar.
Entre tanto cálculo político, diputados y gobernadores sospechados de vender su protección a Adorni con fondos discrecionales y palabras que se escriben con la mano y borran con el codo, la carta de Esteban es un recuerdo de que hay políticos que son guiados por sus convicciones. Justamente por eso, esa pequeña acción, la de escribir una carta pública, puede cambiar los destinos de la política. Porque hay una mayoría de la sociedad que se opone a este Gobierno, solo no tiene quien la represente porque los partidos políticos se alejan de los valores que históricamente los identificaron. En ese sentido, las palabras de Esteban son una alerta, no solamente al PRO, sino a toda la oposición. Una alerta que, si es escuchada, puede dar vuelta el partido.
Los dirigentes y partidos políticos representan ideas, formas de ver el mundo, pero se vuelven importantes cuando esas ideas y esas personas son la voz de un sector de la sociedad, encarnan los sentimientos y aspiraciones de cientos de miles o millones. Vamos a intentar resumir la vida de Esteban Bullrich y la vida del PRO, el partido del que es fundador, junto con Mauricio Macri y otros dirigentes, para entender este alejamiento de Esteban y cómo puede estar representando algo más profundo que sucede en la sociedad argentina.
Esteban Bullrich nació el 26 de mayo de 1969 en Buenos Aires, en el seno de una de las familias más antiguas de la oligarquía porteña. Es hijo de Esteban Bullrich Zorraquín, bisnieto de Adolfo Bullrich, fundador de lo que hoy se conoce como Patio Bullrich, y de María Ocampo Alvear. Es además primo tercero de Patricia Bullrich. El apellido no era solo un apellido: era un linaje, una red de contactos y una manera de estar en el mundo que marcó su formación y, paradójicamente, también su necesidad de construir una identidad propia.
Antes de entrar a la política, Bullrich dedicó tiempo a enseñar matemática en barrios vulnerables. Esa experiencia no fue un dato biográfico menor sino el núcleo de una convicción que atravesó toda su carrera: que la educación era el instrumento más poderoso de movilidad social y el único antídoto real contra la desigualdad. Se graduó como licenciado en Sistemas por la Universidad CAECE y completó su formación con un MBA en la Kellogg School of Management de la Northwestern University, en Estados Unidos. La combinación de trabajo social en las villas y posgrado en Chicago lo definió antes que ningún partido.
Su ingreso a la política ocurrió a través de Recrear para el Crecimiento, el partido liberal-conservador de Ricardo López Murphy, quien provenía de esa ala del radicalismo. Bullrich condujo la juventud y logró su primer hito electoral en 2005 al ser elegido diputado nacional. Poco después se sumó al espacio que estaba construyendo Mauricio Macri, y fue parte del grupo fundador del PRO en 2005. Dentro del partido siempre representó el ala más moderada y dialoguista, la que creía en los acuerdos antes que en la confrontación.
Su gestión más larga y más controversial fue como ministro de Educación, primero de la Ciudad de Buenos Aires desde 2010 y luego de la Nación con Macri presidente desde 2015. Implementó la modernización tecnológica escolar, la inscripción online y el Plan Sarmiento. Tuvo aciertos y también episodios que la oposición le reprochó durante años.
Su mayor consagración electoral ocurrió en las legislativas de 2017: encabezando la lista de senadores nacionales por la provincia de Buenos Aires, derrotó en las urnas a Cristina Fernández de Kirchner tras una campaña sumamente polarizada. Fue el momento cumbre de su carrera o por lo menos, hasta ahora. Vamos a escuchar un fragmento de su discurso.
Ya en ese discurso proponía la misma línea que en la actualidad. Eso demuestra que lo que cambió fue el PRO, no él.
En abril de 2021, a sus 52 años, anunció públicamente que padecía Esclerosis Lateral Amiotrófica, una enfermedad neurodegenerativa progresiva que provoca parálisis muscular y le afecta gravemente el habla y la motricidad. El diagnóstico no lo apagó sino que lo transformó. La enfermedad lo obligó a hablar más lento, con más peso, con menos cálculo político y más honestidad. En medio del ruido infernal de la grieta, Bullrich se abría paso con sus silencios y medias palabras, sin pedir compasión. Se convirtió en una voz improbable en favor del diálogo, el único político argentino que podía decir "la grieta no nos lleva a ningún lado" sin que nadie sospechara que era táctica electoral. Vamos a ver ahora un fragmento de un video en el que Esteban había propuesto 12 puntos para un Acuerdo de la Concordia Nacional.
Contamos algunos de los puntos que había propuesto Esteban.
“Defender y valorar la Constitución y sus instituciones republicanas. Posicionar la estabilidad macroeconómica como norte de todas las decisiones. Reformar el Estado, buscando la austeridad y la eliminación de privilegios. Promover las exportaciones como medio del progreso y el bienestar. Fomentar el desarrollo y las inversiones, con un régimen laboral que facilite la creación de empleo privado. Implementar el sistema de Boleta Única, evitando cualquier sistema que altere la voluntad del elector. Crear una política de seguridad que combata el narcotráfico y permita vivir en paz. Actualizar las políticas educativas para generar el capital humano que demanda el Siglo XXI. Promover a los pequeños productores, las Pymes y el emprendedurismo”.
