De oscuridades, fraude y perro Por Mempo Giardinelli

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Estas líneas se escriben en pleno apagón y con preguntas en el aire: ¿Y si algo así se produjera el 27 de octubre a la tarde? ¿No tendrá el poder imperial algo que ver con todo esto?

Sí, cierto que puede sonar a paranoia. Pero a la vista de tanto inesperado, como el trabajoso acuerdo final entre Alberto Fernández y Sergio Massa; y el de Lavagna con Urtubey; y el de los socialistas santafesinos y su entrevero; y el de la izquierda que se une pero quién sabe qué serán capaces de votar en una segunda vuelta; y el ilegible silencio de Schiaretti, y ni se diga el entongue de Macri con Pichetto, hoy todo es posible.

Y ahí está la revista Noticias consagrada ya como cloaca principal del periodismo porteño, no sólo por su portada de repugnante misoginia, sino por su cobardía. Porque jamás harían algo semejante respecto de Macri, Stornelli y Bonadio, por caso.

Y esto se escribe, además, el día y hora en que se cumplen 54 años del brutal asesinato masivo de entre 300 y 400 argentin@s, víctimas inocentes de los bombardeos aéreos lanzados sobre la Ciudad de Buenos Aires por parte del antiperonismo furioso e irracional de la misma oligarquía neoliberal que hoy está en el poder.

El camino a las elecciones de octubre se acorta velozmente, y en ese contexto hay que inscribir la fuerte campaña de los diarios del régimen diciendo que es factible que Macri gane en primera vuelta. A coro, como siempre, y mientras Clarín “descubre” supuestas documentaciones secretas en poder de la ex presidenta, que “probarían” que espiaba hasta a Dios, Kicillof y María Santísima. Y todo afirmado símil técnicamente, como si se tratara de encuestas “serias”. Lo que sería gracioso porque cualquiera que en este país camine calles y tenga oídos sabe que hoy “la gente” detesta a Macri y a “Cambiemos”, y por eso los putean y no los van a votar.

Entonces la pregunta es: ¿y esto prenuncia qué? Respuesta: que están preparando una bipolarización electoral que les justifique el fraude gigante que planean hacer en la primera vuelta. Ahora más probable que nunca, tanto que hasta en Uruguay y España ya es tema periodístico aunque aquí las dirigencias siguen sin verlo.

Como ya se sabe pero conviene reiterar y subrayar, el software que contrató el gobierno argentino con la empresa SmartMatic se llama Election 360 y ha sido denunciado por fraude y manipulación de datos y escándalos diversos en los Estados Unidos, Bélgica, Uganda, Venezuela y también en Brasil. Quizás por eso, en su ficha técnica la empresa admite que el comprador tiene la potestad de “transformar y manipular la información”, como reiteradamente ha advertido el especialista Ariel Garbarz. Así, las actas digitalizadas, por más que se fotografíen los originales, serán enviadas a un centro de cómputos que nadie sabe bien dónde estará ni cómo ejercerá su potestad de “transformar y manipular”. Sólo después, y desde allí, se enviarán al Correo Argentino.

Pero el problema no es SmartMatic, que en esencia sólo vende una tecnología. El problema es la digitalización del voto, que lo expone a posibles ataques, piraterías y manipulaciones. Prácticas ya ultraconocidas del macrismo aquí, y por las cuales las democracias sólidas mantienen el voto en papel.

Es indesmentible que la eliminación de los telegramas y la transmisión digital de resultados genera incertidumbre en la validez del escrutinio provisorio. De donde la pregunta es obvia: ¿qué pasa si el próximo 27 de octubre se anuncia un ganador (Macri) que luego en el conteo oficial resulta que no obtuvo la mayoría de los votos? Respuesta: no pasará nada, como ya se vio en las elecciones primarias bonaerenses de 2017 cuando la corporación mediática oficialista anunció toda la noche por la tele una victoria aplastante de Cambiemos, pero luego del recuento definitivo la triunfadora fue la ex presidenta.

Algo similar le había pasado, años atrás, a Al Gore en los Estados Unidos, y fue una de las causas por las que cambiaron el sistema electoral.

Y es que como ya se ha dicho aquí, cuando se detecta el fraude después del carnaval televisivo de las 9 de la noche, es tarde. Ninguna elección se anula tiempo después, por más denuncias y reclamos que se hagan. Y además a los escépticos que desdeñan estas denuncias, o creen que son exageraciones, cabe recordarles que el fraude es una de las más viejas prácticas electorales de la oligarquía conservadora argentina.

Como dice el historiador Carlos Ciappina, de la UN de La Plata, “entre agosto y octubre de 2019 se producirá en nuestro país un hecho inédito en toda su historia: la élite oligárquica argentina deberá garantizar por primera vez en su historia elecciones nacionales universales, limpias y transparentes. ¿Podemos esperar elecciones transparentes sin fraude? ¿Esperamos que quienes han hecho fortunas incalculables en estos tres años y medio por tener en sus manos el Estado lo entreguen porque perdieron las elecciones?”

Creer que sí es por lo menos candoroso. La ingenuidad poco responsable que parecen mostrar ciertas dirigencias argentinas que no se plantan frente al tsunami fraudulento que se viene, recuerda el chiste del animal de cuatro patas que ladra como perro, mueve orejas como perro y tiene cola de perro… A ver quién sabe qué animal es antes de que le metan el perro.

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