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Milei, el círculo rojo y Techint: la desconfianza que volvió a quedar al desnudo

El conflicto por los tubos para el gasoducto a Río Negro expuso, una vez más, la fractura entre Javier Milei y el establishment empresarial. Detrás de la licitación ganada por Welspun y del enojo de Techint se juega una disputa más profunda: desconfianza mutua, reproches acumulados y un vínculo roto desde antes de la llegada del libertario al poder. Ni la magnitud de las inversiones en Vaca Muerta ni los intereses compartidos logran cerrar una brecha política y cultural que atraviesa al Gobierno y al círculo rojo, y que parece destinada a seguir marcando la dinámica del poder económico argentino.

En teoría, deberían compartir criterios y tener sintonías generales. Y, quizá, alguna que otra diferencia de matiz. Por cuestiones de ideología de fondo y pensamiento coyuntural. Y también por tener enemigos comunes. Sin embargo, la realidad es diferente. Se desconfían. Se destratan. Se tratan de evitar. Y, lo peor, funcionan a veces en trincheras diferentes. Javier Milei, su gabinete y los libertarios de ley están en una de estas fronteras. En la otra, el círculo rojo. En casi todas sus líneas. Y el capítulo Techint referido a la licitación perdida contra un competidor hindú, y la batalla mediático- ideológico-cultural de lo que vino después sólo es un nuevo capítulo en este conflicto. Que, parece, no tiene retorno. Aunque siendo sinceros, siempre lo hay.

Hay dos puntos fundamentales para terminar de entender el problema. El primero, el responsable último de la licitación no es el Gobierno en cualquiera de sus variantes, sino el proyecto Southern Energy. Se trata de una iniciativa para posicionar al país en el mapa mundial del GNL a partir del ejercicio 2027-2028, utilizando buques licuefactores (FLNG) en el Golfo San Matías. Hasta ahí llegará el gasoducto de la polémica; con lo que los principales beneficiarios por la baja del precio en la construcción del gasoducto son los socios del proyecto. Estos son Pan American Energy PAE (30% de la sociedad, ideólogo y principal impulsor), YPF (25% y socio imprescindible), Pampa Energía (20% y socio nacional estratégico), Harbour Energy (15%) y Golar LNG (10%). Este último, en su rol de aportante de los buques. La inversión total llegaría a más de US$ 15 mil millones durante veinte años, con exportaciones proyectadas por más de US$ 20 mil millones entre 2027 y 2035. Y para que esto sea posible, se necesita que el gas de Vaca Muerta llegue al puerto. Y si es con un 40% de valor de construcción más barato, obviamente, mejor. La segunda cuestión a tener en cuenta es que el hecho de que los futuros productores y proveedores de caños para el gasoducto que conectará Vaca Muerta con la costa de Río Negro (y de ahí a los buques de licuefacción que transformarán y exportarán el combustible hacia Europa, Asia y África) sean los indios de Welspun no producirá ningún tipo de conflicto serio en la continuidad de Techint como grupo económico preponderante (y quizás el más importante) de la industria manufacturera argentina. De hecho, por ese ducto circulará gas que extraerá Tecpetrol en el yacimiento de Vaca Muerta. Techint es, a través de esa empresa, uno de los más grandes actores del proyecto actual y futuro. Hay además en carpeta al menos cuatro ductos similares que unirán Vaca Muerta hacia el noroeste, noreste, centro y AMBA, además de la alternativa de abrirse hacia Chile. En definitiva, Techint tendrá pronto revancha, y podrá ofrecer sus tubos un 40% más baratos (como prometió) y así volver al ruedo. Pero hay algo cierto. Para el gobierno nacional, la alternativa Welspun es la ganadora. Fin de la historia. Y es en este escenario complejo de posición pétrea ante el resultado de una licitación donde perdió el crédito local, donde vuelve la discrepancia y desconfianza de siempre: la falta de acuerdo entre Milei y el círculo rojo.

La verdad es que entre ambas partes sigue la distancia. No se quieren. No se respetan. Se celan y, fundamentalmente, se desconfían.

