Los desplantes de Sergio Berni contra su colega nacional Sabina Frederic por su supuesta hipocresía y falta de talante son directamente proporcionales (¿o inversamente?, pero proporcionales al fin) a las veces que Patricia Bullrich cuestionó la pretendida blandura de Horacio Rodríguez Larreta.
A Berni y a Bullrich los iguala la dureza, la vehemencia, la hiperactividad y hasta han sido capaces de tirarse uno que otro elogio vinculado al uso de la fuerza, el uniforme, la disciplina y las pistolas Taser. Los diferencia la identidad política, por supuesto, pero fíjense qué curiosidad: a la “derecha” le cae bárbaro la ex montonera Bullrich y a la “izquierda”, por lo menos en su versión K bonaerense, la tranquiliza tener de su lado a un milico duro como Berni.
Dicen que ayer, tras el hallazgo de la nena de Villa Cildáñez y el verborrágico pugilato de Berni con el segundo de Frederic, el gobernador Axel Kicillof se le plantó a Alberto Fernández en defensa de su ministro. Alberto no quiere que Frederic termine “agobiada” como Marcela Losardo, porque ya el “agobiado” iría pasando a ser él. Kicillof siente que Berni le suma mucho justo donde él es más tiernito en un territorio siempre hostil: en la voz de mando.
Más tarde, ni lerda ni perezosa, mientras entraba a la presentación del libro de Mauricio Macri, su ex ministra de Seguridad y actual presidenta del PRO fue la única que accedió a hablar con la prensa para referirse precisamente al episodio que enfrentó a Sergio Berni con el secretario nacional, Eduardo Villalba. “Se agarraron a trompadas en una conferencia de prensa sobre un tema sensible. No entienden que lo importante no son ellos”, aprovechó Bullrich en un rapto de modestia.
Por Edi Zunino- Radio Perfil