Creo que esto tiene más que ver con el PRO y con la clase media aspiracional y meritocrática que aspira a representar que la alianza con la extrema derecha de La Libertad Avanza.
Al renunciar a su banca en diciembre de 2021, dijo: "Abandono los honores, pero no la lucha, que es mi sostén". Y lo cumplió.
Vamos ahora a ver un fragmento en el que Esteban hace su discurso del despido de su banca. Este discurso es muy importante porque representa la fortaleza de sus convicciones y se termina de entender cómo se transformó en un símbolo para la política argentina.
Luego de su renuncia, Esteban siguió escribiendo, apareciendo, fundando una organización para la investigación de la ELA y pensando en voz alta sobre el país.
En 2022 le hice una entrevista y realmente me encontré con un hombre que estaba militando con toda su fuerza para superar la grieta, para que Argentina tomara un rumbo distinto al de la polarización y el desencuentro. Obviamente, se tomó otro rumbo y el alineamiento del PRO con La Libertad Avanza, inclusive en los aspectos que van en contra de sus propios valores, le deben haber generado una gran distancia, por eso su carta. Vamos a escuchar un fragmento de esa entrevista.
Hay algo impactante en Esteban: si bien siempre fue un dirigente escuchado por su elocuencia y claridad, parece que luego del ELA se volvió aún más profundo y claro. Como si la misma dificultad a la hora de hablar y la falta de certeza sobre el tiempo de vida que le queda, hiciesen que se tomase muy en serio cada palabra.
En relación a este punto, quiero compartirles un fragmento en el que Esteban reflexiona sobre cómo cambia la visión del tiempo y de la cotidianidad, luego de que se diagnostica este tipo de enfermedad.
Heidegger escribió sobre “el ser para la muerte”. Es decir, vivir sabiendo que uno va a morir lejos de sumirnos en la depresión, hace que valoremos el presente, nuestra vida y lo que hacemos con ella de otra manera. Somos lo que hacemos con nuestro tiempo, con nuestra vida. Somos un proyecto compuesto con nuestras acciones y lo que queda de nosotros es justamente eso, lo que hicimos. En ese punto, se conecta con la carta que le escribió a Mauricio Macri. Quiero volver a leer una parte en particular que tiene que ver con esto.
“Mi enfermedad me obligó a mirar la vida desde otro lugar. Me enseñó que el tiempo es demasiado valioso para vivir en contradicción con la propia conciencia. También me confirmó una convicción que atraviesa el liderazgo espiritual: el verdadero liderazgo no nace del poder ni del éxito electoral; nace de la coherencia entre los valores que proclamamos y las acciones que elegimos cuando esos valores son puestos a prueba”.
Tanto Esteban como Heidegger tienen razón. Ninguno de nosotros sabemos qué va a ser de nuestro futuro, ni cuándo nos vamos a ir de este mundo. Vivir en contradicción con nuestros valores, con lo que predicamos, especulando es, según Heidegger “una vida inauténtica”.
Si los partidos políticos, con todas sus diferencias, militaran bajo los valores que los constituyeron, sería muy sencillo cumplir el sueño que Esteban y muchos tenemos: el de superar la grieta y tener una Argentina con algunos consensos básicos, basada en el respeto y el debate democrático.
Hoy esa alarma, ese llamado en forma de carta, está hecho y es tarea de toda la oposición y por qué no, parte del oficialismo hacerle caso o persistir en una Argentina de enfrentamiento.
En diciembre pasado, desde Perfil le dimos el Premio Aporte al Bien Común a Esteban Bullrich por su trabajo sostenido en la concientización y la investigación sobre el ELA. Vamos a leer un pequeño fragmento de su discurso de agradecimiento.
"Recibir este reconocimiento me llena de una gratitud profunda, de esa que nace, no del orgullo, sino de la conciencia de que todo lo que uno hace es siempre parte de algo más grande que uno mismo. Hoy no agradezco un premio: agradezco el camino, las personas que Dios fue poniendo delante mío y las oportunidades de servir que la vida me regaló, incluso en los momentos más inesperados".
Hoy, su aporte al bien común también es visto con esta carta para una Argentina sin grieta, ni polarización y con menos impunidad y, puede seguir este aporte tan necesario. Hace un par de horas, Marcelo Longobardi hizo una comparación interesante. Vamos a escucharlo.
Esto que plantea Longobardi es desafiante y nos deja pensando. Sobre todo por las palabras del propio Esteban en diciembre pasado en una entrevista con Pagni. Vamos a escucharlo.
Paradojas argentinas: que la parálisis de la política la haya roto alguien que por su enfermedad no puede moverse. Desde este programa podemos decirle a Esteban lo mismo que le dijimos en diciembre, cuando le entregamos el Premio Perfil: gracias por su valentía.
Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi
Por Jorge Fontevecchia - Perfil


