Nuevas tormentas agravan la crisis en el sudeste de Brasil
El saldo asciende a 54 muertos y miles de desplazados. Las autoridades mantienen la alerta mientras continúan los rescates y la asistencia.
Con el miedo renovado por el regreso de las lluvias y en medio de nuevas evacuaciones preventivas, rescatistas y vecinos retomaron este jueves la búsqueda de al menos 14 desaparecidos en el estado de Minas Gerais, en el sudeste de Brasil, donde el número de muertos por el feroz temporal ya asciende a 54, según el último balance del Cuerpo de Bomberos.
Las tormentas comenzaron en la noche del lunes y descargaron volúmenes inusuales de agua sobre los municipios de Juiz de Fora y Ubá, ubicados a unos 300 kilómetros de Río de Janeiro. En cuestión de horas, barrios enteros quedaron bajo agua, se registraron deslizamientos de tierra en zonas de ladera y decenas de viviendas colapsaron o fueron sepultadas por el barro.
Más de 5.000 personas debieron abandonar sus casas, muchas de ellas trasladadas a escuelas, iglesias y centros comunitarios habilitados como refugios. El Cuerpo de Bomberos informó que más de 230 personas fueron rescatadas con vida en operativos que incluyeron helicópteros, embarcaciones y maquinaria pesada para remover escombros.
En la noche del miércoles, cuando todavía se trabajaba en la remoción de lodo, una nueva tormenta volvió a castigar la región. Calles recién despejadas se anegaron otra vez y se produjeron más deslizamientos. El Instituto Nacional de Meteorología (Inmet) mantuvo la alerta por precipitaciones intensas, vientos fuertes, riesgo de cortes de energía, caída de árboles y descargas eléctricas al menos hasta el fin de semana.
En barrios como Parque Burnier y Paineiras, en Juiz de Fora, la escena combinaba desesperación y urgencia. Vecinos que habían evacuado regresaban en las breves pausas sin lluvia para recuperar mascotas, muebles y electrodomésticos, avanzando con dificultad por calles cubiertas de barro. Otros buscaban señales de familiares desaparecidos. “Todo el mundo está en pánico”, relató un residente cuyo sobrino sigue sin aparecer.
Las autoridades recomendaron a la población observar grietas en paredes, puertas trabadas o inclinación de postes y árboles como señales de riesgo inminente de derrumbe. Muchas rutas permanecían cerradas por precaución, lo que complicaba la llegada de ayuda a los sectores más afectados.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva declaró el estado de calamidad en las áreas más afectadas y ordenó el despliegue de fuerzas federales para reforzar las tareas de rescate y asistencia humanitaria. Defensa Civil Nacional se mantiene en “alerta máxima”.
En Ubá, el desborde de un río dejó comercios cubiertos por hasta dos metros de agua. Comerciantes evaluaban pérdidas millonarias mientras intentaban limpiar el lodo acumulado. En Juiz de Fora, pastores y organizaciones sociales coordinaban la distribución de alimentos y agua potable ante una situación que describen como “caótica”.
La tragedia en Minas Gerais se inscribe en una secuencia de eventos extremos que golpearon a Brasil en los últimos años. En mayo de 2024, inundaciones históricas devastaron Rio Grande do Sul y dejaron al menos 185 muertos y millones de afectados, con pérdidas económicas que superaron los 10.000 millones de reales. Sequías severas en la Amazonia y olas de calor récord completan un panorama de creciente inestabilidad climática.
Especialistas brasileños en climatología advierten que el aumento de la temperatura global intensifica el ciclo hidrológico, favoreciendo precipitaciones más concentradas y violentas. Aunque cada evento tiene factores locales --ocupación irregular de laderas, drenajes insuficientes, deforestación--, la frecuencia y magnitud de las lluvias extremas muestran una tendencia ascendente.
Mientras continúan las búsquedas entre montañas de barro y escombros, el temor es que nuevas precipitaciones compliquen aún más la situación. En muchas zonas, la esperanza de hallar sobrevivientes se desvanece con el paso de las horas. Pero el operativo no se detiene: bajo la amenaza de otra tormenta, Minas Gerais sigue removiendo lodo y contando víctimas en una catástrofe que vuelve a poner en cuestión la preparación del país frente a un clima cada vez más imprevisible.
Fuente: Página/12

