La firma del memorando de entendimiento entre los dos países llega con más preguntas que certezas. El pacto para poner fin a cuatro meses de guerra ofrece una primera respuesta a la guerra que estalló tras los ataques lanzados por Washington e Israel el 28 de febrero. Sin embargo, deja abierta la pregunta clave: ¿alguno de los dos bandos logró realmente sus objetivos? ¿Está Donald Trump haciendo concesiones importantes? Lo desciframos.
El memorando de entendimiento de 14 puntos detiene los combates, reabre el estrecho de Ormuz y establece un período de 60 días para negociar el futuro del programa nuclear iraní.
Pero buena parte de sus disposiciones representan, en realidad, un retorno al escenario existente antes del conflicto. Eso explica por qué tanto analistas como sectores políticos estadounidenses e israelíes debaten si el resultado constituye una victoria, una derrota o simplemente una salida negociada ante una guerra que se volvió demasiado costosa para todos.
¿Quedaron los objetivos declarados por Trump lejos de cumplirse?
Durante la guerra, el inquilino de la Casa Blanca elevó progresivamente sus exigencias. Habló de una "rendición incondicional" de Irán, afirmó que destruiría su programa nuclear, acabaría con su capacidad misilística, eliminaría su apoyo a grupos aliados como Hezbolá e incluso insinuó la posibilidad de un cambio de régimen en Teherán.
Pero nada de eso aparece garantizado en el marco del acuerdo alcanzado.
Y es que el régimen iraní sigue en pie, pese a los múltiples asesinatos de su cúpula política y militar en medio de las embestidas israelí-estadounidenses.
Además, el programa nuclear iraní no fue desmantelado y las negociaciones sobre el enriquecimiento de uranio apenas comenzarán. Tampoco existen compromisos explícitos sobre el fin del programa de misiles balísticos ni sobre la red regional de aliados de Teherán.
Desde esa perspectiva, el resultado contrasta fuertemente con los objetivos máximos que Donald Trump utilizó para justificar la guerra.
Incluso figuras republicanas cercanas al mandatario han cuestionado que el pacto obtenga concesiones equivalentes a los costos humanos, militares y económicos del conflicto. La principal ganancia tangible para Washington es la reapertura del estrecho de Ormuz y la reducción de la presión sobre los mercados energéticos, un resultado importante para la economía global, pero que esencialmente restablece una situación que existía antes de que EE. UU. e Israel lanzaran la guerra el pasado febrero.
“La única concesión relevante que podría obtener Trump de los iraníes, que tiene que ver con el programa nuclear, era una concesión que estaba sobre la mesa antes de la guerra y otra era la apertura del estrecho de Ormuz, pero estaba abierto antes de la guerra y no había ningún tipo de cobro ni control, ni de intención de control por parte de los iraníes. Por tanto, todo lo que están dando a cambio son cosas que ya estaban sobre la mesa o bien el retorno al estatus quo anterior”, subrayó el internacionalista Martín Schapiro, en entrevista con En Contexto de France 24.
¿Avance o reanudación del panorama preguerra?
La principal crítica que ha surgido en Estados Unidos, incluso por parte de legisladores del Partido Republicano, es que el memorando parece conducir a una situación similar a la que ya existía antes de febrero.
De hecho, la guerra inició en momentos en que Washington y Teherán se encontraban en medio de negociaciones sobre el programa nuclear de la República Islámica. Para entonces, el estrecho de Ormuz estaba abierto al tráfico internacional. Ahora simplemente volverá a abrirse.
Previo al conflicto, el debate giraba en torno a cómo limitar el enriquecimiento de uranio iraní. El acuerdo devuelve precisamente esa discusión a la mesa.
Por eso algunos observadores consideran que el resultado no constituye una transformación estratégica, sino una restauración parcial del status quo.
La paradoja política para Trump es evidente. Durante años denunció el acuerdo nuclear de 2015 impulsado por el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, como una concesión inaceptable a Teherán. Sin embargo, el nuevo marco de negociación parece encaminarse hacia restricciones nucleares supervisadas internacionalmente a cambio de alivio económico, una lógica muy similar a la del pacto que él mismo abandonó en 2018.
¿Obtiene Irán concesiones que superan al acuerdo de 2015?
Si existe un elemento que explica por qué muchos críticos consideran que Teherán sale fortalecido de la negociación, es el alcance de las concesiones económicas.
