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Milei con la pólvora mojada: show y alquimia electoral mientras el poder olfatea su debilidad

El presidente provoca para ganar tiempo y centralidad. La economía naufraga bajo el Adorni-gate. La conspiración Rocca-Macri. Milei y la industria “ineficiente”. El plan “Primera Vuelta o Muerte”.

Javier Milei perdió 7 puntos de imagen por culpa de Manuel Adorni. El escándalo patrimonial del jefe del Gabinete lo arrastró al peor momento del apoyo público. El dato circula en las oficinas más importantes del primer piso de Casa Rosada. En ese microclima creen –les rezan a todos los dioses– que todo el daño del affaire ya se hizo. El episodio quema los manuales de la política: Adorni debió ser fusible para salvaguardar a un Gobierno que dañó con sus errores, pero es Milei quien se sacrifica por su ministro.

El presidente solo quiere ganar tiempo. Tuvo cuatro meses feroces en la economía y la política. Apuesta a un recurso repetido: el show y la provocación. Le funcionó cuando era novedad. El miércoles irá al Congreso a la exposición de su ministro coordinador. Adorni armó su acting. Redactó un discurso de una hora. Las preguntas sobre propiedades, viajes y gastos las esquivará con el argumento de que hay una investigación judicial en curso.

“No hables más”, le dijo su abogado Matías Ledesma. Adorni acató. Eligió el refugio jurídico para preservar su situación personal antes que el camino político que implicaba dar respuestas como funcionario y, si no era suficiente, renunciar para desactivar la crisis. Pero prioriza la suya antes que la del Gobierno. Y los Milei se lo permiten. “Javier no le va a entregar a su principal ministro a los medios por un departamento en Caballito”, dicen a Cenital en Casa Rosada.

Sin suplentes

Milei aceptó, hasta acá, pagar el costo de sostener a Adorni. Escuchó –y, a juzgar por su decisión, le resultó suficiente– el relato de que tuvo que mudarse casi repentinamente luego de varios episodios incómodos en el edificio de la calle Asamblea, en Parque Chacabuco. Contó que un vecino insultó a Angeletti en el ascensor y que le pegaron en la puerta de su casa una imagen de Santiago Maldonado.

La versión del jefe de Gabinete, hasta acá inverificable, es que financió su expansión inmobiliaria, las refacciones y los múltiples destinos de su tour familiar con parte de una herencia paterna, además de la mamushka de hipotecas subprime de jubiladas que intervinieron en las operaciones de la calle Miró, en el barrio porteño de Caballito, y del country de Indio Cua, en Exaltación de la Cruz, Provincia de Buenos Aires. Los gastos acumulados y la deuda contraída de los últimos 16 meses –sin computar erogaciones del día a día– ronda el medio millón de dólares.

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Se ahorró, al menos, los dos tramos (Buenos Aires-Miami y Miami-Nueva York) que Angeletti hizo en el avión presidencial ARG 1 como, según el registro oficial al que accedió Cenital, “invitada especial” de una comitiva reducida que solo integraron el presidente, su hermana, Adorni y el canciller Pablo Quirno. Por lo pronto, el juez Daniel Rafecas dispuso archivar la causa.


La influencia de Karina es total, pero en lo referido a la continuidad de Adorni fue aún más determinante: la hermanísima confía en poca gente y no encuentra una figura para reemplazar al jefe de Gabinete. Es un Gobierno corto, sin banco de suplentes, tan endogámico que cada vacante se completó con funcionarios que ya habitaban el ecosistema. La excepción reciente fue Diego Santilli, un karinista adoptado. Eso estira, más allá de otros factores, la continuidad de Adorni.

Quemá esos discos (rígidos)

La resistencia de Milei a entregar un ministro y la desconfianza de Karina son el insumo del blindaje a Adorni que repite, y así se lo transmitió a los Milei, que la causa judicial ingresará en una meseta luego de la declaración de Pablo Feijoó, su amigo emprendedor inmobiliario que intervino en la operación por la compra del departamento de la calle Miró. Feijoó fue el mago de las hipotecas y los pagos cash.

¿Es optimismo o deep information? El ministro replica lo que le dice su abogado de que tras las declaraciones vendrá la etapa de las pericias, que insumen plazos largos y permiten dilaciones y objeciones. Quizá no haya nuevos testimonios, pero puede aparecer algo peor: el pedido judicial de los discos rígidos de las cámaras de las sucursales donde Adorni y su mujer tienen cajas de seguridad.

Si aparecieran –y luego trascendieran– imágenes de los Adorni manipulando mochilas en un banco se completaría el check list de los que comparan el caso con la foto de Olivos que tiene, en su matriz, una similitud conceptual: así como Alberto Fernández apareció en una fiesta de cumpleaños mientras ordenaba usar barbijo, Adorni multiplicó su patrimonio mientras como vocero defendía el ajuste y reclamaba austeridad. O, peor aún, los bolsos de López.

