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Operativo Karina Milei: suspender las PASO y resucitar las colectoras

Reforma Electoral

Detrás de una prometida reforma de transparencia y austeridad, la Casa Rosada busca resucitar una de las herramientas más distorsivas de la vieja política para disciplinar a la oposición y concentrar poder.

El relato del cambio siempre tropieza con la tentación del monopolio del poder. Bajo el argumento de modernizar el sistema y achicar el gasto público, el Gobierno nacional intenta vender una reforma electoral que esconde, en su letra chica, un enorme retroceso institucional: el regreso de las listas colectoras.

Impulsada desde las sombras por Karina Milei, esta maniobra no busca mayor transparencia, sino todo lo contrario. El objetivo real es edificar un escenario de polarización extrema que elimine los contrapesos necesarios, asfixie a los partidos más chicos y obligue a toda disidencia a encolumnarse, por pura supervivencia, detrás del oficialismo. Es, ni más ni menos, el retorno de la lógica del miedo y el disciplinamiento político.

El fin de las PASO y la moneda de cambio

La estrategia de la Casa Rosada busca avanzar con la negociación ante el Congreso para lograr la eliminación definitiva de las elecciones PASO. La contraprestación para saltear las primarias es, precisamente, habilitar el regreso de las colectoras legislativas. [

A través de este mecanismo, el oficialismo pretende que diferentes armados provinciales aten sus boletas locales a la estructura nacional del Gobierno. Es una arquitectura diseñada para absorber votos ajenos y garantizar la construcción de mayorías sin necesidad de ceder espacios de poder real ni abrir el debate interno.

Una trampa contra la Boleta Única

El retorno de las colectoras no solo revive un sistema que distorsiona la equidad de la competencia, sino que destruye de raíz el espíritu de la Boleta Única de Papel. En lugar de un esquema limpio y simplificado, la introducción de adhesiones múltiples transformará la oferta electoral en una suerte de ley de lemas encubierta. El resultado previsible será una oferta saturada de candidaturas repetidas y confusión para el votante.

El regreso de las colectoras es un síntoma preocupante de un poder que teme a la alternancia real. Multiplicar candidaturas para confundir al electorado y asfixiar a las minorías es una lógica que debilita el espíritu de las instituciones y que creíamos haber dejado atrás. El futuro de la representación política está en juego; retroceder ahora sería claudicar ante el silencio y la humillación partidaria.

Por Matías Pintos