Según el texto del memorando, Estados Unidos otorgará exenciones para que Irán pueda vender petróleo de forma inmediata, una medida particularmente relevante para una economía fuertemente dependiente de los ingresos energéticos.
Además, el marco del acuerdo abre la posibilidad de levantar gradualmente sanciones estadounidenses y de la ONU, descongelar activos iraníes y facilitar un eventual fondo internacional de reconstrucción valorado en hasta 300.000 millones de dólares.
Según los detalles divulgados por ambas partes, varias de estas medidas superan los beneficios contemplados en el acuerdo nuclear de 2015, donde el alivio de sanciones estaba condicionado a compromisos nucleares mucho más definidos y verificables.
El hecho de que parte del alivio económico llegue al inicio del proceso negociador también implica que Washington entrega algunas de sus principales herramientas de presión antes de haber asegurado un acuerdo nuclear definitivo.
Pero hablar de una victoria iraní también simplifica demasiado la realidad y no reflejaría completamente lo ocurrido.
La guerra causó múltiples muertes, incluido el entonces líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, entre otros altos mandos, destruyó infraestructura estratégica, la economía sufrió una nueva sacudida y el cierre del estrecho de Ormuz aceleró tensiones financieras internas.
Además, Teherán comprobó que ni Rusia ni China estuvieron dispuestas a intervenir directamente para protegerlo frente a los ataques estadounidenses e israelíes.
Incluso quienes consideran que el régimen iraní sobrevivió políticamente reconocen que sale del conflicto más debilitado económicamente y con enormes necesidades de reconstrucción.
La supervivencia del sistema político iraní evita una derrota total, pero no elimina los costos acumulados durante cuatro meses de guerra.
La verdadera baza iraní: Ormuz
Si hay un elemento que alteró el cálculo estratégico de Washington fue la capacidad iraní para afectar el comercio energético mundial.
El cierre efectivo del estrecho de Ormuz disparó los precios internacionales de la energía, elevó costos de transporte y generó preocupación sobre una posible recesión global.
La presión económica terminó convirtiéndose en un factor central para impulsar las negociaciones.
De hecho, las declaraciones posteriores de Trump reflejaron que la estabilización de los mercados energéticos pasó a ser una prioridad política tan importante como las cuestiones nucleares.
Para Teherán, la crisis demostró que posee una herramienta de presión capaz de generar costos globales muy superiores a su peso económico o militar directo. Esa capacidad probablemente influirá en futuras negociaciones.
Israel tampoco obtiene el resultado que buscaba
El acuerdo supone además un escenario incómodo para el Gobierno de Benjamin Netanyahu.
La guerra se justificó en gran medida por la necesidad de neutralizar definitivamente la amenaza nuclear iraní. Sin embargo, el programa atómico sigue siendo objeto de negociación y no de eliminación.
Más aún, el memorando incluye referencias a la integridad territorial del Líbano, una cuestión especialmente sensible para Israel debido a su enfrentamiento con Hezbolá.
Por ello, varios sectores del Estado de mayoría judía interpretan el acuerdo como una oportunidad perdida para obtener resultados más contundentes después de meses de conflicto.
¿Hay un ganador?
La evidencia disponible apunta a que el memorando produce ganadores y perdedores parciales, más que una victoria clara para alguno de los bandos.
Trump puede argumentar que logró detener la guerra, reabrir Ormuz y volver a poner límites al programa nuclear iraní en la agenda internacional. Pero no consiguió la rendición incondicional que prometió ni el desmantelamiento definitivo de las capacidades estratégicas iraníes.
Irán, por su parte, puede afirmar que sobrevivió militar y políticamente, obtuvo alivio económico significativo y forzó a Washington a negociar. Sin embargo, emerge con daños económicos profundos, capacidades degradadas y una dependencia mayor de futuras negociaciones para consolidar sus beneficios.
Por eso, la conclusión más equilibrada es que el acuerdo se parece menos a una victoria decisiva y más a un reconocimiento mutuo de los límites de la fuerza militar.
Tras cuatro meses de guerra, Estados Unidos no logró imponer completamente sus condiciones. Irán tampoco consiguió derrotar a sus adversarios ni transformar el equilibrio regional a su favor.
Lo que sí lograron ambos fue regresar a una mesa de negociación muy parecida a la que existía antes de que comenzara el conflicto. Y ese hecho, por sí solo, explica por qué el debate sobre quién ganó sigue abierto.
Por Yurany Arciniegas-France24