Anabólicos para obra pública

Las esquirlas del escándalo saltan en un clima económico en rojo. El INDEC fue, en las últimas semanas, una usina permanente de malas noticias para Milei y Luis Caputo: además de la inflación y antes el desempleo, reflejó otra caída del consumo y un dato negativo de la actividad. Eso obligó al ministro a ensayar una poesía tuitera que desnuda su frustración. Caputo, según cuentan los empresarios que lo frecuentan, dejó de ser aquel que hablaba maravillas de la capacidad análitica de Javier Milei. “Un fuera de serie”, decía. Parecía embelesado.

¿Es verdad que el ministro intensificó el diálogo con Horacio Rodríguez Larreta y que volvió a hablar, más que antes, con Mauricio Macri? Se atribuye a Caputo el planteo de que hay que ayudar a mover el consumo y la actividad, tesis que resiste Milei. Pisa la caja de sectores sensibles como el PAMI pero autorizó, por otro lado, acuerdos con las provincias –por cajas previsionales y anticipos de coparticipación– y, además, armó un atajo para financiar con Aportes del Tesoro Nacional (ATN) programas de obras públicas en provincias amigas.

Es un canal de asistencia discrecional que en el primer trimestre de 2026 repartió 74 mil millones de pesos, casi 30% más que el mismo período del año pasado, según el reporte de la consultora Politikón Chaco de Alejandro Pegoraro. En el podio aparecen Corrientes (recibió $14 mil millones), Misiones ($9.500 millones) y Salta ($7.500 millones). Son volúmenes bajos respecto de la coparticipación, pero están destinados a obras públicas y apuntan a tratar de reactivar un sector muy golpeado como es la construcción. Nadie espera grandes planes de infraestructura con fondos públicos y campañas publicitarias, pero ese financiamiento casi secreto puede traducirse como una medida para meter un poco de anabólicos a un sector clave, en paralelo a la licitación de tramos viales.

Es impensado pensar que Caputo –que autorizó los acuerdos que gestó Santilli– haya abierto ese grifo sin antes notificar al presidente. Alguien tendrá la tentación de anotar la medida para fondear obras en las provincias en la cuenta simbólica de Ernesto Talvi, el economista uruguayo que el ministro fichó para aportar una mirada heterodoxa. Al margen, en Casa Rosada festejan que en marzo se registró un aumento interanual de 11% en la demanda de insumos para la construcción y que ese indicador debe leerse como predictivo de una mejor actividad. Los indicadores siguen, igual, por el piso.

La matemática cruel

En otros rubros, Milei está decidido a ejecutar un industricidio. El presidente cuantifica, con una frialdad bestial, el efecto de la apertura de las importaciones, que implica la desaparición –o reducción extrema– de la industria textil, que considera emblema de los “sectores ineficientes”. La matemática fría de Milei señala que el derrumbe de ese sector, junto a otros como cueros, tendrá como resultado la desaparición de 80 mil puestos de trabajo. No hará nada para impedirlo.

El Gobierno repite su rezo pagano a la baja de la inflación –Milei estima que será de 2,4 en abril– y un cambio de tendencia luego del alza de estos meses. El presidente asume el daño del caso Adorni pero cree que recuperará imagen, como ocurrió muchas otras veces. Su deseo marida con una teoría que el consultor Jorge Giacobbe expone en los informes reservados ante empresarios, donde analiza la relación entre Milei y la sociedad como un romance tóxico que, a pesar de idas y vueltas, enojos y rupturas, igual perdura. Giacobbe menciona que cuando Macri tuvo una crisis con la sociedad, luego ya no recuperó el vínculo. Aquello fue una pelea que terminó en divorcio; Milei es, hasta acá, una relación con subibajas. ¿Por qué vale la comparación? Porque el universo que apoyó a Macri es, a grandes rasgos, el mismo que sostiene a Milei.

“El consumo no puede caer más bajo de lo que está”, se autoconvence un economista libertario que, aun en su optimismo, hace semanas sostiene lo que Ricardo Arriazu reconoció días atrás y parecía una obviedad: la destrucción de empleo continuará y los sectores expansivos no generarán puestos laborales.

En varios despachos oficiales se empezó a hablar de “desconurbanizar”, casi en defensa propia, porque el Gran Buenos Aires es el territorio de máxima hostilidad a Milei y donde lo acecha una derrota electoral en 2027. ¿Estudia el Gobierno un proyecto de descentralización para incentivar la migración interna hacia provincias que crecerán con la minería y la energía? No que se sepa.  

