Regreso a la “vieja” política (El nuevo GAN)

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Más que una crisis, fue un Gobierno que se asustó y eso tiene un costo que solo se podrá medir en votos que se perderán, salvo que “cambiemos” realmente comience a producir cambios.

El título tiene una dosis de ironía ya que no creo que se pueda hablar de “nueva” o “vieja” política, en todo caso podemos hablar de buena o mala política o, mas precisamente, de buenos o malos políticos.

Pero lo cierto es que lo que llamaría el área “Marcos” (Peña) creen en la primera diferencia y por eso ven con un dejo de fastidio e incomodidad a los partidos políticos, UCR incluida, a quienes ven como genuinos representantes de la “vieja política” que nos condujo durante estas varias decenas de años de fracasos y desencuentros.

Si asi fuera -y paradojalmente como suele ocurrir con quienes se creen diferentes-, el área “Marcos” es, posiblemente, el que más ha sumado errores y el que más ha insistido. Lo acredita el pasado 28D, en ejecutar políticas partidarias y económicas no sólo viejas, sino que también mostraron sus malos resultados. Carecen de lo que llamaría “experiencia histórica”.

Fueron y siguen siendo cultores de la vieja política por su sectarismo y sus neuróticos complejos de superioridad que los llevan al sector de los “injustamente incomprendidos”.

Lo grave es que seguirán siendo asi porque es su forma de ser, lo tienen como en la fábula del escorpión en su ADN.

Piensan, tal como el cuento del gallego cuando gritó “vienen miles de contramano, son miles los equivocados” -dicen ellos- asi, muy sinceramente lo creen, se sienten providenciales.

Increíblemente el senador Federico Pinedo volvió con otro eslogan de la “vieja política” cuando declaró a Análisis PM, en el canal LN+, que esta crisis cambiaria es un ataque especulativo contra la Argentina (sic), otra explicación que ya oímos muchas veces.

Pero si nos faltaba algo es la convocatoria a “un gran acuerdo nacional”, se acuerdan del famoso “GAN” propuesto allá por principios de los ’70, esta vez para confeccionar el presupuesto del año 2019.

Otro signo de una muy vieja política que nos trae, con cierta melancolía, a los contubernios de los que se habló y mucho durante el gobierno de Arturo Frondizi.

Lo que no tienen en cuenta estos muchachos del PRO, tal como diría Jorge Asis, es que son gobierno y, por lo tanto, deberían convocar a sus circunstanciales socios en la coalición, asociación circunstancial y meramente electoral que se dio en llamar “Cambiemos”, para convertirla en una real alianza política sobre un programa de gobierno de aquí a diciembre de 2019, incluso invitando a nuevos posibles adherentes.

Las coaliciones en la política son equivalentes a las UTE (unión transitoria de empresas) en el Derecho Comercial, son asociaciones para un solo fin. En el caso de “Cambiemos” sólo para ganar elecciones, no para gobernar. Las Alianzas son asociaciones constituidas sobre bases ciertas y previamente analizadas y con fines de perdurabilidad.

En el congreso luego se hará el “gran debate” sobre el presupuesto, en el que participarán todos los partidos políticos con representación legislativa.

Pero parece un poco ingenuo convocar a partidos opositores con los que competirá el año próximo para elaborar el próximo Presupuesto. Por otra parte, les estaría dando un privilegiado lugar para que formulen con total impunidad las más demagógicas propuestas y luego reprochar por su rechazo o no ser tenidas en cuenta.

En fin, estos “muchachos”, no son buenos políticos por eso repiten cosas que ya fracasaron. La política es esencialmente competitiva que es lo que parece que no entienden. Se gana compitiendo que es lo que paso en noviembre de 2015.

Lo que se debe rescatar es que nuevamente Emilio Monzó y Rogelio Frigerio fueron readmitidos en lo que se dio en llamar “mesa chica”, un modo muy sutil de reconocer errores que de continuar, pondría en riesgo su futuro político, hoy muy puesto en duda.

Este deslizamiento cambiario, convertido en crisis por el propio gobierno, parecería que va en vías de calmarse, pero se debe tomar en cuenta que fue decisivo que el Banco central sugiriera un tipo de cambio y demostrara su convicción para imponerlo “libremente”.

Ese fue quizá el primer gesto político de autoridad desde que comenzó esta pequeña crisis que sin embargo nos costó alrededor de US$ 8.000,00 millones, una tasa de interés disparatada, un nivel de inflación similar a la de 2017 y menor crecimiento o rebote, según como se mire.

Estos hechos serán un pesado lastre para la campaña electoral ya en marcha.

Este deslizamiento cambiario, no fue más que eso, puso de manifiesto la carencia de idoneidad en la materia por parte del “área Marcos” y de los hombres de negocio puestos a gobernar.

En definitiva, más que una crisis, fue un Gobierno que se asustó y eso tiene un costo que solo se podrá medir en votos que se perderán, salvo que “cambiemos” realmente comience a producir cambios.

Ahora, el Gobierno está frente a este dilema como mantener el tipo de cambio y como bajar las tasas de interés hasta llegar a un punto que convierta el “carry trade” en un negocio estéril.

De cómo resuelva este “puzzle” dependerá su futuro y la demostración de hasta donde llega su profesionalismo político para resolver cuestiones muy complejas.

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Por Luis Alejandro Rizzi – U24

 

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