El Presidente se prepara para su 18º visita al país, donde planea unirse a Donald Trump para los festejos por los 250 años de independencia estadounidense. Aunque viajará durante el Mundial 2026, no tiene previsto asistir a partidos de la Selección argentina.
Javier Milei volverá a subirse a un avión con destino a Estados Unidos para participar de las celebraciones por el Día de la Independencia norteamericana, el próximo 4 de julio. El viaje incluirá una escala central en Nueva York y volverá a mostrar al ultraderechista más pendiente de Washington que de los problemas que se acumulan puertas adentro.
Con esta nueva salida, Milei llegará a las 18 visitas a territorio estadounidense desde diciembre de 2023. La frecuencia de los viajes ya genera comentarios incluso dentro del oficialismo, donde algunos funcionarios admiten que el ultraderechista encuentra en suelo norteamericano una zona de comodidad que muchas veces no logra sostener en la escena local.
La elección de la fecha no es casual. El 4 de julio será una vidriera importante para el universo republicano que rodea a Donald Trump, dirigente al que Milei convirtió en una referencia política e ideológica. Desde su desembarco en el poder, el libertario fue profundizando un vínculo que excede las fotos y los elogios públicos. En esta ocasión, pretende participar de las celebraciones por los 250 años de independencia estadounidense.
El Mundial puede esperar
La estadía presidencial coincidirá además con partidos del Mundial 2026 que se jugarán en distintas ciudades estadounidenses. Aun así, cerca de Milei aseguran que no está en sus planes asistir a ningún partido de la Selección argentina.
Diplomacia, fotos y señales de poder
En paralelo, este viernes Milei recibió en la Casa Rosada a una delegación de congresistas estadounidenses encabezada por Mario Díaz-Balart, uno de los republicanos más cercanos al trumpismo y de los primeros dirigentes de Estados Unidos en apoyar públicamente al libertario.
La foto de los legisladores norteamericanos caminando por Balcarce 50 fue celebrada por el Gobierno como una señal de respaldo político internacional. En la oposición, en cambio, volvieron las comparaciones con las “relaciones carnales” de los años noventa, aunque ahora con sello libertario.
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