De Thiel a JD Vance

Santilli, que se sueña gobernador bonaerense, incluye en sus charlas su obsesión por el Conurbano. Fan de Donald Trump, Milei podría repasar la historia de vida que James D. Vance, el vice de Estados Unidos, narra en Hillbilly, una elegía rural, sobre su infancia en la región de los Apalaches, el cinturón del acero que se convirtió en el cinturón del óxido y el drama de los estadounidenses blancos para quienes –como para algunos habitantes del GBA– “la pobreza es una tradición familiar”.

Vance explica lo que quiere relatar en su libro en trece palabras: “lo que pasa en la vida de la gente cuando se destruye la economía industrial” y, casi peronísticamente, dice que la razón de contar su historia familiar es para que la gente “comprenda qué es la movilidad social ascendente”. En boca de otro, Milei lo llamaría comunista. Vance es un personaje complejo, que tuvo entre sus sponsors a Peter Thiel –aportó U$S 15 millones para su campaña como senador por Ohio en 2022–, el tecnomagnate que visitó el jueves a Milei en Casa Rosada, justo el día que la Casa Militar negó el acceso a todos los periodistas acreditados.

Algunas imágenes, sin interés ni aporte periodístico real, difundidas en el programa de Luciana Geuna en TN, generaron la reacción del coronel Sebastián Ibáñéz, jefe de la Casa Militar, que primero sancionó al periodista que hizo las tomas –prohibidas según el reglamento que firman los acreditados– pero luego Milei aceleró, pidió sangre, activó el show e Ibáñez exageró la idea de espionaje ilegal. En una atmósfera donde nadie respira sin pedirle permiso a Karina, es difícil imaginar que el uniformado haya tomado esa medida sin el OK de la hermanísima.

La visita de Thiel en Buenos Aires, primicia que Iván Schargrodsky contó en C+ el lunes 13 de abril y amplió en el #OffTheRecord siguiente, despertó intrigas de todo tipo. La semana pasada almorzó con Santiago Caputo y un grupo de funcionarios cercanos al asesor, que esta semana escaló un mensaje de Nicolás Promanzio, un militante de Las Fuerzas del Cielo que fue efímeramente asesor de Carlos Presti en Defensa, sobre la necesidad de un desarrollo tecnológico en materia de Seguridad y Defensa.

Se trata, justamente, de insumos y servicios que vende Thiel. Con enormes contratos con el Pentágono, para Thiel puede ser un negocio relativo que quizá podría ser más beneficioso para Milei. Quizá Thiel mira Argentina como un refugio frente a un estallido nuclear y, por qué no, como un destino amigable para la eventualidad de que ni Trump ni Vance estén, en el futuro, en el poder.

El karma de Twitter

La interna libertaria de Twitter se moderó el lunes tras un tuit de Milei que terció a favor de una de las partes: “Lilia tiene razón”, escribió desde Israel. Este sábado, Karina hizo otro movimiento: se mostró en una actividad de LLA en la provincia de Buenos Aires con Sebastián Pareja, el demonio sobre el que Las Fuerzas del Cielo y la tropa más o menos inorgánica que milita en las redes. derraman toda su furia para no caer sobre Karina aunque algunos lo hagan.

Ante el mutismo de los morados apareció una respuesta escondida en un tuit envenenado de Santiago Caputo, destinado a calificar de “operación” una supuesta reunión, negada por colaboradores de ambos, entre Mauricio Macri y Ricardo Lorenzetti. El asesor dice que es para generar tirrias en la Corte y se lo atribuye a Robles, que aunque no tenga nombre de pila parece referirse a Silvio, mano derecha del presidente del máximo tribunal, Horacio Rosatti.

“Me pregunto quién más estará detrás”, escribe, retórico, el asesor. Como si no le alcanzara para sembrar tempestades la mención a Robles. ¿Se refiere a los Menem? Si fuese así, tal como circuló, sería un misíl a los escuderos de Karina. El asunto no es menor: ante la mala hora de Adorni, el menemismo parece haberse convertido en la única puerta que conduce a la hermanísima. Sin Adorni, que se movía fuera de ese circuito, el karinismo es siempre y en todo lugar un fenómeno menemista. Por extensión, castigar a los Menem es castigar a Karina. 

Karinismo menemista 

En la Corte leen el tuit de Caputo como la reacción de un jugador que quedó afuera de la mesa judicial en un momento crucial: desde que asumió, Juan Bautista Mahiques envió 102 pliegos –y le quedan 200, más otros que se irán sumando– para el tratamiento en el Senado. Es una carta potente para la negociación entre los Milei y los gobernadores: entre los cargos judiciales a llenar hay Tribunales Orales Federales (TOF), claves para la suerte de los funcionarios y, en casos como el de San Juan, jueces federales con competencia electoral. Ese dispositivo sería esencial si se aprobase Ficha Limpia.