Mucho más que un “no la ven”, como los definió alguna vez el propio Milei en una entrevista pública. Una real confirmación de lo que siempre sospechó y él mismo creyó. Y continúa creyendo. Que no confían en él. Y que actúan en consecuencia. Y que fueron desde el comienzo de su gestión parte del problema. Casi de una conspiración.

Antes de las elecciones de octubre de 2023, que llevaron a Milei y los suyos a la Presidencia, los principales empresarios del país llamaban al jefe de Estado con un curiosamente despectivo calificativo, que tiene que ver más con su pasado profesional que con su presente: “el Armenio”, en referencia a Eduardo Eurnekian, su padrino laboral y quien hace una década y media lo impulsó a llegar a los medios y quien lo catapultó a las grandes ligas de los economistas de élite del país. Sin embargo, en aquella época tanto el zar de los aeropuertos como la mayoría de sus poderosos colegas tenían otras preferencias para la Casa Rosada. De hecho, ninguno mostró particulares simpatías y apoyos ni para su llegada al poder en el balotaje contra Sergio Massa ni tampoco desde sus primeros y segundos pasos ya en el poder. Nunca hubo mayor alegría expuesta en los movimientos del libertario. Mucho menos militancia.

La desconfianza tiene su génesis en hechos acontecidos entre el 18 y el 19 de abril de 2023, en los albores de la campaña electoral de ese año, en el encuentro del denominado Grupo Llao Llao. En el hotel de ese nombre, en Bariloche, se encontraron Eduardo Elsztain, Marcos Galperin, Carlos Miguens, Federico Braun y Martín Migoya, entre otros empresarios de selección. Milei llegó al evento como invitado y explicó allí, quizá por primera vez con detalles, sus planes dolarizadores y de demolición del Banco Central, recibiendo, con sorpresa para él, mucha frialdad ante el avance de su relato, y finalmente complicadas preguntas sobre un tema clave que hoy sigue teniendo actualidad: cómo implementará tamañas hazañas macroeconómicas sin mayorías políticas cercanas.

No hubo vuelta atrás. Desde ese momento, los mayores empresarios del país (ante quienes había dado durante casi una década innumerables charlas) fueron calificados por el libertario como parte de “la casta”. Y, en consecuencia, material a calificar de enemigos. Ese año, en octubre, organizó una Contracumbre de IDEA, boicoteando el tradicional evento de Mar del Plata, donde ante un puñado de empresarios decretó que en su gobierno se terminaría la economía prebendaria.

En 2025, el grupo volvió a reunirse, también bajo la organización de Eurnekian. No hubo éxito. El jefe de Estado estaba invitado a comienzos de abril para el cierre del cónclave en el hotel diseñado por el genial Bustillo; pero, a último momento, avisó a los organizadores que no iría, ya que para la misma hora estaría volviendo de Estados Unidos en un viaje relámpago para cerrar el acuerdo de facilidades extendidas que unos días después se firmaría con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esperaron las palabras del Presidente, entre otros empresarios, Verónica Andreani (Organización Andreani), Sebastián Bagó (Laboratorios Bagó), Max Cavazzani (Preguntados), Federico Lauria (DalePlay), Gastón Parisier (BigBox) y Sofía Pescarmona (Bodegas Lagarde).

Todo el evento conflictivo de enero de 2026 entre Milei y Techint es un capítulo más de la batalla entre el Presidente y sus libertarios contra el círculo rojo. Un Olimpo donde, además de Techint, se ubican Clarín; algunos bancos (todos de capital nacional) que, según el jefe de Estado y su gente, intentaron varios golpes financieros para obligar devaluaciones varias; empresas de alimentos, bebidas y artículos de consumo masivo como Arcor, Molinos Río de la Plata y la mayoría de los productores locales de alimentos y bebidas que quisieron aumentar los precios hasta un 12% en el primer fin de semana de agosto del año pasado, luego de la corrección del tipo de cambio de fin de julio de 2025; las constructoras vinculadas a la obra pública (y alguna que otra privada también); los industriales siderúrgicos y las cámaras empresariales en general. Todos con diferentes grados de mira telescópica desde la central general de detección de entidades para activar odiadores.

Antiguas diferencias. La desconfianza entre Rocca y el por entonces candidato Milei data de 2023. | Pablo Temes

Por Carlos Burgueño-Perfil