Misiones Para Todos

La fábula de la inteligencia artificial

Los fundadores tecnológicos creyeron que estaban por gobernar el futuro, pero el Estado les acaba de recordar que las llaves del reino todavía las tiene la política. La historia de cómo una promesa altruista se convirtió en un decreto de seguridad nacional, y cómo Argentina mira esta guerra.

Toda fábula necesita un comienzo idealista y cerrar con una moraleja. Cuando OpenAI arrancó en 2015, nadie hablaba de cobrar veinte dólares por mes ni de agentes autónomos que atiendan a tus clientes. La promesa tenía la solemnidad de los cuentos antiguos: desarrollar una inteligencia digital que beneficiara a toda la humanidad, libre de la obligación de rendirle cuentas a los reyes.

Nombres pesados de la comarca tecnológica, Elon Musk, Sam Altman, Greg Brockman, entre otros, armaron un laboratorio sin fines de lucro para que la magia no terminara en pocas manos. La palabra clave era Open: ingenieros puros de corazón iban a crear un poder inmenso y a dejarlo, para todos, del lado correcto de la historia.

Hasta que, como en todo buen cuento, la naturaleza de los personajes metió la cola. Elon dio un portazo. Sam se quedó con la corona. La fundación científica original fue mutando en una bestia que, alimentada por la billetera de Microsoft y otros aliados, llegó a tragar más plata que el PBI de algunos países. Y en algún punto, la IA dejó de ser una investigación de unos nerds y pasó a ser infraestructura: energía, silicio, patentes y geopolítica.

El bosque donde se juega toda esta historia tiene dos señores feudales, y los de Silicon Valley son apenas la mitad del mapa. Del otro lado del mundo, China levanta hace años su propia fortaleza. Es una guerra fría por la tierra fértil sobre la que va a crecer todo lo demás en el futuro. Para Washington, la IA dejó de ser una industria que regular y pasó a ser un arma que custodiar: si el rival de oriente avanza un casillero, el frente interno se cierra.

Esa paranoia transformó el tablero para el resto de los mortales. Empresas y países enteros, Argentina incluida, vienen apostando su futuro a la IA pero están construyendo sus castillos sobre tierra alquilada. La soberanía digital de los vasallos dura lo que tarda el rey en cambiar de idea.

Este mes esta discusión dejó de ser una metáfora. Vimos a Sam Altman de OpenAI, a Dario Amodei de Anthropic y a Demis Hassabis de Google DeepMind sentados en la misma mesa con los líderes del G7: la fábula se sentó en la mesa donde se deciden la guerra, la economía y el veto geopolítico. Y esta semana OpenAI presentó Jalapeño, su primer chip propio, diseñado con Broadcom para depender menos de Nvidia. Esto parece darnos un mensaje: quien controla el cómputo controla la frontera.

Y justo ahí, en el clímax, aparece Anthropic presentando los modelos más potentes de su IA Claude hasta la fecha. Incluso fueron bautizados como si alguien ya hubiera escrito el final del guión: Mythos y Fable. Al primero, el mito, lo guardaron bajo siete llaves por lo peligroso que podía ser en manos equivocadas, según sus propias palabras. Al segundo, la fábula, le pusieron un par de barandas de seguridad y lo largaron al mercado comercial. El mismo Amodei que predicaba los peligros de la IA hizo lo que hacen todos en una guerra: lanzó su producto. No le dio el mito entero a la gente, pero sí le vendió la fábula.

Pero el giro maestro lo terminó escribiendo Washington. Citando seguridad nacional y un supuesto método para "hackear" las barreras de seguridad, el Departamento de Comercio le ordenó bloquear Fable 5 y Mythos 5 a cualquier extranjero, aún si son programadores de Anthropic que trabajan en Silicon Valley. Anthropic no tenía cómo resolver en caliente una frontera legal metida dentro del login y terminó bajándole la palanca a todos sus clientes. Literal y poéticamente, Fable quedó bloqueada. La IA más delicada del reino solo la puede usar quien reciba el beneplácito del rey.

La ironía la resumió mejor que nadie el investigador de ciberseguridad Peter Girnus en su cuenta de X: si describís tu producto como una munición en cada comunicado, tarde o temprano un gobierno te toma la palabra.

Quizás el acceso se restaure esta tarde o la semana que viene. Pero algo ya cambió: ahora todos sabemos que el interruptor existe y que no está de nuestro lado. La seguridad en IA ya no solo la manejan los laboratorios: la maneja el gobierno de turno de los países poderosos, que deciden qué se exporta, qué pasaporte necesitás para loguearte y qué país queda apagado de un día para otro.

Muchas empresas y gobiernos empezaron a analizar la creación de infraestructuras propias y la ejecución de modelos de IA abiertos. Macron planteó en el G7 que nadie compraría IA estadounidense si se teme que se la puedan apagar en cualquier momento.

Para la moraleja de esta fábula conviene repasar un árbol genealógico porque acá están todos emparentados. Elon Musk fundó PayPal junto a Peter Thiel y los dos pusieron cheques tempranos no solo en OpenAI sino también en DeepMind, hoy el laboratorio de IA de Google. Dario Amodei, el CEO de Anthropic, salió del mismo grupo: fue jefe de investigación de OpenAI antes de expresar diferencias con Altman y fundar Anthropic. Los castillos que hoy se disputan este lado del mapa salieron del mismo nido; luego se pelearon, pero la sangre es la misma.

Y Thiel, dueño de Palantir, la empresa que le construye los ojos al Estado de seguridad estadounidense, compró una mansión y pasó una temporada en Buenos Aires. No mudó su imperio, pero el gesto alcanza: uno de los hombres que ayudó a financiar el fuego también se compra una salida de emergencia bien lejos del reino, en el sur del mapa.

En el sur no hay plan B: en Argentina no tenemos modelos propios ni infraestructura propia. Tenemos, a lo sumo, el privilegio de alojar al que sí tiene escape. Y cuando algún rey decida apagar la luz, desde acá lo único que vamos a poder hacer es darnos cuenta, a oscuras, de que nunca tuvimos la mano en la llave.

Porque cuando la fábula llega al tablero del poder, la moraleja ya no la escribe el zorro.

La firma el rey.

El Presidente Milei recibió a representantes de OpenAI en Casa Rosada | Argentina.gob.ar

Por Maximiliano Firtman-Perfil