La hermanísima, protectora del jefe de Gabinete, ensaya comportamientos pragmáticos cuando corresponde: hace diez días compartió una actividad con Patricia Bullrich, juntada que fue leída casi como una amnistía hacia la senadora, no por amor sino por necesidad, de cara a la disputa por la Ciudad de Buenos Aires. “Karina no quiere a Patricia pero menos quiere a los Macri”, invoca una fuerte libertaria.

La secretaria general abraza a la senadora a pesar del enojo de Adorni, que recuerda que cuando efectivos bajo el mando de Bullrich reprimieron una manifestación en el Congreso y un gendarme le disparó a Pablo Grillo, el entonces vocero hizo una cerrada defensa pública. “Debería ser condecorada”, dijo Adorni por entonces. Ahora, cuando el jefe de Gabinete es el protagonista de una saga de escándalos, Bullrich fue la primera en tomar distancia.

Macri-Rocca

Bullrich tiene promotores y detractores en otra mesa, la que se armó hace 15 días en la casa de Martínez de Paolo Rocca para una reunión con Mauricio Macri. Reuniones hay miles pero son relevantes, desde lo simbólico, cuando se conocen. Fue lo que ocurrió con la “conspiración” Rocca-Macri donde, además, el dueño de Techint y el expresidente llegaron con escuderos como si en esa charla, más que un café para cruzar opiniones, fuese eso que Macri llama “mesa de trabajo” en un sentido operativo.

El jefe del PRO llegó con Fernando De Andreis y Darío Nieto, y el anfitrión los recibió acompañado por Javier Martínez Álvarez. Macri y Rocca hablan seguido, pero no es lo más habitual el mano a mano. El empresario hizo una extensa crítica sobre la apertura comercial y el daño a la industria local, que Macri escuchó con cierta distancia. El expresidente coincide con la matriz del plan Milei, incluida la apertura.

Más en línea estuvieron a la hora de plantear la necesidad de armar un espacio “racional” frente a Milei. La última vez que Macri habló con el presidente fue el 1° de noviembre, el día que entró a Olivos a proponer a Horacio Marín, CEO de YPF, como un ministro para refrescar el gabinete, y se retiró demudado y dolido porque Guillermo Francos –por entonces su principal oído en el Gobierno– fue reemplazado por Adorni. Queda, como registro, un tuit fulminante de Macri.

No coinciden en otra cosa: Rocca aparece, lo admiten en el entorno de Bullrich, como sponsor de la senadora como eventual plan B de Milei, pero Macri no recompuso, y quizá no lo haga, la relación con quien fue su ministra de Seguridad. Los nombres son, ahora, el asunto. Dante Gebel, el no-pastor que hizo un raid de medios y reuniones –miraría, entre muchas, la que mantuvo con Leo Nardini, intendente peronista de Malvinas Argentinas, uno de los tuvo el mejor score electoral en 2025–  expresa una peculiaridad: lo invoca la política pero no aparece en la conversación de los empresarios.

El jefe del PRO repite que muchos le piden que se presente como candidato en 2027, pero si se lo hipnotizara seguramente admitiría que no piensa seriamente en esa chance. Avisó, por lo pronto, que el PRO tendrá un candidato propio en la presidencial, planteo que adquiere otro peso frente a la propuesta de la Casa Rosada de eliminar las PASO nacionales.

Primera vuelta o muerte

Sin esa herramienta, el PRO quedaría subsumido, y sometido eventualmente a la lapicera de Karina, o forzado a ir por afuera. Aplica para ese partido pero podría aplicar para todos los satélites de LLA. El proyecto de reforma política es, sin embargo, una iniciativa de un Gobierno que se asume en debilidad electoral y que apuesta a confeccionar un sistema que lo beneficie.

Todos los espacios, cuando piensan una reforma, creen que mejora sus chances. Pero en este caso es más visible, porque modifica pautas que el oficialismo instaló hace algunos meses. Un caso: la norma actual prohíbe que se “peguen” boletas únicas de papel de cargos nacionales con cargos provinciales o municipales. Ahora busca, justamente, que eso se pueda hacer para tener arrastre y eventualmente una carta en la negociación con los gobernadores.

Sin PASO, con mayores aportes privados, más condiciones para que existan los partidos, mayores dificultades para hacer alianzas nacionales y sin espacios gratuitos en medios, LLA diseña un modelo que busca por un lado atomizar y por otro reducir las chances a los partidos grandes, con despliegue nacional y recursos –o patrocinadores– que financien una campaña nacional.A simple vista, y si se aplica el teorema de Juan Garivoto sobre que una reforma electoral es como hacerse un traje a medida dos años antes de la fiesta (no se sabe si te servirá o no cuando llegue el momento), el Gobierno se imagina en una situación de debilidad donde Milei, que para volver a vender futuro reiteró que irá por su reelección, se juega todo a un pleno: ganar en primera vuelta o morir.

Por Pablo Ibáñez-Cenital